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El mafioso Morabito y el misterioso restaurante con dueños rusos

El negocio fue allanado por la policía en busca de pistas sobre el delincuente fugado de Cárcel Central

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11 de julio de 2019 a las 05:03

Sobre las 8:30 de la mañana el constante tránsito de la zona comercial de Punta Carretas se vio interrumpido cuando decenas de autos de policiales bloquearon el paso de vehículos y personas en los alrededores de Solano García y Miñones. Un vehículo blindado de la Guardia Republicana se posicionó justo enfrente de la pizzería Eatalian Style, donde los efectivos tenían orden de allanar en busca de pistas para dar con el paradero del mafioso italiano Rocco Morabito, prófugo desde el 24 de junio cuando huyó de Cárcel Central acompañado por otros tres delincuentes. 

Rápidamente, los efectivos rompieron de un golpe seco la puerta de vidrio y madera pintada con los colores de Italia, y se adentraron en el restaurante con destino a la escalera ubicada justo al fondo, la cual conectaba el espacio comercial, de la vivienda que habitaban sus dueños. Allí mismo, los efectivos detuvieron a los dos responsables del negocio, un ciudadano ruso y otro italiano, y una mujer -también de nacionalidad rusa- que se ocupaba de cuidar al niño que también vivía en la propiedad.

Según supo El Observador, los efectivos no tenían esperanzas de encontrar allí al mafioso, pero sí a las personas que en la noche del 24 de junio presuntamente dieron apoyo para que su fuga fuera exitosa. La policía logró capturar a los tres delincuentes que aquella noche abandonaron la cárcel con Morabito, pero el paradero del italiano continúa siendo un misterio. 

¿Una fachada?

Tras el operativo policial, el restaurante Eatalian Style, quedó abandonado a su suerte, con las puertas que los efectivos rompieron para ingresar abiertas de par en par. Los detenidos eran las únicas personas que trabajaban en el lugar, con excepción de una moza, que fue contratada meses atrás, y que este miércoles fue notificada de la situación de sus patrones por parte de personal de Crimen Organizado. Quien se hizo cargo del comercio fue la inmobiliaria que alquilaba el local, que llegó para colocar unas maderas contrachapadas de modo de evitar que intrusos ingresen en la propiedad.

La empresa  Eatalian Style fue constituída  el 15 de mayo de 2017, poco antes de que Rocco Morabito fuera detenido en un hotel de Montevideo en setiembre de ese mismo año. El negocio tenía como antecedente inmediato la inauguración durante la temporada de verano de 2017 de un restaurante en la Barra, Maldonado. 
En  ese departamento, en el que el ruso y el italiano tenían propiedades, también se hicieron allanamientos en búsqueda de pistas del mafioso italiano. 

Según contaron a El Observador comerciantes de la zona, la apertura del restaurante en Punta Carretas vino acompañada de una gran inversión. Para reproducir el sabor de la pizza italiana, adquirieron en  Nápoles un horno revestido por placas metálicas de color dorado, traían de esa ciudad la salsa y la muzzarella con la que elaboraban sus productos, al tiempo que la cocina estaba a cargo de cocineros italianos que viajaron especialmente para trabajar en ese lugar. El personal residía en el segundo piso del edificio, a donde este miércoles irrumpió la policía en busca de pruebas del paradero de Morabito. 

Pero lo cierto, es que toda aquella inversión nunca llegó a traducirse en afluencia de público. Vecinos de la zona que prefirieron mantener el anonimato dijeron a El Observador que el local estaba casi siempre vacío o con solo algunas mesas ocupadas. Los comerciantes de la zona agregaron que en los últimos meses el negocio parecía ir de mal en peor. Buena parte de los productos del menú no estaban disponibles, incluso no tenían café para ofrecer a sus clientes. 

La caída del negocio se vio también acompañado  por un constante recambio de personal, que solía no estar registrado en el BPS. Pero en los últimos meses todos los empleados italianos abandonaron el país, al tiempo que el pizzero uruguayo que quedó a cargo de la cocina fue despedido dos meses atrás, al igual que una de las dos mozas que servían a los escasos clientes. 

Tan poco era el trabajo, que la única moza que siguió trabajando en el comercio en ocasiones hacía medio horario porque los propietarios del negocio le decían que su presencia no era necesaria. Sin cocineros italianos o uruguayos, el ruso pasó a encargarse del costoso horno. Pero según contaron varios vecinos, la mayor parte del tiempo no estaba en la cocina haciendo su trabajo, sino afuera del local fumando un cigarrillo y hablando por teléfono. 

El hombre de entre 55 y 60 años, calvo, de 1,60 metros de altura, y complexión robusta, hablaba constantemente por su celular, siempre en su idioma natal. Eso llevaba a que los pedidos en ocasiones se demoran más de la cuenta.  El italiano, en tanto, estaba menos presente en el negocio, y según supo El Observador, tenía varios teléfonos celulares, algunos de los cuales fueron incautados este miércoles.

Los investigadores intentarán determinar qué rol tuvieron estas personas en la  fuga del mafioso, quien el pasado 24 de junio salió de la cárcel junto con Matías Sebastián Acosta González y Bruno Ezequiel Díaz, y Leandro Abel Sinopoli Azcoaga. La investigación de esa fuga tiene a varios funcionarios policiales e incluso a la ex directora de la cárcel.

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