Por Sheri Fink y James Risen
Demandan a dos psicólogos por brutales interrogatorios
Profesionales estadounidenses realizaron sus descargos pero aparecen seriamente comprometidos en los mecanismos de tortura aplicados a distintos prisioneros
Profesionales estadounidenses realizaron sus descargos pero aparecen seriamente comprometidos en los mecanismos de tortura aplicados a distintos prisioneros
Por Sheri Fink y James Risen
Quince años después de que ayudó a diseñar las brutales técnicas para los interrogatorios que se aplicaron a los sospechosos de terrorismo en las prisiones secretas de la CIA, John Bruce Jessen, un expsicólogo militar, expresó su ambivalencia sobre el programa.
Se describió a sí mismo y a un compañero psicólogo militar, James Mitchell, como participantes renuentes en el uso de las técnicas, algunas de las cuales se consideran como tortura, pero también las justificaron como efectivas para conseguir que cooperaran los detenidos.
"Creo que cualquier hombre normal, mesurado, tendría que considerar cuidadosamente al hacer algo como esto", comentó Jessen en una declaración recientemente divulgada. "Yo deliberé con un gran pesar en el alma sobre esto y concluí que se podía hacer con seguridad, o no lo hubiera hecho".
Los dos psicólogos –a los que funcionarios de la CIA llamaron arquitectos del programa de interrogatorios– fueron demandados en un proceso judicial que puede hacerlos responsables de haber inflingido daños a terceros.
Durante su declaración, con una cámara enfocada en sus rostros, Jessen y Mitchell proporcionaron nuevos detalles sobre el alcance de los interrogatorios, la función que cumplieron en ellos y su lógica.
A veces, sus relatos no coincidían con su propia correspondencia en ese entonces, así como con descripciones previas que hicieron funcionarios y otros interrogadores como participantes del programa.
La Unión Estadounidense de Libertades Civiles presentó la demanda ante el Tribunal Federal de Distrito en Spokane, Washington, en nombre de varios exprisioneros de la CIA.
El juicio de la causa está programado para el próximo 5 de setiembre. En mayo, ambas partes solicitaron al juez Justin L. Quackenbush, del Tribunal Federal de Distrito, que fallara sumariamente a su favor.
Pero el magistrado se negó a hacerlo.
Mientras tanto, el diario The New York Times obtuvo los videos de las comparecencias de Jessen y Mitchell, así como los de dos exfuncionarios de la CIA y dos exdetenidos. Para la causa, también fueron divulgados documentos recién desclasificados.
Las revelaciones sobre las prácticas de la CIA, que fueron un punto de partida radical para Estados Unidos, desencadenaron denuncias mundiales y amargas divisiones internas.
Llevaron a la prohibición final de las técnicas y a que la Asociación Estadounidense de Psicología prohibiera que sus miembros participaran en interrogatorios sobre la seguridad nacional. En un informe de la comisión de inteligencia del Senado se condenaron las técnicas para los interrogatorios por considerarlas un método de tortura. Durante años, Mitchell defendió las acciones de los dos hombres en la prensa y en un libro reciente, en tanto Jessen permaneció callado. Sin embargo, Jessen respondió preguntas bajo juramento el 20 de enero, el mismo día en que Donald Trump asumió como presidente.
Durante la campaña, el político republicano había prometido retomar el uso de la tortura, incluso los simulacros de ahogamientos, pero después se echó para atrás. Ambos psicólogos argumentan que la CIA, que los contrataba, controlaba el programa. Sin embargo, es difícil demandar a los funcionarios de la agencia debido a la inmunidad gubernamental.
De conformidad con la dirección de la agencia, los dos hombres dijeron que propusieron las técnicas "mejoradas para el interrogatorio" –que entonces autorizó el Departamento de Justicia-, las aplicaron y capacitaron a otros para hacerlo. Su negocio recibió US$ 81 millones de la agencia.
En su declaración, Jessen indicó que ambos tenían algunas reservas. "Tratamos de salirnos varias veces pero nos necesitaban, y nosotros seguimos adelante".
El esquema de estos métodos de tortura surgió en 2002 cuando funcionarios de la CIA les pidieron que desarrollaran una propuesta. Entonces, adaptaron los métodos utilizados por otros psicólogos para entrenar a soldados estadounidenses en las escuelas de sobrevivencia para resistir los brutales interrogatorios de eventuales fuerzas hostiles.
Ambos pensaron que esas técnicas –incluidas la privación sensorial y del sueño y colocar grilletes durante horas en posiciones incómodas, entre otras– serían más seguras que otras que la CIA podría considerar para hacer que los detenidos dieran información.
Poco después, la CIA les pidió usar las técnicas para interrogar a un sospechoso de terrorismo, algo en lo que no tenían experiencia.
Jessen y Mitchell rechazaron que los hombres sometidos a técnicas duras sufrieran algún daño físico o psicológico a largo plazo.
Mohamed Ben Soud dibujó el trato en una prisión de la CIA: una caja de madera donde fue encerrado y pinchado a través de agujeros y la tabla donde fue atado y torturado con agua. Abu Zubaydah, que fue puesto en custodia en 2002, fue el primer detenido al que le hicieron simulacros de ahogamiento.
La CIA detuvo también en 2002 en Afganistán a Mohamed Ben Sud, un libio al que encerraron en cajas pequeñas, lo azotaron contra una pared y lo bañaron con agua helada. A su vez, el tanzano Suleiman Salim fue detenido en 2003 en ese mismo país: fue golpeado, aislado en una celda oscura y torturado. ¿Cómo? Lo empaparon y además no le permitían conciliar el sueño.