30 de octubre de 2026 5:00 hs

Yingcong Deng, experto sénior del Industrial Internet of Things Hub (IIoT) de McKinsey y de la oficina de la compañía en Shanghái, China, visitó Uruguay en las últimas semanas.

Durante su estadía en el país, el especialista recorrió las plantas de clientes de diversas áreas, incluyendo industrias como la láctea, celulosa, contrachapado y farmacéutica.

El objetivo del ejecutivo, que cuenta con más de 12 años de experiencia en el desarrollo de tecnología de automatización y ha publicado más de 60 patentes relacionadas con la innovación, fue ayudar a estas empresas a identificar oportunidades de mejora en la productividad laboral a través de la automatización.

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En diálogo con Café y Negocios, el especialista sostuvo que en Uruguay la adopción de automatización estándar, es decir aquellas soluciones que vienen listas para implementar, muestra un nivel de madurez elevado. Sin embargo, en el uso de sistemas que exigen un diseño a medida del producto o proceso, la adopción aún es baja.

“Uruguay cuenta con características que lo convierten en un mercado de prueba interesante para ciertas soluciones de automatización e inteligencia artificial”, señaló.

Además, mencionó que una estrategia nacional clara sobre manufactura avanzada, el apoyo mediante políticas públicas y la formación de ingenieros de alta calidad son las lecciones clave que Uruguay podría tomar como referencia de la experiencia China.

En materia empresarial, Deng explicó por dónde deberían empezar las empresas medianas, un segmento con amplia presencia en Uruguay. También habló de empleo, retorno de inversión y productividad y adelantó el cambio más importante que se está viviendo en el sector.

“Para 2040, podríamos pasar de soluciones de automatización diseñadas para una tarea específica a robots capaces de adaptarse a diferentes tareas, e incluso de aprender observando cómo las realizan las personas”, adelantó.

Lo que sigue es un fragmento de la entrevista que Deng concedió a El Observador.

Yingcong Deng, experto sénior del Industrial Internet of Things Hub (IIoT) de McKinsey y de la oficina de la compañía en Shanghái, China

Yingcong Deng, experto sénior del Industrial Internet of Things Hub (IIoT) de McKinsey y de la oficina de la compañía en Shanghái, China

Desde su perspectiva tras la visita, ¿cuál es el nivel actual de madurez de Uruguay en automatización y robótica?

La adopción de automatización estándar, es decir aquellas soluciones que vienen listas para implementar, muestra un nivel de madurez elevado. En contraste, en el uso de sistemas que exigen un diseño a medida del producto o proceso, la adopción aún es baja.

Por otro lado, si se analiza a los proveedores de tecnología en robótica y automatización, durante mi recorrido no encontré máquinas o robots fabricados en el país. La mayoría de la tecnología y los equipos especializados se importan de países europeos como Francia, Alemania o Finlandia. Lo que me sorprendió es que la mayoría de los clientes están comprando tecnologías de automatización a proveedores europeos de alto costo.

Al observar la economía y la base industrial de Uruguay, ¿dónde ve las mayores oportunidades para la automatización?

Uruguay tiene buenas oportunidades para la adopción de automatización, ya que ofrece un entorno favorable para probar nuevas tecnologías en su base industrial. Esto le otorga una buena posición para validar nuevas soluciones y, una vez que la tecnología esté completamente verificada, aprovechar las economías de escala para luego promoverla en otros país es de América Latina.

Una mediana empresa uruguaya que nunca ha automatizado su producción, ¿por dónde debería empezar?

Para las empresas medianas, por lo general no recomendamos que intenten desarrollar capacidades internas de diseño de automatización desde cero, sino que aprovechen la experiencia de integradores externos de sistemas para impulsar sus proyectos.

Si tuviera que resumir por dónde comenzar, el primer paso sería identificar el potencial real convocando a expertos globales en automatización que realicen un diagnóstico integral y construyan una hoja de ruta basada en la viabilidad técnica y el retorno de la inversión. A partir de allí, el siguiente paso consiste en mapear y seleccionar a los proveedores adecuados, buscando socios con experiencia comprobada en cada arquetipo de solución tecnológica para armar una red de soporte confiable.

Finalmente, resulta fundamental construir capacidades internas de gestión formando un equipo técnico que pueda supervisar y guiar a los proveedores, trabajando codo a codo con los integradores externos para asegurar el éxito del diseño y la implementación.

¿Cuánto tiempo tarda generalmente una empresa en ver el retorno de su inversión en automatización?

Esto depende en gran medida de la industria, del arquetipo de la solución y de dónde se adquiera la tecnología de automatización. En nuestra experiencia con clientes industriales, hemos observado reducciones de hasta dos tercios en los períodos de retorno de inversión en automatización mediante la diversificación de proveedores e incorporación de alternativas más competitivas.

