Contra las cuerdas. Muchas empresas de seguridad reciben golpes por varios frentes: sus clientes están apretando el cinturón y hubo baja de contratos, hay reducción de puestos de trabajo, tienen que invertir en mayor automatización electrónica en los sistemas de vigilancia porque las nuevas demandas van por ese lado, y la informalidad en el sector creció durante la pandemia, según acusan representantes del rubro.
“Se canibalizó el sector de los servicios de seguridad, los precios que se ofrecen son muy diferentes, algunos demasiado bajos”, dijo a El Observador Sandra Rodríguez, presidenta de la Cámara Uruguaya de Empresas de Seguridad (CUES) y gerente general de G4S, una de las firmas del rubro.
La guerra de precios se acentuó al reducirse el mercado cuando quebraron empresas o cerraron transitoriamente los centros comerciales, algunas industrias, hoteles, gimnasios, clubes y salas de entretenimiento, que eran clientes del rubro de la seguridad, o lo siguen siendo pero con servicios más restringidos.
También hay clientes que no interrumpieron sus actividades, pero que pueden desembolsar menos que antes de la crisis, situación que llevó al rubro a competir en forma más agresiva y con más servicios a medida como una forma de atar cada potencial contratación, o mantenerla.
Las licitaciones también entran en el espectro de la competencia. Según Rodríguez, ante los llamados, con frecuencia se termina contratando a las empresas que ofrecen los servicios más bajos. Pero advirtió que llegan a esos precios porque incumplen otras normativas.
“No es una competencia genuina, por eso hablo de canibalización de precios”, reafirmó Rodríguez.
A su entender, las empresas ahorran “en cosas que no deberían”, por eso luego están en condiciones de ofrecer servicios más baratos.
Otros voceros también comentaron a El Observador que las irregularidades en el sector abarcan un rango amplio de situaciones: desde habilitaciones vencidas, hasta chalecos de protección deteriorados y uniformes en mal estado, entre otras faltas.
La CUES solicitó que el Estado exija apertura de costos en las licitaciones y que estos sean auditados, es decir, que se haga transparente cómo las empresas llegan a los precios que ofrecen y que quede en evidencia cuáles son “las empresas serias y formales”. “¿Cómo es posible que los precios estén por debajo de lo que se puede cotizar cuando se pagan los laudos y otros gastos necesarios para operar?, se preguntó. “No creo que vayan a pérdida, esto no puede ser”, agregó.
A su entender, el Estado debe estar más consciente de esta problemática, y también del impacto de la informalidad en el sector.
Informalidad
Existe una comisión para combatir la informalidad integrada por el Ministerio de Trabajo, la Federación Uruguaya de Empresas de Seguridad (Fudes) y CUES, pero -según Rodríguez- la Dirección General de Fiscalización de Empresas (Digefe), órgano que depende del Ministerio del Interior, no cuenta con suficiente personal para esta tarea.
Actualmente en el país hay unas 300 empresas de seguridad registradas, y aproximadamente 22 mil guardias habilitados. Agustín Pose, presidente de la Federación Uruguaya de Empresas de Seguridad (FUES), señaló: “A veces hay guardias que están trabajando para empresas que ni siquiera tienen domicilio, no se las puede ubicar, es difícil precisar cuántas, pero sí son muchas”.
El representante del FUES señaló que los altos impuestos y exigencias legales, sumado a la crisis , también fomentó la informalidad y los incumplimientos de algunas disposiciones, y que existen pequeñas empresas en el rubro que no tienen músculo para enfrentar la caída de ingresos en los últimos tiempos. En esa línea, puso el foco en la normativa que exige a las empresas dedicar más horas de capacitación al personal, lo que le parece excesivo y que va en contra del negocio.
Cabe señalar que la CUES agrupa las tres empresas más grandes del sector, que son multinacionales (G4S, Securitas y Prosegur), mientras que la Fudes representa las compañías nacionales, en su mayoría medianas y pequeñas.
Reinventarse
En Securitas, y a contrapelo de la realidad del sector, estuvieron contratando personal en estos días. Su gerente general, Oscar Sagasti, explicó que se debe al nuevo acuerdo laboral que bajó las 48 horas semanales a 44 horas, lo que los llevó a necesitar más gente para cubrir todos los días de trabajo y turnos. Securitas sufrió una baja del 15% en su resultado financiero y facturación durante la pandemia, lo que es poco comparado con otras compañías del rubro, que en algunos casos llegó al 40%.
Uno de sus puntos más fuertes, además de contar con respaldo internacional, es tener entre sus clientes a empresas como UPM y Montes del Plata. Asimismo, están ofreciendo algunos servicios que se ajustan más a la coyuntura de crisis económica por la pandemia, como la llamada “ronda controlada”, que consiste en guardias que recorren en automóviles zonas determinadas vigilando cuatro o cinco clientes. “Ese corredor de seguridad es más económico para los clientes porque comparten el gasto, y tiene demanda”, comentó Sagasti.
De la seguridad física a la electrónica
Los tiempos de rejas, barreras y guardias armados y parados en las puertas están dando paso a un mundo más sutil en los sistemas de vigilancia, como los sensores, cámaras, videos y otros dispositivos, muchas veces tan pequeños y bien ubicados que resultan casi imperceptibles. El futuro del negocio de la seguridad va, precisamente, hacia los servicios electrónicos. “En Securitas tenemos tres negocios: el de la seguridad física, que es el tradicional de los guardias; la seguridad electrónica, que requiere constante inversión y marca la tendencia; y el de seguridad móvil, con autos que recorren barrios”, señaló Sagasti.
Gran parte de los guardias del rubro están trabajando en centros de monitoreo, operando cámaras y videos, y son entrenados periódicamente en los nuevos equipos que se adquieren, cada vez más sofisticados. Otra tendencia es el pasaje a los video-porteros (totems). Cuando recién aparecieron en el mercado local, los edificios se resistieron porque valoraban que los guardias realizaran otras funciones, como ayudar con la mensajería y a veces ciertas reparaciones de infraestructura, pero ahora quieren los totems porque representan menos presión en los gastos comunes. Los sueldos de los guaridas están definidos por laudo, $ 26.905, pero cuando el personal maneja tecnología, tiene manejo de armas o sabe idiomas, recibe un plus, generalmente del 10%.