Opinión > Opinión / Eduardo Blasina

El problema del agro es grave, generalizado y decirlo no es un ataque al gobierno

Los productores iniciaron la protesta porque están realmente en una situación complicada

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17 de febrero de 2018 a las 05:00

El acto de Durazno fue histórico por varias razones, entre otras por la clarividencia con la que avisó que era necesario prestar atención a problemas reales, aunque fuera pleno enero.

En lo político dejó claro que no era una embestida político partidaria, sino un no va más a muchas cosas que empezaron a quedar claras desde entonces. Muchas situaciones de abuso que se percibían quedaron al descubierto. Y el cambio político es que más y más ciudadanos están ahora dispuestos a prestar atención respecto al destino de los dineros de todos y a no convalidar situaciones evidentemente erróneas, sean del partido que sean.

A partir de ese encuentro ciudadano, en vez de haber oscuros agentes desestabilizadores conspirando lo que ha habido es un gran avance en transparencia y en mejorar la calidad democrática a través de un mejor control y un agudo accionar de la prensa y tal vez de ciudadanos que ya se sienten con más libertad de contar los distintos atropellos pagados con dineros de la gente y que tal vez estaban empezando a formar parte de un statu quo indeseable.

El tsunami derivó en una ola de transparencia que abrió la caja de pandora y en todo caso debe llevar a separar la paja del trigo y generar una democracia más sana. Tal vez genera una cultura que previene desprestigios más agudos que la política sufre en otros lugares y que sufrió en otros tiempos aquí.

Pero en definitiva la movilización fue generada en su origen por la desesperación que provoca percibir ingresos que caen mes tras mes, sentir que las perspectivas se oscurecen por factores que son inmanejables para los productores y que para los ciudadanos urbanos que trabajan lejos de la exportación no son incómodos.

El dólar que baja gradualmente, la inflación que gradualmente se traslada a costos, las contribuciones inmobiliarias que suben sin contrapartida. La situación ya era grave. Y buena parte del conjunto de la sociedad uruguaya lo ha comprendido. A pesar de que un dólar a la baja es agradable y un verano soleado es maravilloso para un veraneante, hay otro Uruguay lejos de la costa trabajando para exportar los productos y el trabajo uruguayo que la tienen cada vez más difícil.

El discurso de demonizar la protesta no ha cuajado. El de adjudicar intereses partidarios se ha caído por su propio peso. La discusión sobre el precio de la tierra no tiene asidero. Los productores iniciaron la protesta, acompañada de propuestas, porque están realmente en una situación complicada y fueron desde entonces seguidos por más y más ciudadanos que también se sienten agobiados. En el interior es donde más se siente, pero si la situación se prolonga, cuando se sienta en forma completamente generalizada ya será tarde.

autoconvocados

La situación ya estaba complicada el año pasado, y los productores a través de sus organizaciones tradicionales lo avisaron. Más lo estaban en enero cuando el campanazo de los autoconvocados se hizo oir en todo el país, y mucho más lo están ahora que la sucesión de meses secos se ha llevado cientos de miles de toneladas de soja, maíz y sorgo. Habrá una caída fuerte de la producción agrícola de 2018 y de la producción de terneros de 2019.

Con el pasto reseco, días agobiantes con sol a pleno semana tras semana, las vacas no ovulan. Sus cuerpos consideran un riesgo la enorme inversión de generar un ternero en medio de una sequía. De modo que los 20 gobiernos, el nacional y los 19 departamentales deben tener claro que es una situación muy complicada para todos, mucho más complicada ahora de la que había un mes atrás. Lloverá algo este lunes y martes, pero volverá a imperar La Niña. Es una situación realmente delicada.

De acá a octubre, habrá que enfardar todo el arroz, el trigo, la cebada, habrá que armar un sistema de distribución de raciones, todo lo que se pueda e intentar que el ganado no termine muerto o bajo el tórrido sol de verano o muerto de frío esperando un rebrote de la primavera tras un invierno sin pasto. Para los ganaderos, productores lecheros y también agricultores todo será difícil y por eso la mesa de trabajo de este lunes adquiere una significación muy especial. Y para los agricultores, contratistas, camioneros y demás servicios vinculados vienen tiempos difíciles.

