25 de noviembre de 2014 17:33 hs

Diego Presa se forjó como músico junto al colectivo artístico Buceo Invisible. Sin embargo, en 2012 decidió publicar sus canciones bajo su nombre. Ahora, con Trece canciones, su segundo trabajo, ofrece nuevamente un puñado de canciones íntimas y sutiles, que con apenas unas pocas palabras logra pintar pequeñas viñetas impregnadas de sensaciones.

Para Presa, la música es además su medio de vida. Hace más de 15 años es profesor de música para niños preescolares y escolares, tras abandonar sus estudios en psicología. “Es algo que me encanta. Si bien son líneas paralelas que no se tocan, hay algunas cosas que se emparentan. Es un espacio que yo necesito, más allá de lo económico. A nivel personal, intelectual y espiritual”, explicó.

En conversación con El Observador, Presa habló sobre su disco y cómo considera la música un oficio.

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Este disco marca una diferencia. De componer y grabar su primer trabajo por entero en solitario, ahora se puso a las órdenes de Alejandro Ferradás como productor. ¿Por qué decidió tomar este nuevo camino?
En general yo compongo solo. Con Buceo Invisible, sobre todo en los últimos años hemos logrado ciertos métodos de trabajo más colectivos a la hora de la composición. Una vez que tuve una serie de canciones, en ese momento pensé en abrir la cancha y, por ejemplo, llamar a otro músico para que trabajara como productor artístico, cosa que nunca había hecho antes. Fue natural hablar con Alejandro. Veníamos de hacer un concierto juntos y se había logrado una comunicación musical interesante. Me encanta El ángel azul, el último disco de Darnauchans que produjo Alejandro, conocía su trabajo y me parecía que era lógico trabajar con él y sus músicos. Se dio de una manera muy natural.

¿Extrañaba trabajar con otras personas?
En realidad no (risas). El trabajo con Buceo Invisible fue ininterrumpido durante estos 17 años. Para mí el trabajo colectivo es muy natural –de nuevo la palabra natural– y muy cotidiano. Se trató de explorar una nueva manera de trabajo. Nuestro trabajo en Buceo ha sido muy endogámico. De alguna manera siempre estamos apuntando hacia adentro. Si bien obviamente en los últimos años la gente nos ha conocido más y tenemos tres discos grabados, tenía ganas de probar cómo trabajan otros músicos, cómo es grabar en un estudio profesional, con un productor.

Ha comentado que su primer disco fue una manera de canalizar un montón de cosas que no tenían cabida en Buceo Invisible, ¿este disco sigue siendo así o el proyecto solista ya existe por sí mismo?
Es algo que estoy descubriendo todavía. Sobre todo descubriendo las diferencias entre esto que hago solo y lo que hago con Buceo. Cuando compongo una canción a veces es muy claro que lo voy a trabajar con ellos y a veces no. Hasta ahora se ha dado sin conflictos. Por ejemplo, ahora estamos grabando un disco con Buceo y en ningún momento hubo un ruido en cuanto al repertorio. Lo que tiene el colectivo de interesante es que no todo el tiempo estamos trabajando canciones, sino que también hay otro tipo de proyectos que juegan igual. De cualquier manera hay palabras que me cuesta usar con respecto a mis canciones. Por ejemplo “proyecto” o “carrera solista”. Probablemente sea problema mío. “Proyecto” lo asimilo al concepto de planificación, con determinados pasos a seguir o estructura. “Carrera” también, implica determinadas estaciones a recorrer para llegar a un fin. Yo no tengo claro cuál es el fin. Y tampoco tengo demasiado planificado lo que estoy haciendo. Hago canciones, que es algo que me es inevitable, que tiene que ver con mi vida cotidiana de forma muy pegada. No tengo demasiado claro cuáles son los caminos a seguir. No tengo demasiado claro cómo moverme en el “mercado”, en el ámbito musical. Voy encontrando algunos espacios y trato de hacer las cosas bien.

¿Lo considera más como un trabajo?
Sí, como un oficio. Me siento más cómodo en ese campo. En el pensar esta actividad como un trabajo.

Las canciones son para usted una sucesión de imágenes. ¿Cómo se construyen?
A veces son imágenes, a veces son ideas. Incluso son palabras o climas. En general me resulta muy difícil definir ese momento de traducción. Lo que sucede en mi cabeza. Es una sensación, de algo que necesita ser dicho. A mí me interesa mucho ese momento. Me interesa reflexionar sobre él pero no sé si puedo traducirlo en palabras. Y esa dificultad es de las cosas más interesantes del oficio. Esa cuestión de trabajar con un material que es muy difícil de definir. Sucede que una parte de este oficio es un poco incontrolable.

En este disco incluyó una canción S. Fair de Álvaro Bassi (miembro de Buceo Invisible en sus inicios y que falleció en un accidente en México en 2006), ¿Por qué eligió esa canción?
Álvaro Bassi, al que le decíamos El Bola, aparte de ser un amigo muy querido y muy importante en nuestras vidas, fue un maravilloso autor de canciones. Con una libertad creativa como creo que no he visto más. El Bola tenía muy pocos recursos musicales, era absolutamente autodidacta. Componía canciones preciosas y muy originales con esos pocos recursos aprendidos y con muchísimos recursos espontáneos. Dejó una serie de canciones grabadas, en algunos mails que nos mandó de México, en grabaciones mejores realizadas en Canadá. Te diría que hasta es una necesidad tocar una canción de él. Me hace muy bien. Me hace tenerlo cerca. De alguna forma es traerlo. Con Buceo tenemos el proyecto de editar un disco el año que viene con sus grabaciones originales. Es algo que ya estamos listos para hacer y es algo muy interesante para compartir con la gente.

Ha comentado que Mis incendios es una de las canciones más personales.
Sí. Probablemente me haya abierto a escribir cosas más íntimas. Está escrita de forma más directa que otras canciones. Menos elíptica. Pero es algo que hago todo el tiempo. Me cuesta escribir fuera de mí. Como hacen algunos autores que narran historias en las que no hablan de ellos directamente. En algunas ocasiones me he abierto más hacia lo narrativo. Tratar de ponerme en el lugar del otro y generar personajes. Pero en general hablo desde mi yo lírico.

Pasando a su labor como docente, ¿siente que aprende cosas con los niños?
Totalmente. Parece algo demagógico pero es cierto. Ya la relación en sí vale la pena. Más allá de lo que pueda aprender o llegar a dar. La relación en el aula de por sí es una experiencia que vale la pena. Como experiencia humana. En relación con el oficio de cantautor, sin duda ha sido importante. Me paso cantando y compartiendo música todo el día. Lógicamente eso ha sido parte de mi formación.

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