4 de enero de 2012 20:27 hs

Desde mucho antes de llegar a El Jagüel, la inquietud se sentía en el aire. Grupos de adolescentes hacían dedo en la rambla y en la ruta, casi desesperados por llegar. Su emergencia parecía indicar que los beats se escuchaban desde lejos.

Un mar de gente daba la bienvenida al Aeropuerto. Uno que ni siquiera estaba dentro del predio. Grupos bailando a partir de las radios de los autos. Algunos acomodados con sillas y heladeritas, pero sentados en el techo de una camioneta, asegurándose una privilegiada vista. Estos eran todos los jóvenes que se habían quedado sin entrada, que apostados en la entrada no se resignaban a perderse del show.

El panorama cambiaba una vez dentro del recinto. Un grupo por demás heterogéneo, de edades y looks. Chicas a la moda y hombres elegantes. Algunos niños con sus padres correteaban en la puerta. Otros tantos se sacaban fotos con los posters del artista.

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El warm up previo estuvo a cargo del dúo de DJs ingleses Layo & Bushwacka! Comparado con lo que el público podría esperar del show de Guetta, la monotonía musical reinaba. Algunos tímidos ensayaban pasos de baile, pero todos parecían reservar las energías para el acto principal de cierre de la gira Movistar Free Music.

Pasando las 2 de la mañana, el escenario se preparó para recibir al DJ número uno del momento. La pantalla de LED gigante se incendió con rojas letras. Nothing. But. The. Beat.
Cada palabra llenaba el espacio, creando un loop de ansiedad, histeria, gritos y saltos.
De manera inmediata, toda persona recibió al DJ con las manos en alto. Miles de celulares y cámaras de foto captaron las primeras imágenes de esa figura mesiánica, que conducirá a su pueblo de party people al éxtasis musical.

Con Guetta sobre las bandejas y portando sus costosos auriculares Beats by Dr. Dre, el ritmo comenzó a sonar cada vez más fuerte. Lentamente conduce al primer hit y punto inicial de la fiesta. La voz de la cantante Fergie explotó con fuerza atómica. El público recibió la energía, extasiado. Gettin’ over you provocó los primeros coros.

“Punta del Este is the number one party place in South America. Is that true?” Guetta preguntó en un tosco inglés afrancesado, arengando al público. Solo sonaron gritos de aprobación, con la adrenalina fiestera ya por los cielos.

Su fórmula es simple: fuerte, tranquilo, fuerte. Asegurándose a cada subida una explosión entre la gente y oportunos descensos para los aplausos. Los bajos golpeaban en forma constante e insistente en los estómagos y, a veces, en los oídos. La música sonaba con la fuerza suficiente como para sacudir de pies a cabeza. Cada uno de sus éxitos se interpretó en forma versionada, con las pistas de voz sobre otros ritmos, como Love is gone o The world is mine, ambos singles de sus primeros discos. En la parte alta de sus hits, Guetta bajaba el volumen para que la gente coreara los estribillos.

Las pantallas formaron un espectáculo aparte. La alta estructura sobre la cual el DJ comandaba estaba formada de LEDs que se unificaban con las pantallas traseras, creando formas lumínicas que se acompasaban con los ritmos. Una sucesión hipnótica donde parecía lograrse la sinestesia entre el audio y lo visual. En diferentes ocasiones aparecían en ellas órdenes de su amo: “Put your hands up”. “Make some noise”. Cada una era obedecida instantáneamente.

No faltaron tampoco guiños hacia algunas de las canciones del año. La voz de Chris Martin, de Coldplay, entonó Paradise sobre un beat más bailable. Adele también se hizo presente en la pista con su Rolling in the deep, y desató festejos en el público.

Entre el público la felicidad se palpaba. Las miradas incrédulas se transformaban en admiración y se manifestaban en gritos agudísimos y bailes extraños. Las parejas, por supuesto, se besaban en los momentos románticos de canciones como When love takes over, u One love. Otras bailaban lento mientras la masa enfervorizada saltaba espasmódicamente.

Con un show de tres horas y media, el DJ mantuvo las energías al máximo volumen, dejando apenas segundos para el descanso y extensos respiros entre hit y hit. Pero los fans no pararon. Gozaron a cada golpe por minuto, ignorando su propio desgaste.

Este fue un show donde el “pogo” se hizo al ritmo de la electrónica, y las guitarras apenas sonaron en temas como Titanium. Tampoco faltó un tímido crowdsurfing de algún fanático, o las declaraciones de amor hacia el público del artista, siempre feliz y sin nada de teatralidad o histrionismo. Bandejas, pistas y un líder carismático que hace olvidar los preconceptos de lo que debe ser un espectáculo en vivo.

Llegando al final, la voz del rapero Kid Cudi en una versión más emotiva de Memories culminó con un pedido de Guetta: todos con los celulares en alto, creando oleadas de luces y dejando en evidencia la masividad del evento. Todo esto quedó capturado por el propio Guetta, guardando esta imagen para sus propios recuerdos, tal como lo hace en sus videoclips en los que se muestra algún modelo nuevo de teléfono, maravillas del product placement publicitario.

Ya eran las 5:15 cuando comenzó a sonar Without you. La pista estaba menos congestionada pero aún en trance. Al finalizar ofreció un tema más. I gotta feeling, el infaltable éxito que lo catapultó a la fama junto a los Black Eyed Peas, hizo bailar por última vez al Jagüel.

Emocionado y aparentemente lejos de sentirse enfermo –algo que había puesto en su twitter horas antes del concierto–, Guetta prometió volver pronto. El silencio se hizo, pero en muchos oídos no debió sonar otra cosa que no fuera ese beat imposible de despegar del lado derecho del cerebro.

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