Sir Edmund Hillary miró para arriba y sintió un escalofrío en la espalda. Estaba enfrente a los 8.848 metros del Everest, la montaña más alta del mundo y a cuya cima hasta ahora ningún hombre había logrado llegar. Ese era su objetivo, pero tenía claro que si pretendía escalarla apenas con una mochila en la espalda eso era un pasaporte para una muerte segura en la oscuridad, congelado y solitario. Precisaba de una estrategia para lograr su meta y tenía que ser una estrategia viable y consistente que le permitiera alcanzar lo que hasta ahora ningún hombre había conseguido.
Derritiendo el Everest
Ariel Pfeffer brinda una guía de seis pasos básicos para construir una buena estrategia