Si se acepta como cierta esa mísera ocurrencia que postula que el bolsillo es el órgano más sensible de los seres humanos, entonces no es extraño que, luego del presidente de la República, una de las figuras del gobierno que acapare la mayor atención de los votantes, antes y después de la elección, sea la del Ministro de Economía.
Mayormente entre los votantes de centro más informados sobre los vaivenes de la política, el nombre de quien ocupará la titularidad de esa cartera puede ser desequilibrante llegado el momento de elegir una propuesta de gobierno. Y esta campaña no será la excepción. Como no lo fueron las de 2004 y 2009, donde la figura de Danilo Astori resultó fundamental, primero como anunciado ministro de Tabaré Vázquez y luego como vice de José Mujica, para transmitirle tranquilidad a los mercados, y al centro moderado, acerca de que la izquierda sería prudente en eso de la economía. Entendiendo que las certezas –o su ausencia- son motores que mueven al votante, en aquel 2009 pulularon por el país las fotos de Mujica sentado a la mesa con Astori, quien fingía escribir bajo la promesa de “un gobierno honrado, un país de primera”.
Los principales candidatos del Partido Nacional en el gobierno no tienen esa necesidad de buscar a un moderado al elegir a sus postulantes para ministro de Economía – se asume que lo será- y, por el contrario, tal vez le convenga un poco de novedad para sustituir a la actual ministra Azucena Arbeleche.
En 2014 Astori volvió a ser presentado como titular del cargo aunque ya para entonces se sabía que el FA, y particularmente Vázquez, no estaba para locas pasiones. En esta campaña electoral el Frente Amplio tal vez precise apostar otra vez a un moderado para que no haya mal entendidos acerca de sus pretensiones. Lo precisa Carolina Cosse quien ha mantenido una actitud de confrontación consecuente con la coalición multicolor. Pero también lo necesita Yamandú Orsi quien se perfila como favorito en la interna de la izquierda. Orsi se ha manejado con más prudencia que Cosse en los ataques al oficialismo y apunta a convencer a blancos, colorados y cabildantes defraudados para que se sumen a su postulación. Pero el intendente canario es integrante de una fuerza política, el Movimiento de Participación Popular (MPP), que, aunque se ha manejado con pragmatismo en muchos asuntos, no puede ocultar sus raíces en el MLN-Tupamaros.
Orsi parece haber encontrado para el cargo un hombre “manso”, al decir de uno de los operadores de la izquierda. Ese hombre es Gabriel Odone, un militante frenteamplista sin filiación interna conocida, y que es respetado en los círculos económicos y políticos. Consultado en entrevista con Brecha acerca de si formaría parte del equipo económico de un futuro gobierno frenteamplista respondió: “Después de tener una carrera profesional en el sector privado, de ser docente y de haberme pasado diciendo lo que habría que hacer, si ahora se plantea, diría que sí. Creo que le debo algo a Uruguay. Desde qué lugar y cómo hacerlo, dependerá. Soy economista, pero las relaciones internacionales me parecen espectaculares. Hay cosas para hacer en Uruguay XXI, en el Ministerio de Turismo, en la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) o en el Ministerio de Trabajo. No importa dónde, sino que depende de lograr armar un equipo y de coincidir en el rumbo. No podés laburar en algo en lo que no te sentís cómodo y en lo que no creés. Si esas dos cosas se cumplen, conociendo a Yamandú (Orsi) hasta donde lo conozco, diría que sí”. En el Partido Nacional reconocen que, a falta de Astori, Odone es un buen nombre para desterrar cualquier cambio brusco en la conducción económica.
Por su lado, Cosse puede echar mano a los favores de Pablo Ferreri –número dos del MEF en el segundo gobierno de Vázquez- un socialdemócrata que apoya la postulación de la jefa comunal.
Orsi parece haber encontrado para el cargo un hombre “manso”, al decir de uno de los operadores de la izquierda. Ese hombre es Gabriel Odone, un militante frenteamplista sin filiación interna conocida, y que es respetado en los círculos económicos y políticos.
Los principales candidatos del Partido Nacional en el gobierno no tienen esa necesidad de buscar a un moderado al elegir a sus postulantes para ministro de Economía – se asume que lo será- y, por el contrario, tal vez le convenga un poco de novedad para sustituir a la actual ministra Azucena Arbeleche. Por lo pronto, el favorito Álvaro Delgado se respalda en un grupo de trabajo en el que hay economistas, ingenieros y abogados, y en el que se destaca el presidente del Banco Central, Diego Labat. Además de Labat, integran ese grupo Agustín Iturralde (Director ejecutivo del Centro de Estudios para el Desarrollo), Hernán Bonilla (CED), Alvaro Lorenzo (gerente general de ALUR), Omar Paganini (Ministro de Industria), Fernanda Maldonado (Directora general del MGAP), Luis Calabria (asesor de la Presidencia) (Heber Paguas (AGESIC), Hugo Odizio (Agencia de evaluación de políticas públicas) y Lucía Cohen (Coordinadora de Prensa).
Por su parte, la excandidata a la Intendencia de Montevideo, Laura Raffo, quien propone un “segundo tiempo” del gobierno de Lacalle Pou, no pensó aún en una persona determinada para ese puesto. Allegados a Raffo dijeron que el hecho de ser economista le da otro aire para tomar una determinación al respecto y observaron que el también economista Ernesto Talvi ganó las internas coloradas sin anunciar quién sería su ministro. De todos modos, Raffo ya creó una “mesa de economistas” conformada por profesionales que trabajan en la actividad privada.
“Es la economía, estúpido”, fue una frase que se popularizó en la campaña que llevó a la presidencia de Estados Unidos al demócrata Bill Clinton en su pugna contra el republicano George Bush que se jactaba de su política exterior.
Por estos lares, también es el bolsillo el que suele mandar. Por eso, más allá de los candidatos, en los próximos meses se sabrá quienes serán esas figuras que, ya sea para tranquilizar o para entusiasmar –esto último ocurre muy pocas veces-, serán elegidos por los políticos para que no se estremezca el órgano más sensible de los votantes.