Fútbol > CLAUSURA

¡Acá está Peñarol!

El aurinegro ganó en jardines con un hombre menos, se consolidó como líder del clausura y le arrebató el primer lugar de la Anual a Nacional

Tiempo de lectura: -'

15 de septiembre de 2018 a las 22:17

La impaciencia de la gente le dejaba en claro donde estaba. El canto hiriente apuntaba a la directiva. “Dirigentes, no jueguen con la gente, el club es de los socios y los que estamos siempre”.

Pero por dentro sabía que el real responsable de la bronca era él. Peñarol se comía cuatro goles contra Atlético Paranaense y la hinchada explotaba. Era agosto de 2018.
Lejos de sentirse frustrado, el hombre se miró el tatuaje de su brazo y se aferró al mensaje: “los guerreros nunca se rinden”. Con esa consigna fue el técnico de Peñarol, Diego López, a Belvedere. Sabía que no había mañana. El rumor de que su cargo estaba en juego le llegó de oídas. La salida se saldó con triunfo ante Liverpool. Fue un antes y un después. Encontró el equipo, encontró la paz.


Como por arte de magia Peñarol  pasó de ser una oncena que generaba dudas a dar pasos para la consolidación. Y mientras Nacional, el líder de la tabla Anual que parecía inalcansable, comenzó a dejar puntos, Peñarol los sumó con Boston River, Cerro y Atenas.


Y un domingo de setiembre a la tarde se encontró en Jardines del Hipódromo con la oportunidad única de subirse al primer lugar de la tabla de la Anual. Nacional ya había perdido el sábado y el tren pasaba por la puerta de Peñarol.


La jornada no empezó sencilla. A los 27 minutos del partido el golero Dawson salió a barrer fuera del área. El línea levantó la bandera indicando fuera de juego, el juez Bentancor levantó la roja por considerar que fue demasiado violenta la entrada del golero. Peñarol quedaba con uno menos.


Atrás quedaba la pelota que sacó su golero ante un remate bajo de Nachito González y el agarrón en el área contra el danubiano Dos Santos que el juez desestimó.
Empezaba otro partido. Cobraba fuerza el vaticinio de que Danubio en Jardines siempre le complica la historia a Peñarol.
Y vaya si la pasó mal el aurinegro en el primer tiempo. Por no decir que la sacó barata.


Danubio lo empujó contra su arco. Desprendió a Leandro Sosa y Gonzalo Camargo que fueron un problema sin solución para Busquets. La franja cargó el juego por izquierda y se olvidó de Ceppelini.
La roja del golero Dawson obligó a López a sacrificar al argentino Viatri y Peñarol quedó jugado al Toro Fernández.
El tema es que el delantero fue dominado por un Ribaír Rodríguez que se lo comió en el primer tiempo. La marca le hizo perder la paciencia y Peñarol empezó a vivir un partido aparte con el árbitro.


Sobre el cierre de la primera parte Camargo probó con un remate a distancia que pasó cerca y en la hora Tito Formiliano salvó su arco tras una serie de rebotes.
Peñarol se fue al descanso con un premio demasiado grande. Danubio, con poca cosa, había hecho méritos para retirarse en ventaja.
Para el segundo tiempo los equipos no movieron piezas. Pero el aurinegro fue inteligente. Esperó con dos líneas de cuatro y, cuando tuvo chance, lanzó en largo a Canobbio que lentamente comenzó a cobrar importancia en el partido.
A los cinco minutos Canobbio tomó una pelota de aire y obligó al golero danubiano a tapar contra un palo.


Como era previsible, la franja tomó el control del juego y fue sobre el arco del juvenil Cardozo.
El tema es que se encontró con todos los caminos cerrados y comenzó a perder la paciencia. Un pecado común generado por la impotencia del que tiene un hombre más y siente el peso del partido.
Peirano no modificó su esquema, insistió con dos volantes bien abiertos por afuera y dos por adentro, además de tener a Nacho González de punta con Dos Santos.
El problema es que Nachito quedó perdido, con poco espacio para desnivelar de la forma en que mejor lo hace, andando y armando lío con la pelota.
Quedó la duda sobre lo que podía haber pasado si el técnico daba ingreso a un delantero y retrasaba a Nacho unos metros para intentar romper líneas.


Estaba claro que, con centros como insistió a lo largo de la tarde, era imposible entrarle a la defensa aurinegra.
El local se chocó una y otra vez contra el muro defensivo de un Peñarol que fue al sacrificio y esperó su momento. Una pelota quieta, un tiro libre, un error defensivo de la franja. Y llegó.
Sobre los 13 minutos se desprendieron los volantes mirasoles. El Cebolla conectó con Lores en la cercanía del área. Tiraron una pared y el Cebolla le metió un pase punzante al Toro Rodríguez que, aprovechando el error del fondo danubiano, le pegó fuerte para generar el delirio de los aurinegros.


Con Peñarol en ventaja quedaba la sensación de que el resultado estaba cerrado. Danubio había dejado en claro su escaso peso ofensivo.
Peirano movió piezas. Sacó a Nacho González a la izquierda y puso a Federico Rodríguez. Pero siguió tirando centros. Favoreció el juego de un sector defensivo que era superior en altura.
El ingreso de Gravi le brindó otra frescura a la franja por la derecha donde generó inquietud con una serie de desbordes.
Pero no había forma. Peñarol, atrincherado en el fondo, fue un canto a la entrega. Desde el más encumbrado como el Cebolla Rodríguez al Toro Fernández colgado allá arriba dando pelea. Todos se entregaron por la causa. Sabedores de que no importaba la forma sino el resultado.


A la media hora, en un tiro de esquina, el golero de la franja Facundo Silva salió a cortar el centro y se equivocó. Terminó chocando con sus compañeros y el rebote lo aprovechó Formiliano para sentenciar la historia. El 2 a 0 era lapidario para un Danubio que jamás le encontró la vuelta al partido.
Y el equipo de Diego López, aquel que andaba a los tumbos y generaba dudas, terminó saldando la tarde del domingo diciendo en Maroñas, acá está Peñarol.
Con un hombre menos, sin su golero titular, con las dificultades que presenta una cancha que siempre le resultó compleja, se llevó los tres puntos con personalidad.
Lejos en el tiempo quedaron aquellos cantos hirientes. Los pedidos y gritos , alambrado mediante, pidiendo que el técnico se fuera.


Y las dudas que generaba López por su pasado europeo y el poco conocimiento que tenía del medio.
En un abrir y cerrar de ojos sacó seis puntos en el Clausura y le arrebató el primer lugar de la Anual a su tradicional rival.
Su equipo ya se recita de memoria. El rendimiento va en ascenso. Y aquello que tenía Nacional, que no convencía pero se sabía que ganaba, ahora es patriminio de Peñarol.

Comentarios