26 de agosto de 2014 19:23 hs

El presidente estadounidense Barack Obama autorizó vuelos de vigilancia en cielo sirio para monitorear a los extremistas del Estado Islámico (EI) que operan en ese país y en Siria. La medida es considerada una antesala de un potencial ataque aéreo en el país gobernado por Bachar al Asad y en guerra desde marzo de 2011, un cambio en la política internacional estadounidense que ubicaría a Washington como aparente aliado del dictador sirio.

El 8 de agosto Estados Unidos comenzó a realizar ataques aéreos contra las posiciones del EI en el norte de Irak. Pero la decapitación del periodista estadounidense James Foley por parte de combatientes del grupo ultrarradical sunita en territorio sirio hizo que se replantearan los términos de la ofensiva y Washington comenzó a pensar más seriamente en protagonizar un rol más activo.

El lunes de noche oficiales de Defensa revelaron que el Pentágono ya estaba enviando aviones de reconocimiento y espionaje sobre Siria, tripulados y no tripulados.

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Un portavoz del general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto, confirmó que están evaluando algunas opciones bélicas contra el Estado Islámico y destacó la necesidad de formar “una coalición de socios regionales y europeos competentes”.

Otros dos funcionarios estadounidenses reconocieron también la preparación de opciones de ataque contra Estado Islámico en Siria, y uno dijo que los planes estaban en marcha desde hace semanas. Sin embargo, ninguno de los funcionarios sugirió que las acciones militares estadounidenses fuesen inminentes.

Hace poco más de un año, en julio de 2013, Obama estuvo a punto de bombardear Siria pero se arrepintió a último momento tras dimensionar el aislamiento político que sufriría en un país cansado de las guerras. Hasta el momento el presidente se había mostrado antipático frente a los compromisos bélicos en Medio Oriente. Retiró las tropas de Afganistán e Irak y las campañas que realizó contra Al Qaeda en Pakistán y contra Muamar Gadafi en Libia fueron relativamente limitadas.

Pero ahora la situación es distinta, pues el conflicto sirio se demostró más largo, se entremezcló con el iraquí y recordó que son cerca de 3.300 los occidentales que se involucran en esa guerra santa y que luego podrían llevar el terror otra vez a Estados Unidos.

Giro en la política exterior

Todo esto, claro está, supone ahora un desafío a la política exterior del gobierno, construida sobre la base de que la “marea de la guerra está retrocediendo” y algunos sectores comienzan a exigir con más fuerza una intervención directa en Siria. Es el caso de los dirigentes republicanos, que el domingo reprocharon a Obama el no haber podido abortar las potenciales amenazas nuevas al territorio estadounidense. Pero también es el reclamo del diario Washington Post, que lamentó que el gobierno haya “minimizado” la amenaza de los extremistas en Siria e Irak.

Sin embargo, un intento serio de detener al EI en la difusa frontera entre Irak y Siria amenaza con convertirse en el tipo de compromiso que el Ejecutivo estadounidense quiere evitar.

En gran medida, porque los del EI combaten contra el oficialismo en Irak y en Siria, y por lo tanto luchar en su contra sería apoyar de modo indirecto a Al Asad en su enfrentamiento con los rebeldes. “No consideramos que estemos en el mismo bando simplemente porque haya un enemigo común”, trató de explicar el lunes Jennifer Psaki, portavoz del Departamento de Estado.

Asimismo, el líder sirio advirtió de modo expreso que está dispuesto a cooperar con la comunidad internacional e incluso con EEUU en contra de los yihadistas, pero subrayó que todo ataque en su territorio debía hacerse con su cooperación, pues de lo contrario lo consideraría una “agresión”.

Para no apoyar a Al Asad

En un intento por evitar quedar como un aliado de Al Asad –un líder al que Estados Unidos hace años quiere fuera del poder–, pero con la voluntad de silenciar a los extremistas, Washington evalúa hacer bombardeos hacia territorio sirio desde el cielo iraquí.
De acuerdo con el New York Times, los aviones de EEUU pueden volar en Irak cerca de la frontera y desde allí utilizar armas de largo alcance. También podría enviar señales para confundir al sistema defensivo aéreo sirio o hacer imposible que los radares detecten a las aeronaves norteamericanas.

Josh Earnest, portavoz de la Casa Blanca, confirmó que “no hay ningún proyecto de coordinación con el régimen de Al Asad” para realizar bombardeos en Siria.

Aunque las autoridades han estado reticentes a dar detalles de la posible ofensiva sobre Siria, el vocero del jefe del Estado Mayor Conjunto consideró que el Estado Islámico debe ser presionado en Irak y Siria, y que derrotar al grupo requerirá de un esfuerzo sostenido durante un período prolongado, “y de mucho más que una acción militar”.

Por otra parte, si bien es cierto que la campaña aérea lanzada por EEUU este mes ha causado algunos reveses al grupo islamista, hasta ahora no se ha abordado el problema de fondo de una guerra sectaria que el grupo ha alimentado con ataques contra los chiitas.

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