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Detrás del asalto al Congreso: el verbo de Trump y el "cálculo" de los republicanos

La violenta irrupción en el Capitolio de los Estados Unidos pone en evidencia la interesada relación entre el presidente y su partido

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09 de enero de 2021 a las 05:04

La cuenta de Twitter de Donald J. Trump (@realDonaldTrump) anticipó literalmente desde el primer día de este año, incluso antes, lo que ocurrió el miércoles 6 de esta semana en la sesión conjunta del Congreso para calificar la victoria electoral de Joe Biden.

El presidente de Estados Unidos retuiteó numerosas veces desde el viernes pasado la convocatoria al gran rally de protesta que tendría lugar el día 6 a las 11:00 horas de Washington para detener el "robo" electoral del que habría sido víctima.

"El presidente nos está pidiendo que regresemos a Washington para una gran protesta. Estar allí será salvaje", decía el anuncio de la convocatoria.

Y "salvaje" resultó.

La protesta devino en asalto al Capitolio para impedir la realización de la sesión conjunta del Congreso que suele ser rutinaria y de trámite sencillo porque solo se trata, en tiempos normales, de convalidar lo resuelto por el Colegio Electoral luego de los procesos de certificación que realiza cada uno de los 50 estados de la nación americana.

Pero no son tiempos normales, como lo reiteran esos dramáticos e inimaginables sucesos del miércoles, con sus destrozos, enfrentamientos y muertes, que expusieron a los ojos del mundo la honda crisis de la democracia referencial de occidente. 

De súbito, la democracia de los Estados Unidos, de instituciones sólidas, eficientes y de larga data, que medio siglo atrás enjuició a su poderoso mandatario, Richard Nixon, y lo empujó a su renuncia, luce acorralada y agotada, inestable y desorientada.

El expresidente republicano George W. Bush fue aún más allá al admitir la visión "enfermiza y desgarradora" que le provocó el ataque al Congreso, y expresar que "así es como los resultados de las elecciones se resuelven en una república bananera, no en nuestra democracia".

Trump literal

En un texto para The New York Times, Ezra Klein, quien fue también columnista y editor en The Washington Post, hurga detrás de los sucesos del miércoles y pone el acento en el sutil argumento esgrimido por los republicanos para mantener su extraña, y a la vez necesaria, relación con el presidente Trump.

El argumento que surgió en paralelo con el sorprendente triunfo electoral de 2016 es que Trump debe ser tomado "en serio, pero no literalmente", un error en el que incurre la prensa, y por la que fue duramente cuestionada, al invertir los términos: "tomarlo literalmente, pero no en serio". ¿Hablaba en serio o literalmente cuando convocaba a un acto que "será salvaje"?

Klein recuerda que pocos días después de las elecciones de noviembre, el vicepresidente Mike Pence actuó de acuerdo a ese acomodaticio pensamiento de la dirigencia republicana. 

"Cuando Trump declaró que las elecciones fueron robadas, en términos tan contundentes como un puñetazo en la cara, Pence trató de tomarlo en serio, pero no de manera literal; así que fue solidario con la furia de Trump mientras se alejaba de sus afirmaciones reales", se lee en el New York Times.

Pence afirmó en Twitter que respaldaba al presidente Trump y, por tanto, se debía contar "cada voto legal".

Pero, ¿en verdad quería Trump que se contarán todos los votos legales? ¿O pretendía que se eliminaran aquellos votos legales sobre los que él arrojó la acusación de fraude, antes incluso de que se emitieran?

Trump, dice el diario neoyorquino, quería ganar, costara lo que costara y cualesquiera fueran los medios. 

El miércoles se reprodujo, fuera y dentro del Congreso, esa actitud hacia el presidente Trump entre sus propios seguidores: los que se lo toman en serio y los que lo toman al pie de la letra.