La automatización suele analizarse en términos de productividad, pero también plantea interrogantes sobre el empleo. En los proyectos en los que ha trabajado, ¿qué sucede con los trabajadores cuando se automatiza un proceso?

Cuando se automatiza una tarea repetitiva, el trabajador puede dedicar más tiempo a actividades que requieren criterio, resolución de problemas, interacción y toma de decisiones.

En el informe de McKinsey “Agentes, robots y nosotros: cómo la IA redefine el trabajo y las habilidades en América Latina”, hallamos que el 57% de las horas de trabajo actuales en América Latina podrían automatizarse. Sin embargo, esto no es una proyección de pérdida de empleos, ya que la mayoría de los puestos combinan tareas automatizables con otras que requieren juicio, contexto, decisiones, relaciones interpersonales y responsabilidad humana.

Por ejemplo, un sistema de inteligencia artificial puede analizar información y detectar un problema, pero aún se necesita a un trabajador para interpretar la información, tomar una decisión o asumir la responsabilidad del resultado. Con la IA, las personas pueden dedicar menos tiempo a tareas rutinarias y más tiempo a dirigir, interpretar y mejorar el trabajo de los sistemas automatizados.

¿Podría Uruguay convertirse en un mercado de prueba o en un hub regional para ciertas soluciones de automatización o inteligencia artificial?

Uruguay cuenta con características que lo convierten en un mercado de prueba interesante para ciertas soluciones de automatización e inteligencia artificial.

Varios factores juegan a su favor. Por un lado, es un país relativamente pequeño, y esa escala puede ser una ventaja para probar una tecnología, desarrollar un caso de uso y medir resultados antes de llevarlos a mercados más grandes.

Por otro lado, como señala el informe de McKinsey sobre América Latina, Uruguay tiene un perfil de automatización particularmente interesante, con una proporción significativa de trabajo no físico y, por lo tanto, un potencial relevante para soluciones basadas en inteligencia artificial.

¿Qué debería desarrollar el país para que esto suceda?

La primera prioridad son el talento y las capacidades. La demanda de habilidades relacionadas con la inteligencia artificial está creciendo muy rápidamente en América Latina, y la alfabetización en IA será cada vez más importante.

La segunda es la preparación organizacional: las organizaciones necesitan la madurez y la capacidad para incorporar la tecnología en sus procesos.

Un tercer elemento es aprender a rediseñar el trabajo. Gran parte del valor no proviene simplemente de automatizar una tarea, sino de rediseñar los flujos de trabajo combinando personas, agentes de inteligencia artificial y robots.

China ha realizado grandes inversiones en automatización industrial y robótica. ¿Qué lecciones de su experiencia podrían ser relevantes para un país como Uruguay?

Hace 10 años, China diseñó la estrategia “Made in China 2025”, con un fuerte apoyo gubernamental para que los fabricantes adoptaran soluciones digitales y de automatización mediante subsidios. Esto generó una sólida demanda de automatización e impulsó el surgimiento de miles de empresas del sector con altos estándares tecnológicos y de calidad a costos competitivos.

China se ha vuelto muy competitiva en robótica y automatización. Sus ventajas clave son el ecosistema de suministro más eficiente y recursos de ingeniería altamente rentables, lo que hace que los costos de automatización en China sean generalmente entre un 50% y un 80% más económicos que los de proveedores europeos, con plazos de entrega entre 2 y 3 veces más rápidos.

Además, el sistema educativo de China genera millones de ingenieros con formación científica y tecnológica, creando una amplia reserva de talento para respaldar el desarrollo de tecnologías de robótica y automatización. Una estrategia nacional clara sobre manufactura avanzada, el apoyo mediante políticas públicas y la formación de ingenieros de alta calidad son las lecciones clave que Uruguay podría tomar como referencia.

¿Cómo está cambiando la inteligencia artificial la automatización industrial en comparación con los sistemas de hace 10 o 12 años? ¿Cuál cree que será el próximo gran avance tecnológico en este campo?

El cambio más importante que estamos experimentando es el paso de una automatización enfocada en tareas específicas hacia sistemas más flexibles.

Durante mucho tiempo, los robots industriales se programaban para realizar tareas en entornos estructurados. Hoy en día, la nueva generación de robots avanza hacia sistemas capaces de percibir, aprender y adaptarse a lo que sucede en su entorno.

Para 2040, podríamos pasar de soluciones de automatización diseñadas para una tarea específica a robots capaces de adaptarse a diferentes tareas, e incluso de aprender observando cómo las realizan las personas.

El próximo gran avance reside en la combinación de la Inteligencia Artificial y la Robótica, en lo que en McKinsey llamamos IA encarnada o IA física (embodied AI). La idea es que la inteligencia artificial vaya más allá de la pantalla de la computadora e interactúe con el mundo físico de formas cada vez más sofisticadas.

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