11 de abril de 2011 19:02 hs

En malos tiempos para los románticos del fútbol, el estadio Santiago Bernabéu acogía un partido que enfrentaba a los dos mejores equipos del 2005. El Real Madrid por efectividad y pegada. El Villarreal por fútbol. Y la batalla no defraudó.Luxemburgo tenía un plan y regó el césped minutos antes del pitido inicial. Buscó velocidad para desarbolar a la contra a un rival que justificó las credenciales que le hacen ganarse con toda justicia ser el equipo revelación de la Liga y, para Arrigo Sacchi, el mejor conjunto de España.

No le importaba a Luxemburgo que el balón fuese para el rival. Planteó un encuentro que sabía de antemano que sería de ida y vuelta, en los que el poderío físico de David Beckham acaba convirtiéndole en actor principal.

Así, llegaba un error arbitral que marcó el duelo. Corría el minuto 38 cuando Pavón no dudó en lanzarse dentro del área a cortar un pase medido de Riquelme y ver como, tras tocar el balón, el uruguayo Diego Forlán caía y el árbitro picaba. Riquelme no perdonaba.El gol presentaba un partido de infarto para el Madrid, que resolvió a la heroica. Un remate como señal de intenciones de Raúl nada más reanudarse el partido avisaba de un vendaval que estaba por llegar. Zidane tenía guardado en su tarro de las esencias una de sus antológicas jugadas. Llegó cuando comenzaba a sufrir el Real Madrid por el buen criterio del Villarreal, pegado a la línea de fondo para poner en bandeja el tanto del empate a Ronaldo que sólo tuvo que empujar a la red con la testa.

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El quinto triunfo consecutivo estaba logrado para un Real Madrid que se recompuso con uno menos, se encerró y dejó pasar los minutos de un partido que acabó con remates de los argentinos Riquelme y Sorín, y con una pelea sobre el campo que supuso las expulsiones del francés Zidane y de Quique Alvarez.

(EFE)

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