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Ejemplos de presente y de futuro

A pesar de que a algunos barrios se los conoce solo por la crónica roja y las permanentes malas noticias, es clave destacar ejemplos de lo contrario que pasan allí, donde el “sí se puede” cobra fuerza

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11 de noviembre de 2018 a las 05:00

Un día cualquiera, en un bar cualquiera (bueno, no en uno cualquiera sino en uno especial de Pocitos), un mozo cualquiera (bueno, no un mozo cualquiera sino un mozo con 40 años de experiencia en su trabajo, mucho sentido de responsabilidad y muy buen humor) uno puede tener una conversación como la siguiente. Para mí, dice el mozo en cuestión, el cliente es lo primero (yo pienso para mis adentros ¿leyó a Jeff Bezos?). Y sigue. Lo he practicado toda la vida. Me lo enseñaron nada más comenzar en esta tarea. El otro día le dije a un compañero a la vista del dueño del comercio: el alimento no se toca con la mano. Mi compañero, mucho menor, tomó un pescado, lo cocinó, lo tomó con las manos y lo puso en el plato. Te dije, continuó, que eso no se hace. Tomé el pescado y lo arrojé a la basura. Eso así no se lo llevo al cliente. Y al mismo tiempo, me dirigí al jefe y le dije, descuéntemelo de mi salario pero mientras yo esté aquí, la comida no toca con las manos, como usted sabe bien que es norma en este comercio.

Y le pregunté: ¿se lo descontó? Me miró y me dijo: al final no, aunque yo le insistí que sí. Yo cuido a los clientes de este establecimiento tanto como si fuera de mi propiedad. Me quedé admirado. No es el sentimiento habitual aunque hay muchos mozos serios en muchos establecimientos gastronómicos de este país. Gente que siente orgullo por su tarea y gente que sabe que el cliente es lo primero sin haber oído hablar siquiera de Jeff Bezos ni de Amazon. Gente que valora el trabajo que tiene y que lo hace  lo mejor posible. Y que quiere transmitir esa experiencia a los que vienen detrás suyo. Gente con un gran sentido de responsabilidad, que es lo que hace grande este país y muchos otros países.

Y le pregunté: ¿se lo descontó? Me miró y me dijo: al final no, aunque yo le insistí que sí. Yo cuido a los clientes de este establecimiento tanto como si fuera de mi propiedad. Me quedé admirado.

Este sucedido, en persona y hace dos semanas en esta ciudad, es lo que me lleva a mirar el futuro con optimismo, a pensar que no se puede dejar que el desaliento gane la partida, a que los cultores del “no se puede” terminen imponiéndose.

Del “no se puede” escribió hace poco en Facebook Gonzalo Frasca, diseñador de videojuegos e investigador académico y que acaba de ser reconocido en Finlandia por un videojuego para enseñar Matemáticas, luego de visitar el Centro Educativo Los Pinos, situado en Casavalle. 
He aquí su relato: “Lo que quería mencionarles fue una conversación que tuve con tres alumnos, adolescentes. Estaban en un corredor, junto a su profe, trabajando en un programa de 3D. ‘Estamos haciendo una nueva versión de nuestro cohete’, me dijeron. Mi experiencia personal con cohetes en centros educativos se limita a tubos de cartulina con brillantina, pegotines de estrellas y algodón en la base para simular humo. En pocos minutos comprendí que las cosas cambiaron un pelín desde que yo fui a la escuela. Los gurises me contaron que ya habían lanzado una primera versión. El combustible lo hicieron con la profe de química. ‘Hablamos con la Fuerza Aérea y nos cerraron el espacio aéreo para lanzar el cohete. Hubo que esperar un poco más de lo previsto porque tuvo que pasar un avión’. El cohete llevaba sensores metereológicos que construyeron y programaron ellos mismos con arduino. O sea, no era ni por asomo un juguete. Me siguieron explicando. El nuevo prototipo de cohete ya no tendrá paracaídas, sino que caerá con hélices. Lo imprimieron en 3D pero si es muy potente y vuela muy alto habrá que ver de hacerlo en otro material porque la fricción con la atmósfera lo derretiría. Yo iba preparado para encontrarme con los malos del Código Da Vinci y me encontré con tres liceales dirigiendo la NASA en medio del cante. Antes de irme, medio en joda medio en serio le pregunté a los estudiantes: ‘el paso siguiente es un satélite, ¿no?’. Uno de ellos apenas levantó la vista de la computadora y con toda la seriedad del universo me dijo ‘puede ser’.  Si yo les digo Borro, Casavalle, Marconi, probablemente la cabeza se nos vaya para el lado de la crónica policial. Y sin embargo, antes de ser un barrio, Marconi fue un italiano premio Nobel de Física, pionero de las radiocomunicaciones, quien casualmente en 1910 vivió un tiempo en Uruguay. ¿Es un delirio absoluto pensar que un barrio estigmatizado puede en pocas décadas transformarse en un lugar de ciencia digno de su ilustre nombre? En lo personal, yo creo que es un delirio, una fantasía. Pero hay tres adolescentes que dicen que ‘puede ser’”.

Hasta aquí Gonzalo Frasca. Y seguro que hay muchos otros ejemplos de este estilo. De mozos que cuidan a sus clientes más que a sí mismos y de chicos que viven en un cantegril de los que son conocidos por la crónica policial y no por los éxitos astronómicos pero a los 12 años lanzan cohetes de verdad y sueñan con lanzar un satélite. Y del propio Frasca en Finlandia. No ven límites a sus sueños aunque el entorno más bien tira para abajo.
Por eso, el “sí se puede” no depende del entorno sino de cada uno. Y este país despegará dependiendo de lo que cada uno haga.  

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