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El cierre de la carnicería del barrio, una postal que se repite en Montevideo

Dejaron de funcionar más de una veintena de comercios y hay preocupación en gremial de propietarios

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09 de octubre de 2018 a las 05:00

En lo que va del año cerraron más de 20 carnicerías montevideanas debido a una serie de elementos que complicaron su viabilidad. Las razones son variadas y van desde la competencia con los supermercados, los aranceles que les cobran las diferentes tarjetas que utilizan los clientes para abonar la mercadería o los costos operativos para seguir en funcionamiento. Esa suma de aspectos jaquearon a los comerciantes que debieron bajar la cortina por la pérdida de rentabilidad.

El carnicero, que años atrás era visto por los clientes como un comerciante de confianza, debió enfrentar el avance de las grandes superficies que cada vez tienen una mayor oferta de productos y también compiten con los precios. Como argumento básico para convencer a los clientes, los propietarios que siguen trabajando señalan que es en las carnicerías donde se pueden encontrar a los mejores cortadores de carne o conocedores del oficio.  

“Las carnicerías que se mantienen es porque los supermercados no han podido sustituir al maestro carnicero, al que conoce el negocio; ese sigue subsistiendo”, señaló a El Observador el presidente de la Unión de Vendedores de Carne (UVC), Hebert Falero. Pero otros locales de venta  no pudieron hacerlo y en lo que va del año, se verificó el cierre de más de una veintena de carnicerías ubicadas en distintos barrios de Montevideo que formaban parte de la gremial.

“Hay mucha preocupación en el sector, estamos pasando una de las peores crisis después de la de 2002; no es igual, pero es bastante profunda”, advirtió el comerciante. La cantidad de carnicerías en problemas va variando. Algunos propietarios las cierran y las colocan a la venta o en alquiler. Al tiempo alguien adquiere alguna, funciona unos meses y vuelve a cerrar.

“Pasan por ese proceso hasta terminar convirtiéndose en una casa habitación”, explicó Falero.

El comerciante señaló que la competencia con los supermercados es cada vez más difícil. “Utilizan alguna carne como llamador, por ejemplo la bondiola de cerdo. La podrán comprar a $ 3 menos el kilo que las carnicerías, pero la venden $ 30 más barata; no les importa porque tienen dos mil productos para licuar los costos”, afirmó. Pero además, se da otra lógica en los compradores. El que llega atraído por un precio conveniente, como el de la bondiola, después termina adquiriendo otros cortes de carne.

“La gente compra donde está más barata y cuando después vuelve a la carnicería dice: 'El carnicero es un ladrón, me cobra más caro'”, relató.

Aranceles, costos  y rentabilidad

El presidente de la UVC también contó que el mayor uso de de medios electrónicos de pago de los clientes, promovido por el gobierno a través de la Ley de inclusión financiera, genera problemas de rentabilidad en las carnicerías. Expresó que algunas emisoras de tarjetas de crédito cobran un arancel de 5% más impuestos, lo mismo que las empresas que tienen el servicio de tickets de alimentación. “Ese porcentaje es un disparate para las carnicerías ya que si se consigue que quede un 10% libre (de rentabilidad) es muy buena plata”, señaló.

Además, explicó que otro inconveniente es la cantidad de días que los emisores se toman en enviar a los comerciantes el monto de la transacción realizada con el medio electrónico. “No se puede entender que en algunos casos se queden 21 días con la plata”, indicó Falero.

El mes pasado, el Ministerio de Economía anunció que en un plazo de 60 días el arancel máximo en tarjetas de débito bajará de 1,5% a 1,3%, mientras que en el caso de las de crédito pasará de 4% a 3,5%. A su vez, si la cantidad de transacciones a través de estos medios sigue creciendo, como se ha verificado en los últimos años desde que se implementó la lay, el arancel máximo en el débito será de 0,85% y de 2,25% en el crédito. Pero igualmente, para los comerciantes sigue siendo un costo financiero. Y no es el único que les complica las cuentas finales.

“Las carnicerías chicas no pueden bajar la cantidad de personal porque se empieza a atender mal a los clientes; el problema es que se trabaja bien los primeros 15 días del mes y el resto mal, pero con los mismos costos”, expresó. Por otro lado, las cámaras de frío permanecen siempre prendidas, más allá que el comercio venda mucha o poca mercadería.

“Es un combo de cosas que ha hecho imposible sostener la carnicería. El que no tiene el oficio o el que trabaja en el límite o en una zona donde no hay gran venta, cierra”, resumió Falero.

A pesar de las dificultades señaladas, el consumo de carne vacuna en es estable y alto. Según datos del Instituto Nacional de Carnes (INAC) el consumo per cápita anual es de 59,2 kilos. Por tanto, el problema no es el alimento, sino dónde el público prefiere comprarlo por precio, ofertas de las grandes superficies o comodidad.

Exportaciones e importaciones

Según datos aduaneros, entre enero y setiembre de este año las exportaciones de carne fueron por US$ 1.211,7 millones con un incremento de 7,8% en comparación con igual período de 2017. Medido en volumen, se colocaron 239 mil toneladas del producto. La carne vacuna fue el principal rubro de exportación en esos meses. China fue el principal destino de las ventas con US$ 513,7 millones. En orden de importancia, le siguió Estados Unidos (US$146,4 millones), Holanda (US$ 132,5 millones) e Israel (US$ 74,4 millones).

En contrapartida, en los primeros nueve meses del año se importaron 11 mil toneladas de carne por un valor de US$ 47,2 millones. En el mismo período del año pasado las compras externas fueron por menos de 4 mil toneladas. El principal origen fue Brasil donde se adquirieron US$ 36 millones. Luego se ubicó Paraguay con US$ 7,9 millones y Estados Unidos con compras por US$ 750 mil.

Los carniceros optan por la carne importada cuando en tiempos de baja colocación internacional aumentan el precio del alimento que se destina al mercado interno. Además, los comerciantes afirman que la carne llegada de Brasil no tiene diferencia con la local, ya que el ganado criado en Rio Grande do Sul es igual al uruguayo.

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