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Nacional > LA HISTORIA DEPORTIVA DE TABARÉ

El Club Progreso, la escuela en la que Tabaré Vázquez se formó como dirigente

El expresidente hizo la obra perfecta del barrio: sacó campeón al club, que durante su mandato nunca descendió, y clasificó a dos Copas Libertadores

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07 de diciembre de 2020 a las 05:03

La relación de amor entre Progreso y Tabaré Vázquez existió desde que era niño, cuando ni siquiera pensaba en política. Muchas veces, la pasión barría los límites de la picardía y lo llevaba a colarse en las tribunas del entonces Parque Campomar sin pagar la entrada. Atrás, siempre estaba la misma razón: hacer todo lo posible para ver jugar a su equipo.

Las inocentes acciones de pequeño desconocían lo que vendría después. Corría 1979 y Vázquez asumía como presidente del club. Progreso, que hasta entonces intercalaba entre divisionales, jugaba la final del segundo nivel del fútbol uruguayo contra Miramar Misiones en el Estadio Centenario. Había más de 11 mil espectadores y la efervescencia de los hinchas se hacía sentir. Pero al cuadro de La Teja no le tembló el pulso y terminó ganando la primera final 3 a 1 y la segunda 3 a 2.

"Desde que estaba en el vientre de mi madre creo que era hincha de Progreso"


A partir de allí, los logros no pararon. Con Vázquez a la cabeza, Progreso, que primero remodeló el Parque Abraham Paladino para recibir a Nacional y a Peñarol, abrió un comedor infantil. Ya no era solo aquel competitivo club de fútbol. Ya no peleaba solo por ganar. De a poco, también crecía con la idea de construir una cultura de barrio para atraer a jóvenes y vecinos mayores.

Vázquez había calzado como el administrador perfecto. Su llegada parecía haber cambiado de inmediato el rumbo de un equipo que nunca, durante su mandato, bajó a la vieja divisional B (actualmente Segunda División Profesional). En 1985 llegó el título del Torneo Competencia —certamen en el que dos años más tarde venció 6-1 a Nacional—, después el Campeonato Uruguayo de 1989 y, en consecuencia, la despedida del dirigente de La Teja para participar como candidato de las elecciones departamentales de Montevideo. Ese campeonato, la participación en seis liguillas y la clasificación a las Copas Libertadores de 1987 y 1990 son algunos de los recuerdos que el expresidente destacó en su legado.

"Salimos campeones del Campeonato Uruguayo en 1989, fuimos a dos Libertadores de América, jugamos seis liguillas... Progreso logró eso con el trabajo de su gente, con los obreros, los trabajadores, los empleados, los que se convencen que si se pone esfuerzo, trabajo y dedicación las cosas se pueden lograr. Pero sin trabajo no hay nada", dijo el expresidente.

***

El último 30 de noviembre, Progreso homenajeó a Vázquez bautizando la sala de teatro ubicada en el club con su nombre. El reconocimiento, previsto para febrero de 2021, debió adelantarse unos meses por el delicado estado de salud del exmandatario. Aunque esta vez no estuvo presente, y en su lugar participaron la intendenta de Montevideo, Carolina Cosse, y el alcalde del Municipio A, Jorge Meroni, para los hinchas del 'Gaucho', Vázquez siempre estuvo y estará.

No fue la primera, pero sí la última vez que el equipo reconoció a su histórico presidente. De hecho, en la ceremonia por los 100 años de la institución deportiva, hace tres años, el entonces presidente de la República también fue honrado. Entre aplausos, se subió al escenario en el acto de La Teja y repitió una y otra vez una de sus frases de cabecera: "Progreso es La Teja y La Teja es Progreso".

Allí, además, recibió una plaqueta con su nombre y dejó una anécdota con Alberto Canobbio, exjugador y director técnico y abuelo del actual presidente, Fabián Canobbio, quien lo dirigió en divisiones juveniles.

"Fuimos a practicar a la quinta de Progreso y ¿quién era el director técnico? Don Alberto Canobbio. Practicamos en la cancha que no era lo que es ahora. Yo jugaba de golero y estaba atajando en el arco que daba para el Ancap y no llegaba una pelota. Estaba aburrido. Y de repente llega una pelota rastrera desde el medio de la cancha y yo, en lugar de agarrarla, le pegué como venía y Alberto me dice: 'Tabaré, a los vestuarios. Andá a bañarte'", recordó entre risas.

La mayoría de los dirigentes siempre llegan a la misma conclusión. A pesar del logro deportivo, Vázquez es un símbolo que se expande. Es una figura que, entienden, dejó una línea marcada en las construcciones sociales del Club Progreso. Ese humilde club de barrio, del que fue hincha desde que tuvo memoria.

"Si me preguntan desde cuando soy hincha de Progreso no lo puedo decir, porque desde que tengo uso de razón en mi casa vivíamos las tristezas y alegrías de Progreso. Creo que desde que estaba en el vientre de mi madre era hincha de Progreso", explicó alguna vez Vázquez sobre su vínculo con el club. 

 

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