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Curador del Malba: "No es que no haya mujeres, es que están olvidadas y ninguneadas"

El español Agustín Pérez Rubio, encargado hasta este mes de uno de los museos más importantes de la región, brinda un taller en el Centro Cultural de España

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11 de mayo de 2018 a las 09:00

Fue curador jefe y director del Musac, el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León por más de 10 años y a fines de mayo, el español Agustín Pérez Rubio culmina cuatro años al frente del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Malba.

Uno de los énfasis de su estilo de gestión está en la equidad de género y la diversidad. En el Malba se dedicó a repatriar talentos argentinos, muchas veces más valorados en el exterior que en su país. "Es parte de volver a ser nación", dijo a El Observador.

Pérez Rubio creó un comité científico artístico con siete curadores, que estudió la colección del Malba y propuso la adquisición de nueva obra. "Cuando yo llegué había 560 obras. Ahora hay más de 700", dijo Pérez Rubio.

Entre su legado tangible en el museo de Buenos Aires, ex Fundación Constantini, está la reorganización del hall del museo para que la entrada, la tienda, el restaurante y todas las áreas al ingreso quedaran interrelacionadas como un gran espacio público permeable al exterior.

Nosotros tenemos un sistema de museos en el que todos tienen entrada gratuita. El Malba cobra su entreada. ¿Qué opina, entonces, de la gratuidad de los museos?

Los museos públicos deberían ser siempre gratuitos y sino deberían incentivar las donaciones. La gente que realmente tenga un dinero y quiera colaborar, que sea fácil y que haya una política para mantenerlo. No todo se puede mantener solo. Hay un uso. Cuanto más público va a un museo, más se ensucia y más sufren las obras. Necesitas un restaurador y un conservador, que valen su dinero. Esa gratuidad podría ser compensada con otra serie de cosas. Tu puedes hacer la entrada gratuita pero las actividades pagas, por ejemplo. Los catálogos pagos, las conferencias. Puedes buscar un término medio que no excluya.
Malba es privado, se paga entrada y no es barata, la gente viene porque tiene calidad y ve cosas que no ve en otros sitios. Pero las escuelas privadas pagan por las públicas. Entonces ahí se compensa. Es una cosa 50-50, es un sistema para que la gente de menores recursos no quede excluída de la cultura.
Siempre abogo por la gratuidad del patrimonio público, de ser posible.

¿Qué debe tener y cómo se debe mostrar una exposición de arte contemporáneo para que sea atractiva al gran público?

Hay que pensar en el público desde los espacios, desde los textos, desde la información en la web. Todo tiene que ver con la comunicación. Desde la curaduría, también. Yo trabajo mucho con el departamento de comunicación. Para nosotros es importante que el público que entra o que no entra al museo reciba la información y entienda qué es lo que va a ver. Hay que balancear y ser atractivo pero fidedigno a lo que vas a ver. No puedes vender algo que no es. Es importante que se trabaje en preservar la conciencia, el contenido de la exposición pero luego también hacerlo entendible. Cuidamos cómo habla el museo.

Para nosotros es importante que el público que entra o que no entra al museo reciba la información y entienda qué es lo que va a ver.

¿El uso masivo de redes sociales como Instagram, donde la gente comparte su experiencia con el arte, puede influir en la elección de las muestras?

Nunca vas a saber. Kusama en el Reina Sofía y en Tate fue una exposición muy normal con público muy normal. Aquí en América Latina, en Malba y en México, explotó. Un artista en determinado contexto explota y luego va a otro y no. Tampoco se tiene que medir el éxito de una muestra por el público que va. Es un indicador. Se puede decir: "hay algo de interés aquí". Y está muy bien, y me gusta que vaya público. Pero no es el único factor. Hay muchos otros factores que hacen que esa muestra, no al día de mañana, dentro de 10 años digas: "Ah, mira la muestra dónde estuvo". Nadie la supo ver y ellos estaban muy por delante. Y es lo que pasa cuando un artista sale dos pesos y luego se convierte en algo inalcanzable. A niveles de investigación, una muestra puede ayudar a un contexto, a que existan otras muestras o a generar otra manera de pensar las cosas. No nos tenemos que llevar por el fascismo del número de visitantes. En una institución hay que balancear. Siempre he abogado por una programación mixta. Que puedas tener una figura muy icónica pero luego un artista muy desconocido, alguien joven, alguien mayor, alguien más político, alguien más estético. Balancear.

