En su tercer programa dedicado a la ruta del dinero K, el periodista argentino Jorge Lanata develó el rostro de uno de los principales titiriteros de la trama: el ministro Julio De Vido, funcionario desde hace 22 años y adjudicador de obras insólitas a las empresas de Lázaro Báez, el socio de Néstor Kirchner.
Si el difunto presidente argentino hubiera vivido en la Edad Media, seguramente hubiera tenido el título de señor feudal y el terreno que administraba a su antojo –su feudo–, hubiera sido la provincia de Santa Cruz. E incluso cuando este señor llegara a convertirse en rey, el feudo seguiría funcionando igual pero a escala aumentada.
La trama comienza en 1991, cuando Julio De Vido asume como ministro provincial de Santa Cruz. Las funciones que desempeñó, que excedieron lo que formalmente suponía su cargo, le valieron que Lanata lo llamara “el cajero K”, un mote que, con todo, pareció incompleto para otros periodistas como el santacruceño Juan Cruz Sanz, que comentó que llamar así a De Vido era como hablar de Lionel Messi solo como “el goleador”: “De Vido es el volante central del proyecto kirchnerista. Es el que roba la pelota cuando la tienen otros, el que reparte, el que manda. Es la voz de mando en el medio. El que hace el trabajo sucio pero no sale en las fotos”, escribió el cronista de Infobae en twitter.
Estela Kank, antigua socia de la empresa constructora santacruceña Kank y Costilla, describió en televisión cómo se pagaban las coimas a De Vido en su provincia. Según explicó, en su empresa era Carlos Costilla, su primo y socio, el que se encargaba de esto. “Un día el gerente le preguntó por qué las coimas tenían que ser del 5%, si siempre eran del 3%”, empezó. Y tras decir que Costilla no sabía por qué se pagaba ese valor, dijo que luego explicó cómo era el mecanismo. “La mecánica era esa: poner el 5% en un sobre blanco sin membrete para entregarle a De Vido; –y continuó, repitiendo lo que le decía su socio–: yo llego, saludo y pido un cafecito. Antes o después del cafecito, paso al baño, donde hay un botiquín, y ahí dejo el sobre, que no sé a dónde va”.
Ese mecanismo se repetía “siempre, en cada certificado”. Y se multiplicaba cuando se volvían a hacer las obras, asfaltado sobre asfaltado. “La rotonda de Río Gallegos se hizo 500.000 veces”, y esas tantas reiteraciones producían sus consabidos sobres blancos sin membretar que iban a llegar a las manos del administrador del feudo.
Kank denunció los hechos con un seudónimo, pero todos los implicados fueron sobreseídos, también De Vido. Al final, la socia se fue de la empresa familiar y los que quedaron, según acusó, fueron presionados para vendérsela a Lázaro Báez, que por ese entonces era un empleado del banco local.
Monopolio en la construcción
Báez, el primero que apareció en el centro de las denuncias de Lanata, es un empleado provincial enriquecido, es titular de varias empresas constructoras y ahora es investigado por maniobras de lavado de dinero a través de firmas panameñas creadas para la ocasión. Uno de los más fieles de la corte del señor feudal, apoderado cuando aquel llega a convertirse en rey.
Tal vez por el mismo mecanismo de presiones que ejerció con Kank y Costilla, tal vez por otro, en el último tiempo Báez se hizo de otras empresas constructoras y comenzó a presentarse en las licitaciones de Santa Cruz con varias de ellas. Parecía así que había competencia, pero en realidad el único que ofertaba era él mismo, aunque con diferentes razones sociales. Así, en el año 2006 sus empresas ganaron licitaciones por 1.350 millones de pesos y al día de hoy más del 80 % de las obras en ejecución en esa provincia están siendo ejecutadas por constructoras que le pertenecen, reveló Lanata.
Además de contar con ventaja por ser el titular de la mayoría de las constructoras de la región, Báez es favorecido porque De Vido, una vez que dejó su cargo provincial para asumir uno nacional en el año 2003, continúa influyendo en las adjudicaciones de obras en Santa Cruz.
“Las obras las resuelve De Vido”, dijo al programa Periodismo Para Todos el gobernador de esa provincia, Daniel Peralta. Su testimonio fue ratificado por el de Sergio Acevedo, su antecesor en el cargo, quien denunció que desde el ministerio del administrador K le habían indicado que debía dar un adelanto financiero de 30% a las empresas contratistas de obra pública –de Lázaro Báez–. “Eso era ir preso”, denunció, y se apartó del cargo.
Es difícil saber si esta injerencia en las decisiones provinciales está relacionada o no con el enriquecimiento del ministro de Planificación y Obras Públicas, pero al menos es cierto que entre el 2003 y el presente este funcionario cuadruplicó su patrimonio.
Superan a la ficción
Pero además, el hombre de confianza de Néstor Kirchner intercedió para que las empresas de Báez hicieran obras que más que de vialidad parecen de un teatro surrealista, como una carretera que no lleva a ninguna parte o como la llamada “ruta más cara del mundo”.
La primera, de la que informó el periodista Rodrigo Alegre este domingo, fue adjudicada en 2009 a una empresa de Báez por 79 millones de pesos. Comienza en un punto y termina en otro, pero poco más se puede decir de sus extremos, porque no unen nada en particular.
Está ubicada cerca de Puerto Deseado, una urbanización de pocas cuadras. “Dijeron que la ruta iba a llegar a un parque industrial, pero no sabemos qué industria puede venir si la localidad no tiene ni agua”, dijo al programa de televisión Roberto Córdoba, un constructor de la zona. Las imágenes satelitales comprueban lo absurdo de la historia, pues se ve claramente que la carretera, en efecto, termina de golpe en la tierra.
La otra ruta, la “más cara del mundo”, costó 1.200 millones de pesos y se comenzó a hacer en el año 2006, también por una empresa de Báez.
Pero siete años después solo se hicieron seis kilómetros y el precio pagado resulta desproporcionado. Esto, claro, visto con ojos críticos. Pero no parece incoherente si en realidad lo que importa no es la mejora de la provincia sino la cantidad y espesor de los “sobres blancos” que aparecen luego en el botiquín del baño.