Opinión > AISLAMIENTO EN ARGENTINA

El temor de habernos aislado en vano invade a muchos argentinos

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07 de mayo de 2020 a las 05:02

Desde el 20 de marzo el presidente Alberto Fernández decretó el aislamiento obligatorio para toda la nación argentina. De tal modo ordenó cerrar las fronteras del país y dispuso que los ciudadanos debían permanecer en sus casas. Así ingresamos en una primera etapa, que duró quince días, que fue calificada como de “aislamiento obligatorio”, para pasar posteriormente a una segunda etapa, calificada como de “aislamiento administrado”, y desde el lunes 27 de abril ingresamos en una nueva etapa calificada como de “segmentación geográfica”.  En el planteo de esta última fase, se trazaron mínimas aperturas a la cuarentena para aquellas ciudades donde habiten menos de 500.000 habitantes. La apuesta de máxima trasmitida por el gobierno en cada comunicado destinado a reformular la cuarentena, parecía subrayar la importancia de fortalecer nuestro precario sistema de salud. En Europa ya veíamos imágenes aterradoras de miles de personas muriendo a diario, y “mirar el diario del lunes” quería decir “quedémonos obligatoriamente en casa hasta equipar mejor nuestro básico sistema sanitario”.

Pasaron las semanas, y por supuesto encerrados en nuestras casas, los contagios y las muertes fueron extremadamente inferiores a los ocurridos en otras lejanas latitudes donde el aislamiento social no se terminaba de asumir. Sin embargo, en al menos tres campos no se prestó la debida atención en Argentina, si pretendemos evitar como se anunció infinidad de veces, que la curva de contagios se eleve de repente y que no colapse nuestro sistema de salud (lo cual nos llevaría finalmente a lo que tanto queremos evitar: desatención médica y muerte a gran escala).

Un campo refiere a los mínimos o nulos controles en los diferentes centros geriátricos donde residen personas adultas mayores, que conforman el gran grupo de riesgo. Así, el virus ingresó en la inmensa mayoría de estos hogares o geriátricos. El primero caso televisado impactó sensiblemente, cuando los argentinos veíamos en tiempo real como llevaba a cabo la evacuación el Sistema de Atención Médica de Emergencias (SAME) en un hogar en el barrio de Belgrano de la ciudad porteña, luego de cinco días de declarado el primer caso positivo de coronavirus en dicho geriátrico. A partir de la visualización de este caso comenzaron a conocerse la enorme cantidad de hogares para adultos mayores que venían y vienen padeciendo esta misma situación, de residentes y personal de los hogares infectados por coronavirus.

Por otra parte, otro campo refiere a las mínimas medidas tomadas hasta el momento en las cárceles en la Argentina. Junto a los geriátricos, las cárceles son espacios donde la aglomeración es colosal y la exposición es inmensa, por tal motivo, es de esperar que en estos espacios también ocurran contagios en masa, y si esto sucede, también podría saturarse nuestro sistema sanitario rápidamente, debido a la hospitalización que puedan requerir infinidad de presos contagiados por coronavirus o personal a cargo del cuidado de éstos. Las medidas tomadas hasta el momento consistieron en la decisión de un puñado de jueces de liberar otorgándoles prisiones domiciliarias (donde los controles son extremadamente vulnerados), a delincuentes que conforman el grupo de presos de alta peligrosidad (violadores, asesinos, criminales de lesa humanidad y femicidas).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos comunicó con precisión, como, más de la mitad de la población que falleció por COVID-19 en Europa, fue población que residía en geriátricos. La misma OMS también recomendó que se “desalojen” presos de las cárceles si éstas se encuentran sobrepobladas. En Argentina no se leyó correctamente” el diario del lunes”, y la parte que anunciaba que los geriátricos con mínimos controles sufrieron la mayor cantidad de muertes por COVID-19 en el continente europeo, se nos pasó por alto, y así los geriátricos en Argentina desatendieron los protocolos y hoy el virus ingresó a la mayoría de estos hogares. Respecto a las cárceles, Argentina parece respetar la recomendación de la OMS adaptándola a un garantismo que varios jueces consideran que es el camino a tomar, garantismo que prefiere nuevamente poner en peligro la seguridad de la mayoría de la población, antes que aislar a los presos en lugares especiales, tales como cuarteles o regimientos, que se puedan encontrar preparados para contener y controlar mejor a los diversos procesados y condenados.

El otro gran campo, no contemplado por la OMS, pero que en Argentina forma parte de los súper temas a ser atendidos en tiempos de pandemia, es la aglomeración descomunal que representa el sistema de transporte público, principalmente en las grandes ciudades. Un dato más que ilustrativo: casi tres millones de personas se trasladan a diario, en su camino de ida a vuelta a sus trabajos entre el Conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires. Si este tema no se resuelve, los contagios masivos serán imposibles de evitar y nuestro sistema de salud, mejorado en estas etapas de aislamiento, pero aun precario (por eso seguimos en cuarentena), colapsarán también por tal motivo.

La única medida que hasta el momento pudo contener que la curva de contagios escale y que no se sature nuestro sistema de salud, fue quedarnos en nuestras casas.

 El costo de esta medida es que, al día de la fecha, infinidad de pequeñas y medianas empresas, monotributistas o personal que se dedica a oficios varios, ya se encuentran en una situación desesperante, quebrados económicamente y sin la ayuda que se prometió que llegaría de parte de los bancos.

A partir de todo lo expuesto, conjeturas van conjeturas vienen, existe una suerte de percepción generalizada de que hasta el momento la ciudadanía en Argentina fue “rehén”, supeditándose a lo dictaminado por lo que fijó la agenda de gobierno muy extremada y categóricamente: quedarnos en casa bajo las diferentes carátulas de aislamientos social. Y desde el lunes 11 de mayo, día que se definirá como seguiremos conviviendo los argentinos en el marco de esta pandemia, muchos presumimos que la agenda de gobierno podrá empezar a ser fijada por el humor de la opinión pública, debido a que la presión social es muy fuerte hacia el gobierno, que nos aisló, para cuidarnos de no enfermarnos, pero que no encaró y no encara con buenos protocolos estos campos mencionados (geriátricos, cárceles y transporte público), donde la aglomeración de personas es inmensa, y que no tuvo reparos en paralizar la actividad económica sin mesura, empobreciéndonos, sin ayudarnos como lo anunció.

Si se abre la cuarentena en Argentina ¿se llevará a cabo simplemente por la enorme presión social que manifiesta la ciudadanía argentina en las últimas semanas, por no poder soportar más el encierro y la pérdida de trabajo? ¿O la dirigencia política habrá avanzado varios casilleros para que nuestro sistema de salud esté preparado para atendernos en época de coronavirus?

Un interrogante que preocupa mucho a una enorme cantidad de argentinos.

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