Opinión > EDITORIAL

El retorno de Sanguinetti

El expresidente está de nuevo en el ruedo electoral 

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07 de marzo de 2019 a las 05:04

Existe un viejo dicho que dice que en Uruguay los políticos se van de la política solo con “los pies para adelante” o cuando “ven crecer el pasto desde abajo en el cementerio”. 

El caso del dos veces expresidente de la República Julio María Sanguinetti no es la excepción a la regla. Uruguay, el país de los abuelos, parece sentirse cómodo con dirigentes políticos octogenarios, cuyas opiniones y posicionamiento dicen mucho sobre los espacios de poder y su relación con las nuevas generaciones, y la enormidad que le cuesta a estas ocuparlos.

El 1° de marzo el exlíder del Foro Batllista volvió a la cancha y correrá por el sillón presidencial en la interna de su querido Partido Colorado. Es una noticia que no por esperada –solo faltaba el anuncio del propio Sanguinetti– deja de sorprender igual.

El retiro de la política del senador Pedro Bordaberry luego de profundos reveses electorales dejó al partido de Rivera en una confusión de la que no parecía poder salir. Sin embargo, apareció Ernesto Talvi, un economista formado en la universidad de Chicago, para intentar renovar la colectividad colorada.

En una maniobra política arriesgada desestimó el aparato que le ofrecía Sanguinetti para sumar esfuerzos. El inconveniente despertó al viejo león retirado que empujado por sus leales –y su compañera de todas las horas– percibió el hueco que se abría y se propuso llenarlo a su estilo y con su forma.

Lo antedicho dinamizó la interna del Partido Colorado que ahora resulta no solo atractiva desde el punto de vista electoral, sino que muy interesante políticamente de cara a un futuro donde todo indica no existirán más mayorías parlamentarias.

Lo quieran o no, no debe existir uruguayo que niegue que escuchar hablar a Sanguinetti es una experiencia francamente agradable. Es un hombre lúcido, inteligente y con la piel curtida de toda una vida tomando decisiones políticas muy importantes para el futuro del país. En el acierto o en el error, Sanguinetti le marcó el paso a Uruguay y tras el anuncio del 1° de marzo lo seguirá haciendo algunos años más. 

Su reingreso a la contienda electoral eleva la vara al resto de los adversarios, dentro y fuera de su partido. Obliga a repensar estrategias y a hilar muy fino los movimientos tanto antes como después de las elecciones internas del 30 de junio. 

Hay que ver si los frentistas desencantados encuentran en la figura de Sanguinetti un refugio adonde acomodar el cuerpo y si su figura y discurso resulta atractivo para los más jóvenes que nunca vivieron bajo su presidencia.

Los millennials son volátiles, mucho menos politizados que sus padres y abordarán la figura de Sanguinetti sin la carga negativa que pueden tener aquellos que cuestionan la transición que lideró para salir de la dictadura militar. Se abre allí una enorme incógnita que solo las urnas develarán.

Dicen que el viejo líder lo que quiere es convertirse en el factor que impida un cuarto gobierno del Frente Amplio (FA). El devenir dirá si Sanguinetti logra devolver al Partido Colorado a un sitial de competencia real por el sillón presidencial o si tan solo será la palanca que los blancos necesitan para disputarle el poder al FA. 

Frente a lo que sea, con Sanguinetti en la cancha, se debe estar muy atento ya que puede suceder cualquier cosa. 

 

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