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24 de diciembre de 2016 5:00 hs

Ciudad de México, julio de 2011. Un joven y talentoso volante de Peñarol es una de las sensaciones de la selección sub 17 de Uruguay que logra el vicecampeonato en el Mundial de México. Inmediatamente los ojeadores que lo venían siguiendo subrayan su nombre en la lista de promesas para considerar como figura de futuro. Paralelamente en los medios comienza a resonar con singular énfasis la posibilidad de que Elbio Álvarez pase a Real Madrid o de Benfica.

Parque Capurro, Montevideo, diciembre de 2016. El sol cae a plomo en el primer día de verano cuando el reloj marca el mediodía. Un cuarto de hora antes había culminado el último entrenamiento del equipo de Tercera división de Fénix, que al día siguiente, el jueves, jugaría su último partido del Campeonato Uruguayo. El mismo volante que cinco años atrás era promesa mundial, que ahora tiene 22 años, cerró el año como titular en la reserva de Fénix y con la expectativa de jugar en el plantel principal en 2017, vive en la casa de sus suegros en Ciudad del Plata, está casado, tiene dos hijas, volverá a estudiar el próximo año para completar Ciclo Básico y quiere ganarse un lugar en el fútbol lejos de aquellas luces europeas de hace cinco años.

"Aquella final del Mundial de 2011 fue soñada por lo que vivimos, incluso cuando perdimos. Habíamos vencido 3-0 a Brasil en semifinales y jugamos el último partido con México. Recuerdo que íbamos en el ómnibus y miraras para donde miraras todos estaban vestidos de verde", comienza explicando Elbio en la única sombra que hay al mediodía en el estadio de Fénix.

"¿Sabías que durante tres o cuatro años mis cumpleaños los festejé en algún Sudamericano o Mundial? Cumplo el 13 de junio y ese día siempre había un torneo. Recuerdo que generalmente estábamos en un hotel, entonces traían una torta, tenía que hablar a mis compañeros y les agradecía de estar pasando con ellos ese día. Luego cortaba la torta y le daba un trozo uno a uno", comenta.

Cuando a mediados de julio de 2011 llegó a Montevideo el tema era su pase a Real Madrid o Benfica. "'¡Real Madrid!', decía. Estoy en el Real Madrid, ya me imaginaba jugando con todos esos monstruos. De Benfica sabía poco, pero salir de tu país a un equipo europeo ya era mucho. En ese momento los empresarios me dijeron que iban a evaluar qué era lo mejor, para no ir a un grande y no jugar", explica a El Observador.

"Me dedicaba a entrenar y quien me representaba se encargaba del resto. De todas formas, en la cabeza tenía un montón de cosas, porque te cambia el entorno, se acercó mucha gente, aunque siempre tuve claro que los amigos son los de siempre, los de toda la vida. Después llegó la hora de viajar a Benfica para firmar", recuerda.

El pase de Elbio Álvarez fue vendido a Benfica junto a otros cuatro juveniles, Gianni Rodríguez, Jim Varela, Gastón Silva y Juan San Martín. "Firmamos y volvimos cada uno a su club. Adquirían nuestra ficha y al cumplir 18 años debíamos viajar", dijo.

Aquella patada


El día previo a pasar al plantel principal de Peñarol en aquel 2011, porque aún jugaba en juveniles, hicieron una práctica de fútbol, ganaron 10-0 y convirtió un gol desde la mitad de la cancha. "Un compañero me dio una patada innecesaria y me rompió ligamentos cruzados. Luego me dijeron otros compañeros que él había dicho que me había pegado por gusto", comenta, pero le resta importancia. Elbio terminó en el quirófano operado por Luis Francescoli. Cuando volvió a jugar se rompió la otra rodilla, y otra vez fue operado. En la recuperación se perdió más de un año. No obstante, a comienzos de 2015, a sus 21 años viajó a Benfica. "Fui, estuve un año y medio. El primero jugué, como titular o como primera opción en la Reserva. Luego en el primer semestre de 2016 jugué muy poco. Al final de la temporada nos rescindieron a varios jugadores. Me dieron un dinero y con eso me estoy haciendo mi casita".

Ahora, a los 22 años, va en busca de nuevos sueños. "Por ellas, por mis dos hijas (de cuatro y dos años), por mi familia, por mi. La estoy peleando. Estoy haciendo unos videos para que me puedan ver. Con un conocido de un compañero, le pagamos para que grabara los partidos de Tercera. Pusimos $ 200 cada uno y tenemos el video para mostrar", comenta con la ilusión de volver a jugar en Primera.

"A los gurises lo único que les digo es que lo primero que hay que hacer es comprar el techo. Eso no se te va. El auto hoy vale mucho y te quedás sin nada". Elbio se despide y pone rumbo al Oeste. En la puerta lo espera Federico, compañero de Tercera, que vive en Libertad y lo deja de pasada en Ciudad del Plata. Los sueños del volante siguen intactos, pese a los golpes que le dio la vida: "Quiero jugar en Primera".

