11 de enero de 2022 5:04 hs

Por Ángel Arellano. Doctor en Ciencia Política y Periodista. Autor del libro "Venezolanos en el Uruguay" (2019)

No mires arriba (Netflix, 2021) describe el alter ego de la sociedad occidental capitalista y lo coloca al borde del abismo ante el reto de evitar el fin del planeta. Deja en evidencia que de mantenerse tal como están hoy las relaciones entre la humanidad y el ambiente en general, y entre la ciencia y la ciudadanía en particular, el futuro es muy oscuro.

Es una crítica que intenta ponernos frente al espejo para que hagamos clic con las luces rojas que se encendieron hace mucho y que nuestra lógica de vida, entre la rutina de consumo mediada por la tecnología y las redes sociales, el escepticismo sobre el cambio climático, y el rol cada vez menos educativo de los medios de comunicación masivos, no nos  permite visibilizar.

La película es protagonizada por Leonardo DiCaprio, un ambientalista comprometido, y la actriz joven Jennifer Lawrence. La complementa un millonario casting con el que Netflix marcó su apuesta para iniciar 2022. Está impregnada de una punzante actualidad. Repleta de las tendencias que a diario vemos en los noticieros y redes. Y de críticas a todos los estereotipos posibles en nuestra sociedad del espectáculo.

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Esta comedia satírica cuenta la historia de un par de científicos de una universidad estatal estadounidense que descubren un meteorito enorme que se dirige a la Tierra y que en seis meses y catorce días fulminará la vida en el planeta. Ante eso, plantea tres paradojas, sobre cómo se abordaría el problema desde la política, los medios de comunicación y las grandes corporaciones tecnologías.

Paradoja 1: la política

¿Cómo actuaría el poder político? La narración sintetiza al liderazgo poco responsable e inoperante de la élite política mundial en una incrédula presidenta de derecha populista. Ella privilegia las elecciones legislativas, su gobernabilidad y su vínculo con las corporaciones más importantes.

Actúa exaltando todos los flagelos conocidos: corrupción, nepotismo, demagogia, abuso de poder, egocentrismo, ignorancia. ¿Cuánto hay de semejanza con el liderazgo que poco logra medidas drásticas para proteger la vida ante el avance del cambio climático? ¿Cuánto de semejante con el populismo, el autoritarismo y los presidentes que ejercen de estrellas de rock? ¿Cuánto con la megalomanía antisistema? 

Paradoja 2: los medios

¿Cómo actuarían los medios de comunicación masivos y las redes sociales? Ante un anuncio de tamañas proporciones, No mires arriba muestra como primaría la pauta comercial y el rating. Si una artista pop terminó con su novio, esto tendrá más audiencia. Y, por tanto, la prioridad, los recursos y la atención. Si unos científicos nerviosos tratan de transmitir un mensaje preocupante, mejor reírnos para no perder la alegría. El entretenimiento está primero.

Tenemos que estar contentos, esta es la consigna. ¿Algún parecido con la televisión o el streaming vía redes sociales de hoy? No son la información seria y los espacios de discusión responsable los que tienen mayor audiencia. Estos están casi en la irrelevancia cuando se comparan con los reality shows, los concursos y espectáculos. Queremos reírnos, y para obtenerlo no paramos de consumir contenido líquido. ¿Y la vida en Twitter, Instagram, Twitch, TikTok? Es mejor un meme, un baile o un desafío absurdo. Se viraliza más rápido, obtiene más likes. Se descarta el debate y la información responsable mientras se privilegia la confrontación y el bullying. 

Paradoja 3: las grandes corporaciones

Interesadas por sacar ventaja de las crisis que potencialmente aniquilaría el planeta, las grandes corporaciones globales apuestan sus recursos y logística a un plan que les permita obtener ganancias vistiendo un traje de cooperación y buena voluntad. 

El manojo de multinacionales tecnológicas que están en la cima de la economía mundial, con más capacidad de actuación que muchos gobiernos juntos, son resumidas en No mires arriba en un excéntrico multimillonario benefactor de la presidenta. 

Este ofrece cambiar los planes de defensa planetaria del gobierno por un plan privado que tendrá como contraprestación hacerse de los minerales que componen al meteorito. 
Estos son vitales para mantener la expansión de la industria tecnológica en un mundo con escasez de recursos a los que se accede a través de la minería intensiva.

¿Coincidencia con la guerra del litio y otros componentes en la actualidad? Priorizamos la extracción de estos recursos aun cuando esto condene grandes e irrecuperables extensiones de terreno.

La pandemia del coronavirus nos enseñó cómo la aparente solución a la crisis existencial más grave de la humanidad se redujo a la actuación de un puñado de laboratorios con tecnología de punta. Estos se pelearon por tener la vacuna más potente de la forma más rápida posible. Fue un conflicto silencioso pero enorme. Capital, geopolítica y poder mediante. Por ejemplo, la disputa entre la Unión Europea y el laboratorio AstraZeneca por el cumplimiento del contrato de suministro de vacunas, nos enseñó, con bombos y platillos, la asimetría entre los intereses de la sociedad y los de los grandes capitales.

Catástrofe

Dos preguntas: ¿No mires arriba es una película catastrofista? ¿Es exagerada? Otras dos: ¿es catastrófico nuestro pronóstico de seguir el camino que lleva la humanidad? ¿Es exagerado concientizar ante una realidad cada vez más evidente que impacta a todos por igual? 

Dos años después de la pandemia del coronavirus este relato merece atención en nuestras familias, círculos cercanos, y, por supuesto, en los grandes espacios de debate. Es un llamado a la élite política, la prensa masiva, los usuarios e influenciadores de las redes sociales y las multinacionales. 

El mundo lleva una senda nada prometedora en lo ambiental, y no son muchos los que han asumido la responsabilidad de divulgar un cambio de conciencia. Compromiso de todos.
 

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