A veces, la estabilidad en los grandes números esconde cambios cualitativos mayores. En las pasadas elecciones de octubre, el Partido Colorado mantuvo intacto su 12% conseguido cinco años atrás. Desde una mirada cuantitativa global, no hubo cambios en el horizonte y el PC mantuvo su idéntico tercer lugar en el ranking partidario. Sin embargo, los mismos votos no fueron de los mismos votantes. Con el triunfo de Ernesto Talvi en la interna colorada, el PC consolidó un giro hacia el electorado de centro por un doble fenómeno: sufrió la emigración de electores conservadores hacia Cabildo Abierto mientras simultáneamente logró captar algunos votantes de centro desde otras tiendas políticas (quién más sufrió proporcionalmente ese traspaso de votantes fue el Partido Independiente).
Ese giro al centro está directamente relacionado a la campaña y la retórica de Talvi, que supuso novedades importantes respecto a la estrategia empleada por Bordaberry en las dos elecciones previas. Por ejemplo, Talvi remarcó su apoyo a varios pilares de la nueva agenda de derechos, con guiños fuertes y continuos hacia el movimiento feminista. Talvi también realizó varias críticas frontales al último gobierno militar que atravesó al país y remarcó continuamente sus diferencias con Cabildo Abierto, llegando a decir que lo separaba un “océano” de dicha fuerza política y que se sentía más cercano ideológicamente a Daniel Martinez que a Guido Manini (hubiera sido impensable que Bordaberry declarara tal cosa). En cuanto a la seguridad pública, Talvi y sus asesores enfatizaron el apoyo a una línea de combate a la criminalidad que apostara más a la mejora de la “inteligencia policial” que al endurecimiento de las penas. En esto se diferenció bastante de la mayoría de las agrupaciones multicolores. No por casualidad, el principal asesor de Bordaberry en seguridad, hoy subsecretario del Ministerio del Interior, renunció al PC en el segundo semestre de 2019 y terminó como asesor de Lacalle Pou en la campaña electoral. Finalmente, Talvi apostó desde el inicio a una retórica de mayor reconocimiento al legado y la obra del primer batllismo. Entre otras cosas, puso un fuerte énfasis en el papel del Estado como igualador de oportunidades, muy especialmente a través del fortalecimiento de la educación pública. Podría decirse que el “liberal-progresismo” de Talvi tantas veces recurrido durante la campaña, fue un intento de mixturar el liberalismo de un Batlle (Jorge) con el progresismo de otro (José).
Diego Vila
Una pregunta central se impone, consumada la muy reciente renuncia de Talvi tanto al Senado como a competir por cargos electivos (asumiendo obviamente que dicha renuncia se sostendrá en el tiempo): ¿qué sucederá con ese giro al centro en clave “liberal-progresista” en el Partido Colorado? Dos grandes alternativas parecen perfilarse en el horizonte. Del sendero finalmente consumado, dependerán también el tipo de amenazas y oportunidades que enfrente el Partido Colorado de cara a 2024.
El primer camino posible es que Ciudadanos se mantenga intacto en términos de su peso dirigencial, preserve su independencia como ala partidaria y reivindique el perfil discursivo sembrado por Talvi.
Este, de hecho, parece ser el objetivo y sueño actual de su fundador, quien se imagina liderando un think tank partidario que cimente las bases programáticas de la agrupación mientras otros elencos se encargan del trabajo propiamente político. En un caso así, Ciudadanos estaría en condiciones de disputar nuevamente la candidatura presidencial colorada. El gran desafío para cristalizar esta posibilidad es dar con un sucesor político potente de Talvi, una figura de peso que renueve el entusiasmo de dirigentes, militantes y electores de a pie, hoy defraudados y huérfanos. No es un desafío simple: no hay un nombre “cantado” y los liderazgos no son fácilmente sustituibles. Esta dificultad bien la conocen en Batllistas, que deambulan elección tras elección sin encontrar al heredero del expresidente Sanguinetti. También sufren hoy este problema los frentistas, inmersos en un costoso proceso de renovación mientras los pesos pesados históricos siguen marcando la agenda aunque no estén en carrera. Por otro lado, si Talvi continuara como referente programático del sector, dirigiendo el think tank de la agrupación tal como se anuncia, queda planteado cómo será la articulación entre los dos liderazgos: el de su fundador devenido en asesor estrella y el de su nuevo candidato. Este no es un aspecto menor conociendo los recientes conflictos que Talvi atravesó en su paso por la actividad política.
El segundo camino posible sería la recomposición de las alas del Partido Colorado y la desaparición de Ciudadanos como agrupación distintiva. Esta posibilidad podría darse si emergiera un liderazgo externo al de Ciudadanos que arrastrara a una parte significativa de sus dirigentes. Una obvia posibilidad es el regreso de Pedro Bordaberry a la política, aunque podrían perfectamente ser otros los líderes emergentes. Este también es un escenario razonable: vale recordar que varios de los actuales integrantes de Ciudadanos fueron miembros de otras alas partidarias en el pasado. Hay de hecho, una importante cantidad de dirigentes talvistas con pasado en Vamos Uruguay, el sector fundado en su momento por Bordaberry. Aunque hay algunas diferencias ideológicas importantes entre Talvi y Bordaberry, las mismas no parecen decisivas para impedir que sus apoyos se intercalen según el contexto político de turno. En un escenario de este tipo, se presentarían oportunidades para otros jugadores. Un Partido Colorado con impronta débil o nula de “liberalismo progresista” podría por ejemplo favorecer al Partido Independiente, cuyo solapamiento ideológico con Ciudadanos es evidente. A la inversa, el reemplazo de Talvi por Bordaberry podría significar una amenaza para Cabildo Abierto, notoriamente beneficiado por el resultado de la interna colorada en la elección de junio de 2019.
Leonardo Carreño
El tiempo dirá hacia cuál de estos escenarios se vuelca el Partido Colorado en su fase post-talvista o si se configura un tercer escenario aquí no vislumbrado. Lo que parece estar claro es que, en términos de las perspectivas electorales, un talvismo exitosamente renovado (con o sin Talvi detrás de escena) supone consecuencias muy diferentes a un talvismo diluído o directamente extinto. Con el primer escenario, el Partido Colorado factiblemente se encamine a una disputa interna similar a la de 2019 (con la obvia salvedad de que ambas alas partidarias deberán encontrar sucesores de Sanguinetti y Talvi). Con el segundo escenario, nuevos actores tendrán oportunidad de disputar al preciado electorado de centro, tanto dentro como fuera del bloque multicolor. El futuro de Ciudadanos también tiene implicancias respecto a los pesos y contrapesos al interior de la coalición multicolor. De mantenerse firme el sello retórico e ideológico del talvismo, las diferencias y equilibrios internos del bloque se mantendrán estables. En caso de diluirse, se plantea la interrogante de si otros actores del bloque levantarán las principales banderas ideológicas y programáticas que Talvi agitó durante la campaña electoral y en su corto trayecto ministerial. Si no lo hicieran, seguramente estaremos hablando de un giro a la derecha en el bloque multicolor.