La joven Li Xue únicamente tiene en su poder una partida de nacimiento pero su nombre no figura en ella. A ojos del Estado no es nadie, ni siquiera un ciudadano de una categoría o casta inferior. El anonimato en carne propia lo viven millones de chinos que no fueron primogénitos y que sus nacimientos van en sentido contrario a lo que establece la "ley del hijo único".