El técnico de la selección cambió pocas cosas que hicieron la diferencia, y convenció de su plan a los jugadores referentes, toda una prueba de fuego tras 15 años de proceso Tabárez
De pronto, todo cambió. El humor popular respecto a la selección uruguaya volvió a ser el que no se veía al menos hace cuatro años, antes del Mundial de Rusia. La gente volvió a vibrar con el equipo, que mostró otra cara respecto a la versión del fin de la era Óscar Tabárez, cuando la buena propuesta al arranque de los partidos se quedaba sin respuestas anímicas una vez que el resultado era adverso. Cambió la estampa del DT: hacia afuera, Diego Alonso comunicó la impronta lógica de su edad. Muy activo, movedizo, dando indicaciones los 90 minutos, y con bastante más apertura al hablar de conceptos futbolísticos con la prensa. Hacia adentro introdujo algunos cambios en la forma de trabajar, incorporando más tecnología, cerrando las puertas a cualquier espía o periodista. Y renovó el estilo de juego, con una propuesta más compacta y pragmática, que presiona arriba, recupera y busca el arco rival. También cambiaron algunos nombres: el nuevo DT citó algunos jugadores que no habían sido tenidos en cuenta por su antecesor (Pellistri, Olivera, Rochet) y puso otros en nuevas posiciones (Araújo). Y sobre todo, acertó en la conformación del equipo y fue audaz, consciente de los rivales que tenía enfrente.
O quizás no haya cambiado tanto. Quizás la diferencia es la lógica que hay entre enfrentarse a Brasil, Argentina y Bolivia de visitante, y hacerlo con Paraguay y Venezuela, los dos últimos de la tabla. Quizás esos atributos que le elogiamos al equipo de Alonso se los hubiésemos visto al de Tabárez de haber continuado. De hecho, era una oportunidad dorada para el nuevo DT: asumir el cargo con uno de los fixtures más accesibles entre los rivales que pelean la clasificación. Seguro que lo que vimos del nuevo entrenador es importante, pero tampoco puede tomarse como definitivo.
Cada uno elegirá la respuesta, pero probablemente la realidad esté en el medio. Alonso, como la mayoría de los entrenadores que llegan a un equipo, sacudió las estructuras de la selección uruguaya. Formado bajo la escuela de Julio Ribas, aquel apasionado entrenador que llevó a Bella Vista a la Libertadores y a Peñarol a ganar un Uruguayo en el Campeonato 1999, el nuevo DT de Uruguay tomó de su mentor la pasión con la que trabaja, la motivación como herramienta para llegarle a los jugadores, la obsesión con los detalles, como el hecho de cubrir con una lona el alambrado del Complejo Celeste para que nadie pudiera ver los entrenamientos, o las más de 12 horas diarias que trabajó en el centro de operaciones de la selección desde el día en que asumió funciones.
Pero no solo eso. Alonso logró convencer a jugadores, al staff del Complejo Celeste y a los dirigentes. Una muestra es que, en la semana de entrenamientos, no se filtró nada sobre el equipo titular de ambos partidos, y como pocas veces la prensa estuvo casi a ciegas. Eso, que para los periodistas es un gran problema, es dificilísimo de lograr, y refleja el compromiso de todos los que estaban alrededor del mundo selección.
También logró un saludable clima de paz y cordialidad. No se supo de un solo problema en la interna, más allá de que había argumentos para que se dieran cortocircuitos: por el cambio de entrenador, por los jugadores que no citó, por los casos de covid que amenazaron con complicar la situación, por la tensión de jugarse puntos vitales para seguir con chance de clasificar al Mundial.
Que no existieran grandes problemas internos es lo mínimo exigible a jugadores super profesionales. Sin embargo, teniendo en cuenta el peso de 15 años de proceso Tabárez, el rol activo que tomaron los jugadores en varios temas durante ese período, los privilegios que fueron ganando en la relación con la AUF, es relevante que no solo no se escuchara una sola crítica a la decisión de cambiar de DT, sino que mostraran un renovado entusiasmo y actitud. Algunos de los referentes, como Godín o Suárez, jugaron sus mejores partidos en mucho tiempo. Eso también es mérito del DT.
Ante todo, el cambio por Alonso refleja una novedad en un Uruguay en el que para los jóvenes es difícil ascender, en el que los líderes políticos, empresariales o deportivos se quedan años anquilosados en sus cargos. La AUF decidió cambiar (si fue temprano o tarde es discutible), sacudió estructuras y dejó que entrara aire fresco a la selección. La primera muestra fue positiva, y dejó a la celeste a un pasito del Mundial.