Detrás de un antiguo motel de Las Vegas, una joven aparece muerta. Lleva ropa de moza y un cartel que dice: “Penny”. Las pistas están allí, en ese callejón, pero será la capacidad del detective para interpretarlas lo que llevará a la resolución del crimen. Porque, como dice el personaje Gil Grissom de la serie CSI: Crime Scene Investigation: “Los muertos no pueden hablar por ellos”.
La experiencia
Los mismos tiempos irreales de la serie televisiva se manejan en el juego CSI: La experiencia, que el hotel MGM tiene en sus instalaciones. Con el tema Who Are You de The Who sonando de fondo, los detectives por una hora deben resolver un asesinato y elaborar un “informe completo” para Grissom. El experto en entomología (estudio de los insectos) puede haber abandonado la serie pero no el juego de MGM. Con sus frases filosóficas y particular sentido del humor, es y seguirá siendo el personaje favorito de los CSI Las Vegas, Miami y Nueva York.
El primer paso en el juego es ver un video sobre la historia de este programa, que en poco menos de dos meses estará lanzando su 12ª temporada. Luego, cada participante recibe una hoja para tomar nota de cada paso de la investigación: escena del crimen, evidencia digital, huellas, toxicología, entomología, DNA y la opinión del forense examinador, el doctor Al Robbins (Robert David Hall).
“Concéntrate en lo que no puede mentir: la evidencia”, aconseja Grissom. Con esa premisa, los participantes ponen a prueba conocimientos básicos como que la presencia de moscas en la escena del crimen indica que el cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición. Y también se evalúan conceptos más complejos, por ejemplo, que la víctima debía estar muerta antes de ser atropellada porque no tenía hemorragias internas producto del impacto.
Al final, quienes resuelven el caso reciben un diploma firmado por el mismísimo Grissom, dándoles la bienvenida al equipo de CSI.
El doble engaño
Para Rivera, quien lleva 19 años al servicio de los 500 mil habitantes de Las Vegas, la serie CSI tiene dos puntos positivos. Por un lado, le da difusión a la carrera y prestigio a la profesión.
Y, por otra parte, dijo, “los chicos malos creen que podemos hacer las cosas mejor de lo que efectivamente las hacemos”. Gran parte de la tecnología que figura en la serie, como las pantallas touch screen, no están a disposición de los CSI, afirmó el detective.
“Pero esto tiene su contrapartida: los criminales aprenden qué hacer para no ser atrapados. Por ejemplo, usan un producto para blanquear la ropa que elimina las muestras de ADN”, explicó.
En estos años como policía, Rivera ha tenido sus mayores satisfacciones trabajando en la Unidad Antipandillas: “Los pandilleros son los terroristas de nuestra sociedad”, dijo. El atractivo de esta tarea es que “requiere saber cómo hablar y extraer información para, a la vez, usarla en su contra”.
Lo más difícil que le tocó vivir, en cambio, fue asistir a un llamado por un incendio. El fuego lo había originado una pequeña de 8 años jugando con fósforos, quien le pedía perdón a su padre en medio de un llanto desconsolado, mientras éste era trasladado a un hospital por quemaduras de gravedad. “Fue muy duro”, admitió.
Como dice otro sabio de CSI, el doctor Robbins: “A veces me alegro de solo trabajar con muertos”.