Se pueden recomendar dos sencillas maneras de conocer al estadounidense Mark Lanegan y su música. La primera es escuchando Has God Seen My Shadow?, una antología que recorre 22 años de carrera (desde 1989 hasta 2011) a través de 32 canciones que incluyen sus primeras composiciones como solista, rarezas nunca publicadas, colaboraciones con músicos como PJ Harvey y el líder de Queens of the Stone Age, Josh Homme, entre otros. Se trata de un compilado esencial para conocer la historia de esta voz ronca proveniente de Washington, cargada de una culpa que parece solo poder redimirse a través del blues.
La segunda, y tal vez más arriesgada opción, es adquiriendo su último álbum, Phantom Radio. En la obra, Lanegan sigue una dirección similar a su anterior disco, Blues Funeral (2012) –trabajo que fue mundialmente recibido con elogios por la crítica– al volver a trabajar con el músico Alain Johannes como productor, en un disco que mezcla el gospel y el blues con la electrónica bajo una melancolía elegante, sombría e introspectiva.
A punto de cumplir 50 años, el exintegrante de la banda Screaming Trees no tienes vías de parar pronto, según lo indicó en entrevista con El Observador: “Amo la música. Disfruto ser creativo, crear canciones, y viajar. Si es un trabajo el que tengo, es el mejor trabajo del mundo”, indica.
Para Lanegan, la inspiración no es difícil de encontrar. Solo necesita levantarse en la mañana y componer, asegura. Sus canciones empiezan en un lugar personal, con raíces en la realidad y en sus experiencias, observaciones o sueños pero al final del día. “No dejan de ser solo canciones”, indica el autor al explicar el contenido autobiográfico de su obra. Así como en anteriores trabajos, en Phantom Radio, cuya tapa muestra a una virgen esquelética, Lanegan hace uso de un lenguaje religioso y referencias a la Biblia para contar sus historias. Sin embargo, no se considera una persona creyente: “De pequeño escuchaba gospel y esa imaginería se ha convertido en el lenguaje que utilizo para inventar canciones. Es evocadora y parece resonar con la música que hago”, explica.
En canciones como Floor Of The Ocean, Lanegan vuelve a esa música de su infancia y la nutre de bases electrónicas, un sonido con el que no tiene problema experimentar: “Son herramientas que todos utilizan. Forman parte del panorama musical. Un instrumento electrónico es tan valido como una guitarra acústica y o una batería”, aclara.
Poco a poco y desde las sombras, el cantante se ha convertido en una figura admirada entre algunas comunidades de músicos estadounidenses. Sus colaboraciones con Queens of the Stone Age y sus discos grabados junto a la cantante Isopbell Campbell (exintegrante de Belle & Sebastian) lo han llevado a girar por su país y por toda Europa. Próximamente y con Phantom Radio bajo el brazo, Lanegan volverá a recorrer el viejo continente e indica que le gustaría presentarse en América del Sur en 2015.
Con el medio siglo aproximándose, el músico se encuentra agradecido por la carrera que le ha tocado: “ A algunos les toca envejecer y a otros no. Estoy muy feliz de poder hacerlo”, concluye.