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El show debe continuar: la magia de los magos uruguayos sigue vigente

Los artistas locales buscan alternativas para seguir trabajando en la era del acceso total a la información y el entretenimiento

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27 de mayo de 2018 a las 05:00

Hace cientos de años, la magia tenía un solo objetivo: engañar. Durante mucho tiempo, oportunistas y estafadores utilizaron la excusa de la hechicería y el misticismo para explicar fenómenos sobrenaturales o milagros y así meterse a los incrédulos en los bolsillos.

Hoy el engaño ocurre con permiso de los espectadores. Es un juego. Magos que pretenden tener el poder encantan a un público que se desvela por entender la trampa.

–Yo trabajo con mi voz y con mi energía –dice Harry Scott. Está de pie en el medio de la sala de estar de su casa, que bien podría ser la de un contador, un economista, un médico. En su atuendo no hay capas, galeras ni brillos; tiene puesta una camisa roja y un saco informal.

Ese estar es hoy sala de ensayo y escenario. Su voluntario es un joven cliente del taller de motos que queda a una casa de por medio y que se ofreció a participar en una demostración de mentalismo. Los del barrio ya están acostumbrados a que el mago necesite de alguien para probar sus nuevas técnicas.
Scott sacude su mano. Después: silencio.

–Esto se llama punto fijo –el mago susurra y apunta su dedo índice en el entrecejo del voluntario–, el inconsciente de una persona se encuentra en esta zona del cerebro.

El joven se tambalea y el susurro del mago se convierte en bramido.

–¡Fija tu vista en mi dedo! Respira profundo. ¡Siente mi energía!

Scott toma la cara del muchacho con la mano y empuja su cabeza hacia atrás.

–Uno, dos, tres, ¡sueño! –exclama.

El voluntario se derrumba con los ojos cerrados. ¿Está dormido? o ¿está fingiendo? Parecería que el mago lo hizo.

Un sonido metálico interrumpe la escena onírica. La puerta chilla desde el otro lado de la habitación y una mujer rubia entra envuelta en una bufanda verde.

–Mi esposa –Scott sonríe y por unos segundos abandona su personaje. La mujer atraviesa la sala saludando con una mano a los desconocidos, mira al joven dormido tirado en el piso y continúa su camino impávida. Está acostumbrada a ese despliegue.

Lo que sigue a partir de ahí es una manipulación insólita. Con un chasquido de dedos Scott puede hacer que alguien se olvide de un número, el ocho por ejemplo, o convencerlo de que en vez de Juan Carlos, se llama Mariela. También puede hacerlo olvidar una palabra, un idioma entero o la dirección de su casa.

Con otro chasquido el voluntario despierta. No recuerda nada.

–¿Cómo llegué al sillón? –pregunta con los ojos somnolientos y el cuerpo relajado.

Fue magia.

Más allá del secreto

"Mamá, papá, quiero ser mago". Scott jamás olvidará los rostros de sus padres cuando les dio la noticia de que dejaba la Facultad de Arquitectura para dedicarse de lleno a la magia.

El mentalista está en la industria hace 30 años. Descubrió su gusto por la profesión cuando tenía 20 gracias a una changa como fotógrafo que lo llevó a sacar fotos en una espectáculo de Tusam –hipnólogo argentino– en Punta del Este.

El asombro despertó una vocación dormida y lo convenció de que quería hacer el resto de su vida lo mismo que vio esa noche sobre el escenario. A las certezas les siguieron años de trabajo y aprendizaje.

A Daniel Ketchedjian (38) –Daniel K en los afiches de teatro– le interesaba descubrir el secreto. Veía a grandes magos, como el argentino Henry Evans, en televisión y solo podía pensar en una cosa: "¿cómo lo hacen?"

Eso lo llevó a investigar de niño y a descubrir un mundo que lo hechizó al instante. Hizo cursos, participó en congresos en Buenos Aires y para el final del bachillerato ya daba shows todos los fines de semana. Su padre era el asistente. Lo llevaba a los eventos y lo esperaba en el auto a que terminara para seguir la gira o regresar a casa.

"La magia no es solo el secreto, es otra cosa. Y eso me enamoró más todavía. El secreto quedó en un segundo plano". Daniel Ketchedjian, mago

"Por suerte después descubrí que la magia no era el secreto, era otra cosa. Y eso me enamoró más todavía. El secreto quedó en un segundo plano", explica Ketchedjian sentado en una de las butacas de la platea del teatro Under Movie, donde se presenta todos los viernes con su espectáculo Decisiones.

Para los magos de verdad, la magia no es solo un efecto. Es teatro, música, danza, psicología, comunicación, mímica, humor. Es disciplina y compromiso; un ensayo atrás del otro.

Y en tiempos de stand-up, películas en 4D, sobredosis de series y mucha oferta de entretenimiento, los magos deben ofrecer un diferencial para seguir siendo vigentes en el mercado.

¿Cómo reinventar un arte milenario?

