El capital en forma de cuerpos humanos fue una parte estructural del sistema financiero entre los siglos XVI y XIX.

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El pasado del Banco do Brasil aviva el debate sobre las reparaciones históricas

La entidad es la segunda más grande de Sudamérica en su tipo y enfrenta acciones legales por su pasado vinculado con el mercado de esclavos
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02 de diciembre de 2023 a las 05:00

José Bernardino de Portugal e Castro (1780-1840), V marqués de Valença y XII conde de Vimioso, además de presidir el Consejo de Ministros de Portugal, fue uno los mayores tratantes de esclavos en América de Sur durante el siglo XIX, negocio ignominioso con el que hizo una enorme fortuna que la permitió convertirse en el mayor inversor del Banco do Brasil, el más antiguo del país.

La entidad, la primera en territorio del Imperio Portugués, la fundó en 1808 el entonces príncipe regente João de Bragança, futuro rey don João VI de Portugal. Hoy, 170 años después, enfrenta acciones legales por sus vínculos históricos con el mercado de esclavos, iniciativa que busca hacer visible lo hasta ahora invisible.

Al igual que en otras partes del mundo, la iniciativa responde a una creciente presión para que quienes se beneficiaron de la esclavitud paguen reparaciones. Brasil abolió la esclavitud en 1888 y se constituyó de esta forma en el último país de América en hacerlo. El debate estalló en septiembre pasado, después que 14 historiadores enviaran al Ministerio Público Federal un estudio que detalla la participación del Banco do Brasil en el detestable comercio.

En lo que los historiadores consideran el primer caso de este tipo en el gigante sudamericano, los fiscales abrieron una investigación y exigieron reparaciones al estatal Banco do Brasil, fundado, hoy el segundo mayor banco de América Latina, con activos por US$ 380.000 millones. Sin embargo, la mancha de la esclavitud va mucho más allá de un banco, como deja en claro el estudio.

"El capital en forma de cuerpos humanos era una parte estructural del sistema financiero", señala el documento, elaborado por historiadores de las Universidades de Harvard, Pittsburgh y de Río de Janeiro, entre otras casas de altos estudios de Brasil, país en el que actualmente el 56% de los 203 millones de habitantes se identifica como negro o mestizo.

Los cuerpos eran un pilar esencial del sistema, al punto tal que la racionalidad económica de la época impulsó libros como el “Manual do fazendeiro ou tratado doméstico sobre as enfermidades dos negros”, publicado en 1830 por el francés Jean- Baptiste Alban Imbert, donde se aconsejaba pautas para cuidarlos y maximizar su uso. En otras palabras: el cuerpo esclavizado se escudriñaba para atender a las demandas económicas y políticas.

A 135 años de la llamada Ley Áurea que oficializó la abolición, los rastros del sistema esclavista  todavía son visibles. Las cicatrices de siglos de opresión siguen ahí: los salarios de los brasileños negros son en promedio cerca de la mitad de los que reciben los blancos, tienen menor esperanza de vida y enfrentan con frecuencia actos de discriminación.

"No se trata del pasado, sino de un problema actual", enfatiza Martha Abreu, una de las historiadoras de la Universidad Estatal de Río de Janeiro que participó del estudio.

"Las disculpas son insuficientes"

Los fiscales convocaron este mes a activistas de los derechos de la población negra, funcionarios gubernamentales y directivos del Banco do Brasil a una audiencia pública en la escuela de samba Portela en Río de Janeiro, emblema del orgullo negro y la influencia afrobrasileña en la cultura nacional.

André Machado, gerente ejecutivo del Banco do Brasil, abrió el acto leyendo una disculpa pública por el rol del banco en la "perversa historia" de la esclavitud, ocasión en la que intentó hacer valer que su actual directora ejecutiva, Tarciana Medeiros, es la primera mujer negra en la historia de la entidad en ocupar ese cargo. Machado, además, presentó planes para abordar la desigualdad, como financiación para mujeres negras emprendedoras, planes de carrera acelerados para empleados negros y financiación de investigaciones sobre cuestiones raciales.

Sin embargo, el procurador jefe Julio Araujo consideró "insuficientes" las propuestas, y adelantó que su equipo de fiscales seguirá buscando reparaciones. Los asistentes también quedaron decepcionados. "Cuando hablamos de reparaciones, no puede ser simplemente una disculpa", dice Silvia de Mendonca, de 62 años y activista del Movimiento Negro Unificado.

Mendonca recitó una lista de proyectos que las comunidades negras esperan financiar con eventuales reparaciones: educación, cuidado infantil accesible, centros culturales, reforma policial y capacitación laboral, entre otras. "Se trata de empoderar a los históricamente excluidos para poder integrarlos plenamente a la sociedad", señala.

Tras las "huellas dactilares"

La investigación ratifica que Brasil fue el mayor importador mundial de africanos durante el comercio transatlántico de esclavos. Se estima que 5,5 millones de africanos fueron capturados y enviados como esclavos entre los siglos XVI y XIX a la antigua colonia portuguesa, que se independizó del Reino de Portugal en 1822.

Los historiadores fueron más allá y probaron los estrechos vínculos del Banco do Brasil con la esclavitud. Bernardino de Sa, su mayor accionista individual, fue uno de los principales traficantes al transportar unos 19.000 africanos a Brasil entre 1825 y 1851, incluso después de la prohibición del comercio en 1850.

El entonces director del banco, Joao Henrique Ulrich, comenzó como traficante de esclavos en Angola, mientras que Joao Pereira Darigue Faro, el vicepresidente, provenía de la familia que más esclavos poseía en el estado de Espírito Santo, la principal región productora de café del país.

El estudio detalla además cómo el Banco do Brasil utilizó su capital, en gran parte procedente del comercio de esclavos, para financiar toda una economía basada en la esclavitud. Los negros no sólo fueron convertidos en mano de obra, sino también en activos financieros que garantizaban préstamos y generando grandes riquezas.

El debate va más allá de Brasil: las naciones africanas celebraron este mes una pionera conferencia sobre reparaciones por el devastador legado de la esclavitud en el continente. El anfitrión, el presidente de Ghana, Nana Akufo-Addo, llamó a las naciones africanas y caribeñas a unirse para exigir justicia a los países occidentales.

En Brasil, los historiadores planean investigar otras empresas y familias cuya riqueza actual está vinculada a la esclavitud, dijo Abreu. "En Brasil, a veces parece que la esclavitud no tiene las huellas dactilares de nadie. Pero se cometió un crimen contra la humanidad, y tenemos que hablar sobre cómo los responsables pueden repararlo", concluye Abreu.

(Con información de AFP)

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