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El cura del barrio ahora será santo

El domingo canonizan en Roma a un sacerdote latinoamericano mártir

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12 de octubre de 2018 a las 05:03

El santoral tendrá a partir de este domingo un nuevo santo: San Oscar Arnulfo Romero. La ceremonia de canonización en la Plaza de San Pedro será presidida por el papa Francisco. Se espera la presencia de una de las delegaciones de peregrinos latinoamericanos más numerosas para honrar a quien fue un paladín de las causas justas y por ellas murió. Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, nació en Ciudad Barrios, El Salvador, el 15 de agosto de 1917, y murió asesinado en San Salvador, el 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba misa, no un domingo, sino un lunes, a las 18.30 horas, en la capilla La Divina Providencia.

La Catedral Metropolitana del Divino Salvador del Mundo, de la capital salvadoreña, donde está la cripta con su cuerpo, es lugar de veneración que atrae a católicos de todas partes, tal como lo pude comprobar cuando la visité. Además de mártir, Monseñor Romero, o solamente Romero, tal como permitía que lo llamaran los fieles que lo tenían como guía espiritual y social, hizo varios milagros que aceleraron su canonización. Hay quienes afirman haberse librado de enfermedades por invocarlo en sus oraciones.

La Catedral Metropolitana del Divino Salvador del Mundo, de la capital salvadoreña, donde está la cripta con su cuerpo, es lugar de veneración que atrae a católicos de todas partes, tal como lo pude comprobar cuando la visité.

Según informe de la Comisión de la Verdad de Naciones Unidas, el autor intelectual del crimen fue el mayor Roberto d'Aubuisson (1944–1992), fundador de la Alianza Republicana Nacionalista, partido de derecha conocido como ARENA. El sicario fue Marino Samayoa Acosta, quien recibió mil colones por su trabajo, unos US$ 400 de la época. Hasta la más obscena de las barbaries se compra a precio de rebaja. En la planificación y ejecución del asesinato participaron por lo menos cinco personas más, pero nadie nunca fue a la cárcel. El estado salvadoreño sigue siendo responsable de todo lo que no ha hecho para que la justicia sea impartida. Según fuentes cercanas a los hechos de la época, el gobierno estadounidense tuvo conocimiento de lo que había planeado d'Aubuisson pocas horas antes de que el acto homicida se llevara a cabo, pero quienes fueron enviados a detenerlo llegaron tarde a la escena del crimen, ya que los criminales realizaron su acto antes de lo que habían planeado. Es una de las versiones de la historia.

Nadie hubiera pensado que justo ahí, cerca del altar y donde la gente se hallaba congregada para escuchar la palabra de Dios, entraría el gatillero a terminar con la vida de quien a partir del domingo será santo. La pobreza de ideas de los homicidas pudo constatarse en las consecuencias de sus actos: pudieron silenciar al mensajero, pero no al mensaje. Convirtieron a Romero en mártir y su imagen, baleada y ensangrentada sobre el altar, despertó más conciencias, y en ausencia lo convirtió además de santo, en figura de la cultura popular.

En 1989 se estrenó Romero, protagonizada por Raúl Julia, película que tuvo gran respuesta de público y crítica. Cinco años antes, en 1984, Rubén Blades había grabado El Padre Antonio y el Monaguillo Andrés, perteneciente al álbum Buscando América, posiblemente la mejor canción que se ha hecho sobre un cura, notable homenaje a Romero y a la causa noble por la cual luchaba. Es una obra maestra del arte testimonial y de la emotividad librada de cursilería.

En 1989 se estrenó Romero, protagonizada por Raúl Julia, película que tuvo gran respuesta de público y crítica.

En esa línea de sublimación estética de un hecho histórico contemporáneo se encuentra asimismo el drama teatral The Fifth Sun, del estadounidense Nicholas Patricca, obra muy desconocida en América Latina, y que recrea en profundidad, esto es, buscando al máximo respetar la objetividad de los acontecimientos ocurridos, los desencuentros de Romero con las altas esferas de la institución católica, pero no con la gente que lo seguía en número cada vez mayor y que, según algunas interpretaciones, fue la detonante del acto de los asesinos, quienes no pudieron aceptar el triunfo del bien y que el mensaje cristiano de paz y esperanza llegara a todas partes; a lugares donde ni siquiera el propio Romero habría imaginado. 

“Suenan las campanas / tierra va a temblar / suenan las campanas / por América /suenan las campanas / por una cura bueno / Arnulfo Romero”. La figura atemporal de Oscar Arnulfo Romero, “La Voz de los sin voz”,  ha dejado marcada a fuego la idea de que la violencia, así sea la más atroz de todas, no podrá nunca detener la palabra redentora ni la lucha por la justicia.

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