27 de enero 2023 - 14:05hs

Por Gideon Rachman

En 2022, algo bueno salió de algo malo. La invasión rusa de Ucrania dio lugar a una notable muestra de unidad y determinación por parte del mundo democrático.

EEUU, la Unión Europea (UE), el Reino Unido, Japón, Corea del Sur, Canadá y Australia le impusieron a Rusia sanciones económicas sin precedentes. Ucrania recibió miles de millones de dólares de ayuda militar y económica. En Europa, Alemania prometió dar un giro histórico a sus políticas de defensa y energía. Finlandia y Suecia solicitaron ingresar a la OTAN.

La hostilidad de China hacia Taiwán y su anuncio de una asociación "sin límites" con Rusia también provocaron una reacción en el Indo-Pacífico. Japón anunció un importante aumento del gasto militar. Filipinas estrechó sus lazos con EEUU. Los países del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, o Quad — India, Japón, Australia y EEUU — celebraron una cumbre.

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Las democracias de Europa y Asia también empezaron a colaborar más estrechamente. Por primera vez, Japón, Corea del Sur y Australia asistieron a una cumbre de la OTAN.

Este año, será considerablemente más difícil mantener la unidad de las democracias avanzadas. El liderazgo activo y comprometido de EEUU ha sido crucial para la respuesta del mundo democrático a la asociación Rusia-China. Pero están surgiendo graves tensiones entre Washington y sus aliados.

En Europa, las cuestiones clave son tanto estratégicas como económicas. La alianza occidental está abiertamente dividida sobre la futura ayuda militar a Ucrania. Esas divisiones se pusieron plenamente de manifiesto en una reunión aliada celebrada el viernes en Ramstein, cuando Alemania se resistió a las intensas presiones para permitir la transferencia de tanques Leopard a Ucrania.

Aunque los titulares tras la reunión de Ramstein se enfocaron en el aislamiento de Alemania, las divisiones dentro de la alianza occidental son más complejas que eso. Existe un ala de línea dura que incluye a Polonia, los países nórdicos, los países bálticos y el Reino Unido, y que presiona para que se transfiera rápidamente a Ucrania armamento más avanzado, incluyendo tanques.

EEUU se encuentra en un punto intermedio entre los países de línea dura y los alemanes ultracautelosos. A los de línea dura les preocupa que la administración Biden se haya dejado asustar por la amenaza de una guerra nuclear y, por tanto, haya sido demasiado tímida a la hora de suministrar armamento avanzado, como misiles de mayor alcance. Pero las críticas son tenues porque EEUU es, con mucho, el mayor donante de ayuda militar y financiera a Ucrania.

Estas divisiones son manejables por ahora. Pero, si la guerra se vuelve contra Ucrania esta primavera, las recriminaciones podrían ponerse feas.

Las tensiones entre EEUU y Europa también tienen una dimensión económica; muchos en la UE acusan a Washington de proteccionismo, al conceder grandes subvenciones a las industrias ecológicas y a los vehículos eléctricos dentro de EEUU.

La respuesta habitual de EEUU — que Europa debe proporcionar sus propias subvenciones a la tecnología verde — puede ser poco realista. Dejar que los Estados subvencionen sus propias industrias podría destrozar el mercado único de la UE, mientras que un régimen unificado de subvenciones de la UE suscitaría inmediatamente discusiones sobre cómo se recauda el dinero y dónde se gasta.

Detrás de esto se esconde un temor creciente a que EEUU se está adelantando a Europa económicamente, y a que la guerra de Ucrania esté acelerando este proceso. Los industriales europeos señalan las ventajas clave de las que disfruta EEUU: energía barata, abundancia de tierras, liderazgo tecnológico y moneda de reserva mundial.

Luego está el tema de China. El lenguaje y las actitudes de confrontación hacia Beijing son ya habituales en la política estadounidense. La mayoría de los gobiernos europeos y asiáticos siguen evadiendo el tema. China es ahora el mayor divisor potencial en la relación entre EEUU y sus aliados asiáticos. Japón, Australia, Corea del Sur y Filipinas son aliados de tratados de EEUU y coinciden en la necesidad de aumentar la disuasión militar de China. Pero todos desconfían de cuán lejos puede llegar EEUU con la desvinculación económica.

Me di cuenta de esa división de opiniones mientras presidía una sesión sobre Japón en el Foro Económico Mundial la semana pasada. Un participante estadounidense, Stephen Pagliuca, copresidente saliente de Bain Capital, argumentó que las democracias del mundo comerciarían cada vez más entre sí, y citó la guerra de Ucrania como advertencia sobre la posibilidad de depender demasiado económicamente de una autocracia. Tak Niinami, director ejecutivo del grupo de bebidas Suntory Holdings, con sede en Tokio, se mostró cauteloso ante este argumento y celebró el hecho de que el comercio de Japón con China estuviera aumentando.

Los singapurenses — socios clave de EEUU tanto en comercio como en seguridad — están abiertamente alarmados por el amplio alcance de las restricciones estadounidenses a las exportaciones tecnológicas a China. Les preocupa que provoquen un nuevo y peligroso aumento de las tensiones entre EEUU y China. También existen preocupaciones de que los esfuerzos de EEUU por relocalizar las cadenas de suministro hacia países amigos y afines le resten eficiencia a la industria y alimenten la inflación.

Todas estas tensiones podrían representar un problema para los esfuerzos por mantener unidas las democracias de Europa, Asia y las Américas durante el próximo año. Pero aunque las divisiones dentro del "Occidente global" son perceptibles, pueden reducirse mediante cambios políticos inteligentes. Los responsables políticos estadounidenses están cada vez más conscientes de la angustia europea ante la Ley de Reducción de la Inflación y tal vez intenten ajustarla. Una política estadounidense más definida sobre las exportaciones tecnológicas a China también tranquilizaría a los aliados.

Sobre todo, los aliados de la OTAN deben acordar una posición común sobre el suministro de armas a Ucrania y hacerlo rápido, antes de que se intensifiquen los combates esta primavera. La unidad entre aliados democráticos que se logró en 2022 fue algo precioso. No debería desperdiciarse en 2023.

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