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25 de marzo de 2012 20:43 hs

Termina el partido en Belvedere. Pucha que momento para vivirlo y poder contarlo. Lágrimas en los ojos de mucha gente. Personas de edad que se abrazan emocionadas. Una joven que se confunde en un beso emocionado con su padre. Vaya uno a saber cuántas historias, imágenes y recuerdos de gente que ya no está, deben haber pasado en ese sublime instante. Nada se compara con ese sentimiento tan puro. Surgido de las entrañas de un barrio. Construido con el sufrimiento de tantos domingos de derrota. Nacido en canchas donde se repiten las mismas caras. Provocado por las lágrimas del descenso.

Pero a la larga siempre habrá recompensa. Nadie sabe cómo terminará este viaje de Liverpool, pero el negro de la Cuchilla vive el sueño de su vida. A esta gente que tengo a mi alrededor, la mayoría personas de edad, nadie les quita este domingo de felicidad. Después de tantos años de sufrimiento es hora de disfrutar la recompensa de un club encarado con profesionalismo y seriedad. Nada de andar a los tumbos ni poniéndose de rodillas para mendigar. En Liverpool hay coherencia.

Y la victoria de ayer fue el fiel reflejo de la historia de los negros. Sufrida, luchada, angustiante.

Es que el equipo de Antúnez fue sumamente superior a Cerro Largo en el primer tiempo pero terminó pidiendo la hora.

Comenzó ganado producto del aprovechamiento de una acción de pelota quieta cuando, a los 20 minutos, Figueroa ejecutó un tiro libre al primer palo y el paraguayo Torres anticipó de cabeza.

El gol significó tranquilidad y con la tranquilidad el equipo mostró su mejor cara.
Siete minutos después Barboza despercidió un contragolpe y sobre la media hora Figueroa avisó de tiro libre. La última fue a ocho del final cuando Figueroa obligó a una atajada espectacular a Campaña con mano cambiada.

Cerro Largo no provocó absolutamente nada. Fue un cuadro sin fibra, tímido. No fue capaz de generar una sola acción y apenas remató dos veces al arco.

Pero en el segundo tiempo el viento cambió. Y no precisamente por un factor meteorológico, sino porque Liverpool se quedó, y el elenco arachán se animó y fue. Entonces debió aparecer Juan Castillo para ahogar a Lucas.

Con Liverpool anestesiado, la visita tomó las riendas del juego y empezó a manejar el ritmo. “La pelota la tuvieron ellos y nosotros corrimos mucho detrás de ella”, fue la sentencia del técnico Antúnez para explicar lo que se vivió.

Y el gol del empate no tardó en llegar. Minuto 20, centro de Ruiz desde la izquierda y cabezazo con los ojos bien abiertos de Lima para igualar y poner un manto de incertidumbre sobre Belvedere.

A partir de ese momento el partido quedó abierto. Y era para cualquiera. Quedaba claro que el error tendría un alto costo.

Primero lo desperdició Lucas en un contragolpe, luego Barboza no aprovechó un error de Viera, tocó timbre Mansilla, y abrió la puerta del gol Vera, a la media hora, luego de un gran pase de Figueredo. Otra vez la locura en Belvedere. Y otra vez el sufrimiento en la casa de Liverpool arrinconado por un equipo que con Lucas y Lima le hizo dura la victoria. Castillo salvó otro mano a mano. Vera terminó marcando de lateral. Y llega el final. Lágrimas en los ojos de mucha gente. Personas de edad que se abrazan emocionadas. Una joven que se confunde en un beso emocionado con su padre. El sentimiento más puro de Liverpool a flor de piel. El sueño de sus vidas.

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