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El metrónomo de los puentes

La imprecisión y los errores de la protesta de Roballo reflejan incomprensión con la función de las religiones, no solo la católica, en defensa de la situación de sectores más desprotegidos.

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24 de abril de 2018 a las 05:00

La reacción adversa del gobierno al comunicado de la Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) sobre problemas sociales mostró más enojo que fundamento. El prosecretario de la Presidencia, Juan Andrés Roballo, aseguró que formulaba sus críticas a tono personal. Pero su cargo traslada claramente a la posición del Poder Ejecutivo el contenido de su carta de rechazo al cardenal Daniel Sturla, en realidad un panegírico a los 13 años de administraciones del Frente Amplio. La carta flaquea especialmente por dos lados. Uno es la admisión al secretario general de la CEU, obispo Milton Tróccoli, de no haber leído en su plenitud la declaración de ese organismo. Es difícil opinar sobre algo que no se ha leído y quedarse solo con el título. El otro es su objeción al llamado de la CEU a construir puentes en una sociedad fragmentada, que tomó como evidencia de una presunta confabulación política con el sector Todos del Partido Nacional, que ha utilizado el término, así como con el generalizado movimiento de protesta del agro.
Pero su uso como vía para aliviar desigualdades sociales no es patrimonio de un partido o grupo. No solo el papa Francisco ha hecho igual llamado cuando se pronuncia contra males que aquejan a la población mundial. El propio Frente Amplio ha recurrido al término en el pasado reciente. Como si fuera un metrónomo ideológico con vaivenes a tener en cuenta cuando conviene, lo festejó cuando Sturla se opuso en 2014 a la baja de la edad de imputabilidad, promovida por la oposición. El diputado del MPP, Alejandro Sánchez, reclamó que "hay que tender los puentes necesarios para incorporar a todos los sectores que se puedan", y su sector hasta propuso incorporar a la Iglesia a la campaña de No a la baja. Y el entonces senador socialista y actual intendente de Montevideo, Daniel Martínez, censuró en esa oportunidad "la intolerancia de algunos partidos de la oposición por lo que expresan los obispos en su libre albedrío".
La imprecisión y los errores de la protesta de Roballo reflejan incomprensión con la función de las religiones, no solo la católica, en defensa de la situación de sectores más desprotegidos. De diferentes tiendas políticas se ha instado más de una vez a la Iglesia a limitarse a cuestiones espirituales. Pero nadie, ni el dirigente más ciego u ofuscado, puede negar el valor de los aportes de las denominaciones cristianas en el campo social. Su prédica en rectitud de comportamiento, sus liceos gratuitos en zonas periféricas, escuelas y decenas de otros centros de asistencia infantil y adolescente le han abierto mejores condiciones de vida y oportunidades de formación a un vasto número de jóvenes, condenados de otra forma a la ignorancia y a la delincuencia y la drogadicción que impera en sus entornos.
La pobreza de la educación pública, el mayor fracaso de los tres gobiernos frenteamplistas, fue uno de los temas destacados por la declaración de la CEU. Incluyó también la denigración de personas en situación de calle, que el Ministerio de Desarrollo Social no logra solucionar y que al intendente Martínez también preocupa. El documento del CEU, leído por Sturla, instó a aunar esfuerzos para mejorar esos y otros males que afectan a la sociedad uruguaya. El gobierno, a través de Roballo, lo rechazó porque le señala errores que exigen corrección. Y parece que el gobierno no está preparado para aceptar críticas sanas, que son un aporte al mejoramiento de la sociedad.

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