Protesta conflicto agro paysandú productores rurales


La gravedad de la situación le da al gobierno la chance de aproximarse al sector productivo y exportador de una manera diferente a la que lo ha hecho hasta ahora. Apostando a revertir la tendencia a la baja de las inversiones, apostando a mostrar que realmente entiende la gravedad de lo que está pasando. Dejando finalmente de discriminar a alguien porque trabaje con vacas y ovejas o por alguna otra razón. Puede por ejemplo levantar ya el subsidio que favorece a las empresas de transporte urbano de pasajeros y que pagan sin ningún justificativo los productores. El gobierno bien puede decretar estado de emergencia, excepción, o catástrofe por sequía e implementar una serie de medidas.

En vez de subsidiar a la industria cervecera puede apoyar a los agricultores de trigo y cebada que sino será muy difícil que puedan plantar. Seguramente sirva para ahorrar suspender la mezcla de alcohol con nafta o de aceite con gasoil. Aunque sea por un tiempo. Y la rendición de cuentas tiene que ser sin aumentar el gasto.

Tal vez la meta fiscal en vez de ir a 2,5% puede ir a 2,6% o 2,7% al final de este período y dejar para el siguiente una meta más ambiciosa. Como se dice en la jerga de los puertos: "Force majeur", la sequía sumada a todo lo que ya sabemos genera problemas de fuerza mayor.

El gobierno tiene que entender que el problema es grave, es generalizado y que haberlo decirlo con claridad no es un ataque, sino un mero diagnóstico. Las exportaciones y la producción nacional atraviesan un momento de fragilidad importante. Todas. Pero el 75% que deriva del trabajo en la tierra más. Pueden soportar bajos precios, pueden soportar atraso cambiario, pueden soportar una sequía. Pero no pueden soportar las tres cosas a la vez.

Y eso es lo que hay. El problema ya es sabido y no es solo de los productores, es del almacenero, del mecánico, del que no trabaje en negro y deba afrontar las obligaciones del Estado con ingresos en baja persistente. Si sacamos del dato de este año la celulosa –que es independiente del clima y disfruta de buenos precios internacionales- y si sacamos de la ganadería el efecto de faena forzada por la sequía, queda claro que las alarmas sonaron con toda la razón.

Se sabe que hay poco margen, que hay un grado inversor a cuidar, que hay una programación de achique del déficit fiscal a mantener. Pero también se ha notado que había varias situaciones en el estado que había que corregir y que seguramente hay muchas más. Y que la clave de estos años es que la oportunidad uruguaya no perezca bajo el peso de un dólar bajo, una sequía, unas obligaciones insostenibles un período electoral en el que se ceda a la tentación tan habitual en estos países de gastar más de lo posible en pos de la victoria.

Así como hay una reserva en el Banco Central que estabiliza la macroeconomía, hay una reserva de stock vacuno que no debe liquidarse, hay un desarrollo agrícola en peligro y un sector lechero que disfrutamos como consumidores todos los días que no pueden caerse por la borda. Dar soporte al motor principal de la economía uruguaya, que no ha reclamado nada durante años, que ha subvencionado a empresas omnibuseras sin quejarse, que ha hecho una revolución tecnológica y de inversión, no es desestabilizador sino todo lo contrario, es apostar a la estabilidad cuando esta corre peligro.

La oportunidad uruguaya se juega muchísimo a partir de este lunes. Sin ganadería, agricultura, lechería, no hay desarrollo posible. Y el desarrollo lo construyen los pequeños productores, los medianos y los grandes. Así en el agro como en la industria y los servicios.

El agro, más con esta sequía, está ante una situación excepcional, de emergencia y requiere un soporte excepcional. Que se recuperará luego con crecimiento económico y recaudación impositiva generada por rentas. l

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