Klein apunta: "Dentro del edificio, un grupo de senadores republicanos, liderados por Ted Cruz y Josh Hawley, formulaban un desafío irresponsable a los resultados del Colegio Electoral. No tenían ninguna oportunidad de anular los resultados y lo sabían. No tenían pruebas de que los resultados debían anularse y lo sabían. Y no actuaron, ni hablaron, como si realmente creyeran que la elección había sido robada. Estaban allí para tomar en serio las preocupaciones de Trump, no literalmente sino con la esperanza de que los seguidores del mandatario pudieran convertirse en sus seguidores en 2024".

En las calles, frente al Capitolio, la multitud convocada para "detener el robo", sí tomó literalmente el mensaje. El presidente de los Estados Unidos les había dicho que hubo un fraude, que su victoria fue gigantesca y que se les estaba negando lo que "legítimamente" habían logrado.

Aún después de la violenta irrupción en el Congreso, los destrozos y choques con la policía, y las muertes  —cuatro manifestantes y un policía, hasta el viernes— Trump insistió en lo medular de su discurso. "Conozco tu dolor. Nos robaron una elección. Fue una elección arrolladora y todos lo saben", reiteró cuando les pidió a los manifestantes que regresaran a sus casas.

El artículo del NYT reconoce como la mayor virtud de Trump su literalidad y recuerda varios episodios: acusar a Hillary Clinton de amañar las elecciones cuando aún no se confirmaba su victoria, pedirle al presidente de Ucrania que investigara a Biden en una llamada grabada, negarse a una transferencia pacífica del poder en caso de derrota en esta elección "No hubo subterfugios por parte de Trump para los terribles eventos del 6 de enero. Invocó esta oportunidad, una y otra vez, hasta que sucedió".

"Cinismo"

Por otras vías de razonamiento, Alexander Sitlle, que dirige el programa de periodismo político de la Universidad de Columbia en Nueva York, hace apreciaciones similares a las de Klein en un artículo para El País de Madrid, en el que apunta hacia las "maniobras traicioneras" del Partido Republicano ejecutadas los últimos años que ahora le "han estallado en la cara".

"Con escasas excepciones, los dirigentes republicanos han intentado tener lo mejor de dos mundos: han querido aprovechar con fines electorales el tirón demagógico de Trump al tiempo que insistían en que eran un partido conservador normal dentro de un sistema democrático", escribe Stille.

La mayoría de los republicanos, impactados por la extraordinaria cifra de 75 millones de votos obtenidos por Trump aún perdiendo, consideran que el "trumpismo" es una estrategia ganadora y que el futuro del partido pasaba por encontrar a un Trump "más inteligente y disciplinado".

Y ahí surgen los senadores Hawley y Cruz por Misuri y Texas, que desarrollaron dentro del Congreso la estrategia para revocar el resultado electoral, sin posibilidades de éxito pero pensando en congraciarse con los partidarios de Trump. 

Stille cita al senador Ben Sasse, también republicano, que puso en Facebook que "hay un puñado de políticos ambiciosas que creen que hay un camino muy rápido de hacerse con la base populista del presidente sin que eso implique causar un daño tangible y duradero. Pero se equivocan".

Para el director del programa de periodismo político de Columbia, es "cinismo de una dimensión increíble", que los políticos que habían animado a los manifestantes desde el Capitolio sabían que no hubo fraude, como lo constataron funcionarios republicanos en varios de los estados bisagra, como Brad Raffensperger, el secretario de Estado de Georgia, que se enfrentó a Trump y le dijo que "la verdad importa" cuando el presidente le exigió buscar los votos que le dieran la victoria en ese estado del sur de Estados Unidos.

Stille apunta también hacia los medios que durante 35 años, afirma, han difundido teorías de la conspiración y acusaciones temerarias. "En 1987, el presidente Reagan derogó el llamado Principio de Imparcialidad. Esta ley exigía a las emisoras de radio y televisión que mostraran diversos puntos de vista y se atuvieran a unos criterios de responsabilidad periodística. En 1988 Rush Limbaugh empezó a emitir su programa en múltiples radios. En 1995 empezó a emitir Fox News. Estos medios impusieron la idea de que se podía decir lo que fuera, sin importar si era demostrable o no. Desde entonces no han dejado de crear una realidad alternativa", dijo.

 

 

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