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El riesgo del exceso de energía

Además de actividad industrial, empleo y exportaciones, las plantas de celulosa han aportado una transformación

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10 de enero de 2018 a las 05:00

Además de incrementar la actividad industrial, el empleo y las exportaciones, las plantas de celulosa han aportado una sorpresiva transformación al llevar a la biomasa al primer lugar entre los diferentes componentes de la matriz energética local.

La biomasa incluye a la leña que se utiliza como energético en industria y hogares, pero también a los desechos de la madera que procesan UPM y Montes del Plata para generar electricidad, además de parte de la basura y otras formas de residuos.

Según los últimos datos oficiales, la biomasa no solo sobrepasó en participación en la canasta energética local a los derivados del petróleo y a la generación hidroeléctrica, sino que ha opacado el brillo estelar de los molinos de viento, relegados a un lejano cuarto lugar.

Estos resultados, anunciados por la Dirección General de Energía, se refieren al consumo de energía en las industrias y los hogares en 2016 pero no a la capacidad instalada de generación, área en que siguen a la cabeza las represas y la eólica.

UPM y Montes del Planta tienen en sus instalaciones plantas dedicadas específicamente a generar electricidad con los restos de la madera que utilizan para su actividad central de producir pasta de celulosa. Esta energía se incorpora a la matriz que maneja UTE y que incluye fuentes renovables – biomasa, hidroeléctrica, eólica y solar – y las no renovables, más contaminantes y costosas, integradas por petróleo y sus derivados, gas natural y carbón.

La eólica, que se desarrolló meteóricamente desde que se instalaron los primeros molinos de viento en 2008, mantiene su voluminosa capacidad de producción. Pero esta fuente de energía limpia conlleva costos poco conocidos públicamente, debido a dos factores.

Uno es la alta exención de impuestos que, según algunos economistas privados, llega al 50% de los tributos que les correspondería pagar. El resultado es reducir los ingresos fiscales, renuncia que el gobierno transfiere a la población a través de los ajustes que se suceden desde hace más de un año en reiterados aumentos de impuestos y desmesura en las tarifas de servicios públicos.

El otro factor es la obligación contractual de UTE con las empresas eólicas privadas de pagarles aunque no absorba totalmente su capacidad de producción. El año pasado UTE dispuso que los parques eólicos detuvieran la producción porque, pese a las exportaciones de electricidad, la oferta superaba en esos momentos a la demanda.

Esto le supuso a UTE compensar a esas firmas con casi US$ 59 millones. Pero la situación puede avanzar en el mismo sentido en el caso de la biomasa por el compromisos que asumió el gobierno con UPM para la instalación de su segunda planta en el país, que tendrá una capacidad de producción superior a la de las ya existentes.

El Poder Ejecutivo acordó con la compañía finlandesa comprar el excedente de electricidad que genere en su nueva fábrica a US$ 72,5 el megavatio/hora durante 20 años, un precio que excede incluso lo que paga UTE actualmente a productores eólicos.

El resultado, si no se produce un salto poco esperable en el consumo local de energía o se logra consolidar la exportación a Brasil o Argentina, será un excedente de potencial de generación eléctrica sin destino que se deberá pagar al productor aunque no se utilice y continuará recayendo sobre el bolsillo del consumidor local uruguayo.
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