17 de diciembre de 2013 18:54 hs

La Dave Matthews Band (DMB), la agrupación liderada por el sudafricano que le da nombre, se presentó por tercera vez en el marco del Buenos Aires Summer Freak Fest, un nombre demasiado pomposo para un trozo de asfalto sin demasiada diversión previa en Vicente López, provincia de Buenos Aires.

Con S.O.J.A y Wilco teloneando parte de la “fiesta”, la banda de Virginia salió al escenario apenas pasada la hora 22 ante unas 10 mil personas.

Rapunzel fue el tema elegido para arrancar el show con la formación que se hizo clásica: Carter Beauford en batería, Boyd Tinsley en violín, Jeff Coffin en los saxofones, Steffan Lessard en el bajo, Tim Reynolds en guitarra y Rashawn Ross en trompeta.

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Don’t drink the water, Why I am (la canción recuerda al desaparecido saxofonista Leroy Moore) y el clásico What would you say terminaron de colocar un arranque a puro ritmo que tuvo su primer toque romántico con Satellite. Bastaba mirar para el costado para dividir la concurrencia en dos: los que se besaban y los que tecleaban algún número en su smartphone para que alguien del otro lado escuchara la melodía.

Con Crush llegó algo de lo que los fanáticos de la banda van a buscar a los conciertos y a sus casi 40 trabajos en vivo: los solos de Jeff Coffin y Boyd Tinsley. Es que Dave Matthews Band está en estado puro cuando se deja llevar en sus conciertos. Es una banda para ver en vivo. Con una puesta en escena a nivel de iluminación un poco por debajo de lo que suele hacer en sus giras norteamericanas, Matthews y compañía saben bien que sus seguidores son fanáticos de la música y no de las luces.

Mercy, Rooftop y Belly Belly completaron la trilogía correspondiente a Away from the World. De ahí en más, con la excepción de Shake me like a Monkey, fue tiempo de clásicos.

Luego siguieron Crash, Ants Marching (con una demostración de lo que es apalear una batería por parte de Beauford) y #41 (una de las más celebradas y coreadas) para volver con la melosa The
Space Between y cerrar los ojos cuando Tinsley desarmó el violín en Tripping Billies.

La banda se fue con la misma tranquilidad con la que entró a escena. Quizá se los notó con menos ganas de tocar que en otras oportunidades. Reynolds no tocó con los dientes, Coffin no se colgó dos saxofones al mismo tiempo, por decir algunas de sus gracias habituales. Un concierto de dos horas y 10 minutos no es gran cosa para un grupo que tiene actuaciones por encima de las tres horas. Sin embargo, pareció que todos se fueron contentos del concierto de una banda que no posee difusión masiva en Uruguay. De hecho, la paradoja es tan vieja como la mezcla entre música y comercio.

Sin embargo, lo que llama la atención es que, aparte de hacer algo de la mejor música desde la década de 1990 a la fecha, DMB es la única banda con seis álbumes debutando en el número uno de manera consecutiva.

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