Scorza, el pibe maravilla


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Montevideo, agosto de 2000. Es tapa de diarios, la sensación del fútbol uruguayo y el jugador del momento porque su habilidad con la pelota lleva a que lo comparen con Diego Armando Maradona. Solo tiene 12 años, pero Barcelona se detiene a observarlo, y Gremio de Porto Alegre le ofrece un contrato inédito para su corta edad, que incluye una propiedad para el jugador, un trabajo para su padre y un dinero importante para el adolescente como prima, además de un salario. Su imagen recorre el mundo en tiempos en que las redes sociales aún no viralizan la magia de la que era capaz el "Pibe Maravilla".

Rivera, diciembre de 2016. A sus 28 años, el mismo Enzo Scorza estuvo un año parado, se reenganchó en enero último jugando un torneo de fútbol 7 con amigos y luego en Peñarol de Rivera, equipo con el que salió campeón departamental, y esta semana prepara las valijas porque lo espera lo que se transformó en su gran sueño: la posibilidad de jugar en un equipo de Tercera División de Italia, en Cerdeña.

"Fueron momentos. Hoy ya no miro atrás, ni me quedó en el pasado, porque si lo hago me pongo mal. Entonces me aferro al presente, a lo que estoy viviendo con mi familia, con mi señora, con mi hijo Renato de 7 meses. ¿Sabés por qué se llama Renato? En homenaje a mi abuelo. Ahora miro por ellos y me agarro fuerte de lo que pueda venir, que sin dudas será lo mejor", reflexiona un maduro Scorza, que esta mañana llega a Montevideo para gestionar la documentación que le falta para viajar el martes a Italia.

"Cuando estás en lo que parece el mejor momento de tu carrera -no importa la edad- y hablan de vos, de tu pase, por tu cabeza pasan muchísimas cosas. Es natural que suceda porque todo jugador piensa que como es joven, tendrá el famoso pase, sueña con comprarles una casa a sus viejos, tener bien a su familia, ayudar a mucha gente. Al menos eso me sucedió y debido a ello estuve esperando ese famoso pase que nunca llegó", explica, y luego, después de tantos sobresaltos en su carrera, reflexiona. "A los jóvenes les diría que jueguen, que se diviertan. Sé que llega un momento en la vida en que el fútbol pasa a ser una responsabilidad, porque hay dinero de por medio y si no estás bien centrado perdés el equilibrio y es difícil mantenerse en el lugar adecuado. Pero si quieren llegar a realizar una buena carrera, que traten de divertirse, entrentar al 100%, que las cosas se irán dando paso a paso. Si sos bueno y entrenás, seguramente vas a llegar".

Cuando mira al pasado las imágenes de la felicidad y el dolor se entremezclan. "Venían de todos lados, te hacían notas. Era algo muy lindo. Luego vinieron todas las selecciones juveniles con el Sudamericano sub 15, sudamericano y mundial sub 17 y sudamericano 20. El debut en la selección mayor en 2005, cuando estaba en la sub 17. Fueron momentos muy lindos. Después empecé a hacer mi camino solo, sin representante, y se hizo difícil, muy difícil. Se cerraron puertas. Siempre te dicen que está todo bien, pero las puertas se cierran. Tuve que ir solo a hacer mi camino, golpear las puertas y luchar para ganarme un lugar", recuerda.

En 2000 empezó a entrenar en las juveniles de Danubio, en 2005, con 17 años, debutó en Primera y en 2009 fue cedido a préstamo a Central Español donde jugó seis meses y recorrió los últimos metros como profesional en Uruguay. Tenía solo 21 años. Viajó a Italia a dos equipos de segundo nivel, luego a Inter de Santa María de la B de Brasil, Atlante de México y cuando en 2012 y 2013 parecía haber encontrado su lugar en el fútbol en Cienciano de Perú, porque había alcanzado un buen nivel futbolístico, no le renovaron. En 2014 jugó en Iraklis, un grande e histórico de Grecia, y en 2015 regresó a Uruguay a esperar que sonara el teléfono. Nunca llamó nadie. Tenía 27 años, entrenaba, salía a cazar, a pescar y encontró en su familia un refugió.

El resurgimiento


Lejos de las luces de aquellos años 2000, pero renovado con el nacimiento de su hijo y el apoyo de su familia, en este 2016 volvió a reaparecer futbolísticamente. Se encontró con el hijo del presidente de Peñarol de Rivera en un campeonato de fútbol 7 que jugó en enero y febrero con amigos de toda la vida, y se le abrieron las puertas para volver al fútbol profesional en su departamento natal. Arregló, jugó todo el año y se llevó los aplausos.

"Jugar era lo que necesitaba, porque había estado parado. Actué de segundo punta, hice unos cuantos goles y salimos campeones. Estoy muy bien ahora", explica.

Compartió en juveniles con jugadores que actualmente son figuras, como Cavani, Suárez, Cáceres. Estaba en el nivel de todos ellos. "En su momento los veía jugar y me ponía mal por mi, porque me quedé. A los 20 años pensé en dejar todo. No salía de casa. Pasé por momentos muy difíciles, pero hoy estoy feliz por la familia que tengo y por mi hijo. Estoy pasando por un gran momento y ojalá este sea el paso para subir escalones en el fútbol profesional", reflexiona el pibe que con 12 años estuvo en la órbita de Barcelona y Gremio, y a los 28 la pelea con sueños renovados.

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