26 de febrero 2015 - 15:49hs

El funcionario de seguridad del gobierno de los Estados Unidos entró al auditorio del Sodre, intercambió unas palabras con sus colegas locales y luego preguntó extrañado: “¿Cómo que no saben si el domingo llueve?”.

Sucede que el clima uruguayo, y los pronósticos del tiempo, se han convertido en una de las principales preocupaciones para las delegaciones extranjeras que el 1 de marzo participarán de la ceremonia de asunción de mando de Tabaré Vázquez.

Está previsto que, si hay sol, el traspaso de la banda presidencial tendrá como escenario la plaza Independencia. Pero si llueve, las delegaciones extranjeras, los periodistas y todo lo que se mueva irá a parar al auditorio del Sodre que tiene un cupo de unas 2.000 butacas.

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La sola posibilidad de que llueva complica la organización del evento, ya que será toda una proeza acomodar a tanta gente en las instalaciones de la sala ubicada en el cruce de Mercedes y Andes, a poco más de dos cuadras del monumento a José Artigas.

Arrastrados por los variables de los pronósticos climáticos, los encargados de la seguridad de los presidentes y funcionarios extranjeros han transitado más de una decena de veces los 200 metros que separan un lugar del otro.

Por ejemplo, el domingo 22 algunos meteorólogos pronosticaban que el domingo siguiente el cielo estaría sospechosamente nublado. Entonces, los estadounidenses mostraron mucho interés en conocer los recovecos del Sodre para que no haya ninguna sorpresa el día en que el vicepresidente Joe Biden presenciará el retorno de Vázquez al gobierno.

Pero, un día después, los pronósticos decían que el domingo 1 de marzo estaría muy soleado. Entonces, los funcionarios de seguridad volvieron a estudiar con atención los alrededores de la Plaza Independencia.

Y así están en esos idas y vueltas que tal vez terminen en la noche del sábado cuando se sepa con mayor certeza si caerá agua sobre el centro de Montevideo.

Además, los especialistas en estas cuestiones han transmitido que ese día podría haber, al menos, una falsa amenaza de bomba que, de cualquier manera, los obliga a detectar los lugares en los que puede ser escondido ese eventual explosivo.

Y no es lo mismo indagar en la planicie de una plaza que en el patio de butacas y los palcos de un teatro, dicen estos especialistas en proteger a las personas pero que, por el momento, están siendo rehenes involuntarios del tiempo.

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