La discusión acerca de la sobreproducción en la música y el abuso del Auto-Tune se viene llevando a cabo desde hace ya varios años. En mayo del 2010, la revista Time nombró al Auto-Tune como uno de los 50 peores inventos. A su vez, numerosos artistas repelen su uso y critican a quienes lo hacen. Pero se concentraron solamente en su uso negativo.
Nuevos artistas están considerando al endemoniado programa como una oportunidad, tanto para desarrollar la creatividad, como alcanzar diferentes formas de expresión. Estos músicos utilizan la herramienta para arreglar, distorsionar y transformar la voz humana.
Karin Dreijer Andersson es la mitad cantante del dúo sueco The Knife y bajo el seudónimo Fever Ray realiza su trabajo solista. Para ella, su voz no tiene límites. Oscila entre tonos altos y bajos; su voz se enlentece y acelera; distorsionándola hasta lo irreconocible. En una entrevista con la revista canadiense Exclaim, Dreijer Andersson afirmó que considera a la voz como un instrumento, tratándola como un sonido más. Explicó además que su interés está en el trabajo de voz, al punto de intentar destruir la construcción del género.
Sus canciones se componen de capas y capas de voces: la suya y las modificadas, creando una unidad esquizofrénica, que a través de su artificialidad logra sembrar emociones. Su voz por momentos oscila entre lo femenino y masculino, y por otros llega al punto de la total indefinición. Esa irritación en el oyente al no lograr definir qué es lo que escucha, es precisamente lo que ella busca.
Mientras que la música de The Knife mantiene aún rastros de la electrónica más pop y accesible, el disco Fever Ray (2009) es mucho más experimental, y posee igual cantidad de tratamiento digital en las voces. Sus intenciones para la aplicación de los sintetizadores de voz son claras: le permiten crear atmósferas de oscuridad, donde su voz parece que proviniera de distancias sepulcrales. De esta forma ha logrado construir un sonido propio, estremecedor y misterioso. Precisamente por estos ambientes que recrea, Fever Ray fue convocada este año para contribuir a la banda sonora de la película La Chica de la Capa Roja, con su tenebrosa canción The Wolf.
Otro de los artistas que incorpora el Auto-Tune a su composición musical es el americano Justin Vernon, mejor conocido como Bon Iver. Su primer álbum, For Emma, Forever Ago (2008), atrajo grandes halagos en la prensa, pero logró mayor reconocimiento con su EP Blood Bank (2009), precisamente cuando Kanye West, uno de los grandes usuarios del Auto-Tune, lo llamó para participar de su último disco My Beautiful Dark Twisted Fantasy (2010).
El track “Woods”, de Bon Iver se transformó en el leitmotiv de Lost In The World de West. Esta unión de apariencia despareja, –West de pura cepa hiphopera, y Bon Iver enmarcado en el indie folk–, se vio definitivamente ligada a través del Auto-Tune. Acerca de esto, el cantante comentó a Rolling Stone que el punto en común entre ellos se encuentra precisamente en usar esta herramienta como instrumento para dar textura a la música.
Con una letra repetitiva, Woods va creciendo en intensidad. Sin ningún acompañamiento instrumental, las voces de Vernon se superponen infinitamente, formando tersas y emocionales oleadas de sonido. Son las diferentes melodías y la variedad de tonos lo que la hacen tan escalofriantemente atractiva. Sin embargo, no es la única canción teñida por el Auto-Tune y no será la última. Actualmente Bon Iver se encuentra a punto de lanzar su disco homónimo. Oficialmente se lanzará el 21 de junio, pero en el sitio web www.npr.org ya se puede escuchar por entero. Su primer single, Calgary ofrece mucha más producción instrumental que Woods, pero mantiene la personalidad y la voz etérea que construyó en sus pasados álbumes.
El inglés James Blake también encontró en el Auto-Tune un camino para expandir su creación. El cantante y compositor de 21 años se basa en el piano, bajos profundos y samples de R&B para crear canciones con influencias de la electrónica británica y el pop más experimental. Desde 2010 editó EPs y en febrero de este año lanzó su primer álbum homónimo. Su último corte, Lindisfarne, comienza con su voz robotizada, sin instrumentación, para luego desembocar en un ritmo firme y arpegiado, comandado por una variedad de voces que aparecen y se desvanecen cíclicamente.
Su música tiene puntos de conexión con Bon Iver, pero resulta menos orgánico y más electrónico. En Lindisfarne –nombre de una pequeña isla británica– aparece un reflejo de la soledad al igual que en Woods, así como también una letra repetitiva, pero que aquí resuena más como estribillo y menos como mantra.
El Auto-Tune en la música de James Blake es también un instrumento más. Al respecto, el artista comentó al blog Pitchfork que utilizando esta herramienta es la única forma para alcanzar cierto sonido y distorsionar su voz. Al fin y al cabo, no se necesita cantar mal para poder utilizar el Auto-Tune.