A Mac DeMarco lo están avejentando los cigarrillos. Tiene 25 años, pero debajo de sus gorras de beisbol, sus remeras gastadas con dibujos de Los Simpson y sus zapatillas Vans, parece haber unos cuántos años más. Tal vez sea por su aspecto bonachón y desalineado que, junto a su comportamiento bufonesco, lo hacen parecer (irónicamente) más adulto de lo que es. O tal vez se deba a que en los últimos tres años, el canadiense alcanzó el aclamo mundial al convertirse en una de las últimas grandes estrellas de la escena musical independiente.
DeMarco
se presentará hoy en Uruguay en
La Trastienda, en uno de esos extraños casos en que un artista internacional viene al país en uno de los mejores momentos de su carrera. El concierto de esta noche será la excusa para presentar su último trabajo, un miniálbum titulado
Another one, que el músico lanzó en agosto y que grabó meses antes desde su hogar en Queens, Nueva York. Son ocho canciones de amor que DeMarco compuso entremedio de giras y un año después de haber lanzado
Salad days, el álbum responsable de su meteórico ascenso.
Pero antes de convertirse en el niño mimado de publicaciones como el sitio
Pitchfork o la revista
RollingStone, DeMarco trabajaba en el turno nocturno de un minisúper en Montreal, al mismo tiempo que se ofrecía como conejillo de indias humano en investigaciones para obtener algo de dinero. En 2012, sin embargo, logró llamar la atención del sello Captured Tracks con su álbum
Rock & roll night club. Con ellos publicó el disco 2, y empezó a conquistar los blogs, los clubes nocturnos y, eventualmente, los grandes festivales internacionales.
En los últimos tres años, el canadiense alcanzó el aclamo mundial al convertirse en una de las últimas grandes estrellas de la escena musical independiente
Con shows cargados de macacadas, que en algún momento incluyeron desnudos en vivo y que hoy devino en instancias de crowdsurfing, la energía adictiva de DeMarco sobre el escenario comenzó a propagarse. Y mientras el joven se acentuaba como un
frontman brioso, su
música relajada ganaba reproducciones en YouTube y Soundcloud Es que no es nada difícil dejarse llevar por la música de DeMarco.
Desde su hit Ode to Viceroy (en la que le canta a una marca canadiense de cigarrillos baratos) o su balada Still together (dedicada a su novia), la atmósfera relajada creada por estribillos inescapables y guitarras de melodías puntiagudas con riffs pegajosos hicieron de su música de aspecto lo-fi un cántico de calidad la maduración libre de preocupaciones.
El "hakuna matata" del siglo XXI de DeMarco hizo que su público creciera y admirara sin cuestionamientos su capacidad para verse despreocupado, principalmente mientras toca y su cigarrillo se consume sobre el capo de su guitarra. Pero el canadiense es también respetado como un artista multinstrumental prolífico. En los últimos tres años ha grabado y publicado cinco álbumes de forma casera y tocando todos los instrumentos. Uno de ellos, instrumental, es presentado como "la banda sonora para un asado".
El álbum que lo trae a Uruguay, Another one, no solo lo ha alejado de las guitarras y acercado a los pianos y sintetizadores, sino que también lo muestra con un mayor crecimiento como letrista. Son canciones de amor aparentemente sencillas, pero que en realidad hacen una muestra contagiosa de un pop romántico introspectivo.
De todas formas, algunas costumbres no se pierden y como un artista fiel a su cercanía con sus seguidores, DeMarco incluyó al final de
Another one la dirección de su hogar en Far Rockaway, Queens, donde compuso el
disco frente a la bahía de Nueva York. Con una voz serena, De Marco invita sin problemas a sus fans a tomar una taza de café cuando quieran. Hasta ahora, más de 200 personas han ido por ella.
Es probable que la cita de hoy en La Trastienda sea protagonizada por mayores cantidades de cerveza que de café. Pero si hay algo que DeMarco y su banda –un grupo de músicos amigos igual de peculiar y payasescos que él– han garantizado en su gira mundial es la idea de pasar un buen rato, sin importar la bebida de turno.