Que nadie la vea venir

Mago Ariel
Mago Ariel Tabares con David Copperfield
Mago Ariel Tabares con David Copperfield
El mago Ariel Tabares Junior es la segunda generación de magos en su familia. El primero fue su padre, que hizo mella en la historia de la magia uruguaya: era una eminencia. Tabares trabaja hace 47 años en la industria del entretenimiento nacional. De chico se colaba en los ensayos de su padre y observaba. "Mi casa era Disneylandia", recuerda. La magia le dio todo, incluso a su familia, porque conoció a su actual esposa en un show.

Si Tabares mantiene la actividad de su agenda es porque entiende más que nadie lo que implica reinventarse.

"Hoy no podés hacer los mismos juegos que hace 15 o 20 años porque no tienen el mismo efecto", concluye mientras observa su propia versión del muro de la fama, una pared en su casa repleta de fotografías y afiches de magos importantes del mundo. El retrato de su padre está incluido.

"Ahora hay que hacer una magia de knock out, fuerte, de sorpresa", agrega.

"Hoy no podés hacer los mismos juegos que hace 15 o 20 años porque no tienen el mismo efecto. Ahora hay que hacer una magia de knock out". Ariel Tabares, mago

Sobre esto, Ketchedjian opina: "Estamos en la era de la magia zapping: rápida y que logre conectar con la gente".

Los grandes despliegues ya no son atractivos para el público. Hay espectáculos de magia en todo el mundo que recurren más al humor que a los efectos. Ketchedjian, de hecho, se considera a veces más un showman que un mago. Hace seis temporadas que actúa en el Movie. Su fórmula funciona.

Acercarse al público es efectivo, creen los magos, y para eso hay que eliminar la parafernalia. Volverse accesibles. Tabares no usa el turbante y la capa que distinguían a su padre en épocas pasadas, prefiere el saco y la corbata.

Más allá de esos intentos de permanecer, hoy hay menos trabajo. De 15 shows y presentaciones semanales, los magos han bajado a entre seis y ocho. Pero que el mercado esté atravensando un momento complejo no significa que la magia haya desaparecido; aún tiene su lugar en el circuito comercial. Al menos en Montevideo, algunos magos pueden vivir exclusivamente de eso. Tabares, Ketchedjian y Scott, con estilos y edades diferentes, todavía la pelean.

Sobrevivir a redes y máscaras

Daniel K
Mago Daniel K con Cacho Bochinche
Mago Daniel K con Cacho Bochinche
Un mecanismo de supervivencia fue la agrupación. Se fundó la Asociación de Magia del Uruguay, un lugar en el que magos de todo el país pudieran conocerse, compartir sus secretos, delinear el futuro y comer asados.

"El ambiente de la magia es celoso y abierto al mismo tiempo", dice Ketchedjian. Igual lo primero es la colaboración. Sobre todo como legado de épocas pasadas en las que si un mago uruguayo quería innovar en su espectáculo no le quedaba más opción que versionar juegos de la televisión con mecanismos artesanales y técnicas compartidas. También porque a Uruguay solían llegar magos en circos o giras que compartían sus conocimientos con colegas locales.

Ahora es más sencillo: se obtienen licencias de trucos sin mayor esfuerzo que un clic y se compran juegos hechos en tiendas especializadas o congresos internacionales.

"Antes los magos eran otra cosa. Les ofrecían trabajo en un cumpleaños infantil y contestaban que para esas cosas estaban los payasos. Trabajaban solo en eventos de prestigio". Harry Scott, mago

La llegada del Mago Enmascarado a la pantalla cambió las reglas del juego; las redes sociales las destruyeron. Los magos cuentan que ahora las personas escriben sin pudor alguno a través de chats y foros para pedir que se revelen las técnicas de los juegos. Hay falta de ética y de respeto al trabajo, señalan. Los tutoriales en YouTube y los blogs obligan a los magos a ajustar sus técnicas porque cualquiera puede descubrir secretos desde la pantalla del celular.

Tabares dice: "Hoy la gente, más que asombrarse, quiere divertirse". La apuesta está en los guiones y las ocurrencias.

Mantener el balance entre risas y exclamaciones, respetar los secretos y tradiciones, y no convertirse en un juego de niños. Ojalá pudieran sacar la fórmula de adentro de una galera.

Magos uruguayos históricos

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José Escribanis

Daniel K trabaja en una investigación sobre la historia de la magia uruguaya hace varios meses. El primer mago uruguayo del que encontró registro es José Escribanis. En un libro de Orosmán Moratorio, el autor describe lo que sería una presentación de magia en Paysandú. El texto es una crónica sencilla que relata cómo Escribanis hizo desaparecer un dado frente a la platea sin que nadie pudiera descubrir su secreto. Moratorio lo traza como un "brujo" que utilizaba galeras y varitas mágicas y que se reía del público desafiándolo constantemente.

Carlos Borrás

Este mago uruguayo trabajó toda la vida bajo el seudónimo de Robert Audine. Se presentó durante años en salas y confiterías de Montevideo. Se destacó por ser un mago que sabía manejar mejor que nadie la performance más allá del truco en sí mismo.

Ariel Tabares

Es uno de los magos más respetados del país. Fue propulsor del diálogo entre magos uruguayos y del resto del mundo. Su sello: siempre llevaba un distintivo turbante. ntre risas y exclamaciones, respetar los secretos y tradiciones, y no convertirse en un juego de niños. Ojalá pudieran sacar la fórmula de adentro de una galera.



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