Ayer la tensiónque desde hace un mes se vive en torno a Gaza y el sur de Israel se desbordó otra vez hacia Jerusalén, donde hubo dos incidentes que las autoridades del país denunciaron como atentados terroristas. El primero fue cuando un palestino manejaba una retroexcavadora y volteó un ómnibus; mató a un transeúnte e hirió a otras cinco personas. Las Fuerzas de Defensa le dispararon y falleció. El otro incidente fue afuera de la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde un motociclista disparó a un soldado israelí, que quedó gravemente herido.
De acuerdo con el jefe de Policía de Jerusalén, Yossi Pariente, el agresor estaba vestido de negro y hay “muchas, muchas posibilidades” de que se tratara de un atentado terrorista.
El alcalde de la ciudad, Nir Barkat, pidió a los israelíes que estén alerta y que continuaran con su vida cotidiana. “Los terroristas quieren perturbar la vida cotidiana de los israelíes, no debemos darles ese gusto”, declaró, según recogió The Times of Israel.
Aunque siempre en tenso equilibrio, las relaciones entre israelíes y árabes que viven en Israel o en las zonas palestinas se han visto más resentidas en las últimas semanas. Así coincidieron algunos expertos de ambas zonas consultados por El Observador.
Varios de ellos señalaron como elemento de quiebre el secuestro y asesinato de tres adolescentes israelíes en una zona colonizada de Cisjordania en junio. Los jóvenes hacían dedo y desaparecieron, para ser hallados casi un mes más tarde muertos. Israel atribuyó el secuestro a Hamas (que nunca lo reconoció) y se basó en él para lanzar su operativa militar hacia Gaza.
“A partir de ese momento han cambiado muchas cosas”, explicó a El Observador desde Cisjordania una socióloga y profesora universitaria, que pidió no ser nombrada. “La vida de los palestinos en general ha sufrido una gran caída, con cierres, arrestos, incursiones, muertes y secuestros de palestinos y con el ataque a Gaza. Como resultado, no solo han aumentado los malos sentimientos, sino que además la esperanza de que termine la ocupación ha descendido a casi cero”, agregó.
Arie Kacowicz, catedrático de Relaciones Internacionales en la Universidad Hebrea de Jerusalén y profesor visitante en Georgetown, consideró que, antes de la desaparición de los adolescentes, los israelíes se habían olvidado del conflicto con los palestinos “debido a un aura de calma y silencio propiciada por la cooperación de las fuerzas de seguridad israelíes y palestinas en Cisjordania”. Ahora, cuando se demostró que la seguridad no estaba garantizada, la percepción “ha cambiado profundamente” y se generó “mucha tensión”.
A su modo de ver, ahora más que nunca hay “una tremenda falta de empatía entre los dos pueblos”.
De acuerdo con datos del Centro de Estadísticas de Israel de 2013, en aquél país viven poco más de ocho millones de israelíes y 1 millón 600 mil árabes. En un Parlamento de 120 miembros, 13 legisladores son árabes y hay ciudades como Haifa donde las dos poblaciones coexisten al menos en términos cuantitativos, pues la mitad son árabes y la otra mitad, israelíes. En Jerusalén también se integran ambas culturas.
En Cisjordania viven exclusivamente árabes palestinos y requieren de un permiso para cruzar a suelo israelí. En esa zona la interacción de los árabes con los de la otra raza es exclusivamente a través de los oficiales israelíes de seguridad que controlan el área y por medio de los colonos israelíes que se instalaron allí.
Ambas figuras, la del colono y la del policía, resultan antipáticas para los palestinos y por eso Jeff Halper, antropólogo estadounidense basado en Israel y director del Comité Israelí Contra la Demolición de Casas, define la relación entre ambos como la de un jinete y un caballo. “Están conectados, unidos, pero no es parejo. Los israelíes son los jinetes y los palestinos son el caballo”, ejemplificó ante El Observador.
En este contexto y con los incidentes de ayer ante la vista, algunos expertos se cuestionan sobre la esperable evolución de las relaciones entre israelíes y árabes, ya sea adentro del mismo territorio israelí o como vecinos separados por muros y prohibiciones.
Hace falta tiempo
“Hay chances de que las dos sociedades vivan juntas, pero se necesita un largo tiempo para conocer al otro y confiar en el otro, y eso no pasará en el corto plazo”, comentó por teléfono desde el norte de Israel Yokam Dagam, psicólogo que trabaja en Natal, un centro de recuperación de traumas que atiende fundamentalmente a víctimas de guerra y terrorismo.
“Hay que mirar cómo la gente fue educada en las escuelas, cómo miran a los demás. Si le enseñas a un grupo de personas a evitar a los otros, eso es lo que sucederá”, agregó, sin especificar si se refería a algún grupo en particular o a los dos.
Citado por la radio estadounidense NPR Ghassan Abdullah, director del Centro de Investigación Aplicado a la Educación en Ramala (Palestina), será muy difícil que la gente de su territorio acepte a los israelíes después de la presente campaña en Gaza.
“Es fácil curar las heridas físicas, es fácil reconstruir una casa, pero como psicólogo, consideró que llevará años o décadas derribar la barrera psicológica”, declaró.