No nos tenemos que llevar por el fascismo del número de visitantes.

Asumió en el Malba con una clara política de género. ¿Dónde y cómo cultivó esa postura?

Soy una persona que estudió historia del arte, estética, y me aburrí de la historia en seguida. Entonces descubrí la filosofía y allí dentro encontré la teoría feminista. Y de la teoría feminista pasé a la teoría queer. El feminismo o la teoría queer no es algo ni de moda ni que se toma o se quita. Es una entidad tuya. Es una herramienta de vida. Antes de curador, soy persona y soy individuo y a partir de ahí me construyo como curador. Mi trabajo ha sido silencioso en ese aspecto, dejando claro determinados postulados pero en la acción, no solamente en el dicho. He visto muchos directores y directoras que manifiestan compromiso y luego ves la programación del año y siguen haciendo 80 varones y 20 mujeres. Y dices: "Esto no puede ser". Creo que no hay que hacer tanto manifiesto. Cuando dicen que no se conocen tantas artistas mujeres digo: por eso tienes que investigar más. No es que no haya mujeres, es que están olvidadas y ninguneadas. Pero estar están.

Cuando dicen que no se conocen tantas artistas mujeres digo: por eso tienes que investigar más. No es que no haya mujeres, es que están olvidadas y ninguneadas. Pero estar están.

¿Qué opina de los museos uruguayos?

Creo que hace falta una mayor infraestructura de presupuestos y una mayor profesionalización.
Pero hay espacios que la reman, que intentan sacar la cabeza, que apoyan. También es un país pequeño. Si comparas cuántos museos tienen en comparación a Buenos Aires, que tiene 18 millones de personas, pues igual está mejor Uruguay.

En Buenos Aires, Malba y Fundación Proa consiguieron grandes muestras internacionales como la de Yoko Ono o Ai Weiwei. Este tipo de exhibiciones de arte contemporáneo de gran convocatoria, ¿son solo posibles en museos privados?

¡No! Bellas Artes está trayendo la de Turner de Tate. Hicieron una de Miró que estuvo en Lima con el Reina Sofía. Yo creo que al contrario, en nuestras instituciones lo primero que debe ponerse fuerte es lo público. Para eso le tenemos que demandar a nuestros políticos, que pongan la plata ahí. Es un tema de presupuesto público. Y también entender que lo público es en principio lo de todos. No estoy refutando lo privado para nada, creo que ayuda mucho en algunos momentos. Por ejemplo en Argentina del 2001, si no era por Malba y Proa, la gente no hubiera visto muestras internacionales. Porque el país estaba derruido. Por eso la gente los tiene como iconos. Porque hicieron mucho en ese sentido, de poder traer muestras que de otra manera nadie con dinero público ni Mamba ni Bellas Artes podía. No es una cuestión solamente de presupuesto, creo que a veces son más profundas. Que los procesos se hagan ágiles, y no rija esa legislación que traba desde lo burocrático.

El arte es un espacio de todos los otros mundos


¿Cuál fue la última muestra u obra de arte que lo conmovió?

Hay muchas. No me gusta hablar de una. De la última exposición de Malba, me conmovió que estuviera la pieza Buenos Aires time as activity, es un video hecho en 2010. Muestra el Congreso de Buenos Aires a una determinada hora. Y no sabes bien qué pasa, porque las cosas de David Lamelas son muy así. Pero lo bonito de la pieza es que fue rodado dos horas antes de que se aprobara el matrimonio igualitario. Es una fecha muy histórica. Es una pieza que parece que no te dice nada pero a la vez tiene una cosa interna muy linda.

¿Qué es lo que más le enamora del mundo del arte y qué es lo que más aborrece?

Lo que más me enamora es que es un mundo donde la libertad puede ser recibida como algo positivo. En otros contextos, no es así. Además, el arte es un espacio de todos los otros mundos. Eso me encanta. Me he encontrado en mesas tratando con futbolistas, con cantantes, con bioquímicos, con arquitectos, y estar en un momento en un chatarrero, porque el artista lo necesita. Lo que menos me gusta, es que ha cambiado mucho, que cada vez es un poquito menos libre. Se está perdiendo la libertad porque hay demasiadas trabas: institucionales, de mercado, de políticas. Auto censuras. Estamos sometidos a una evaluación demasiado global de cada uno de nuestros propios movimientos. Y ahí, se pierde.

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