31 de mayo de 2015 5:00 hs

En los debates entre economistas, cada día queda más claro que la verdadera elección que viene no es entre Scioli y Macri, ni entre populismo y republicanismo, ni entre el "modelo K" y modelo liberal. Hay otra elección que ocupa mucho menos espacio en los medios de comunicación y sobre la que casi nunca preguntan los encuestadores, pero que es el verdadero dilema al que se enfrentará el país a partir de diciembre: shock o gradualismo.
Es un debate soterrado, dado que los asesores de imagen les tienen prohibido a los candidatos hablar abiertamente sobre cómo se realizará el inevitable aumento de las facturas de gas y electricidad. Tampoco se puede hablar sobre a qué velocidad se deberá producir la inevitable devaluación.

¿Ajusta quien quiere o quien puede?

Lo cierto es que, por más que los candidatos prefieran hablar de generalidades, en los ámbitos académicos y empresariales se da por descontado que habrá correcciones al actual rumbo económico.Los defensores del gradualismo argumentan que es el único camino políticamente aceptable. Y hay algunos que hasta se muestran convencidos de que nada mejor que un gobierno "populista" para hacerlo. A fin de cuentas, el kirchnerismo ha aplicado políticas de mercado en sectores como el de las naftas, donde se acercó a los precios internacionales recién después de la reestatización de YPF.

Entre los defensores del gradualismo destaca Miguel Bein, uno de los principales asesores de Daniel Scioli, quien se muestra partidario de recuperar la competitividad de la economía sin recurrir a la devaluación. Para ello, destacó la posibilidad de aliviar del peso impositivo a las economías regionales, que se verían liberadas de las retenciones a la exportación. Claro, Bein no es un economista cualquiera, sino uno cuyo nombre suena como posible ministro y por lo tanto es particularmente sensible a las limitaciones políticas que tienen los planes.

Otro economista de renombre que defendió el gradualismo fue Eduardo Levy Yeyati, docente de la Universidad Di Tella y exdirector del banco Barclays. "Una terapia de shock puede ser contraproducente en una realidad más compleja que el pizarrón. En política, la destrucción creativa suele ser más destructiva que creadora", afirma Levy Yeyati en un artículo de opinión muy comentado entre los economistas.

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Y, para apoyar su argumento, el analista recuerda las dificultades que sufrió en 2001 Ricardo López Murphy, quien pretendió aplicar un ajuste fiscal que, en pleno contexto recesivo, no logró el consenso político.

A modo de ejemplo, el economista señala que para recortar subsidios por el equivalente a un 1% del PIB, se debería triplicar las facturas de gas y electricidad, una medida que generaría un fuerte malestar social.

En cambio, señala, una política gradual dejaría en claro el rumbo de las correcciones, pero sin hacer pagar un costo a los sectores de menores ingresos, y privilegiaría el crecimiento sobre el ordenamiento inmediato de las cuentas. También se muestra contrario a un shock en el polémico tema del levantamiento del cepo. "Sin nada que ordene las expectativas, la devaluación se iría en gran medida a los precios, obligando al futuro gobierno a elegir entre una inflación mayor que la que recibe y una recesión", afirma.

"Un shock bien planeado"
En el bando de los antigradualistas hay jugadores de peso. Y el más connotado es alguien que supo ser protagonista central de la economía: Domingo Cavallo. El siempre controversial –pero siempre muy escuchado– exministro se ha mostrado enojado con Bein y los asesores de Scioli.

El candidato oficialista ha adoptado con entusiasmo el argumento gradualista, como dejó en claro en una reunión con dirigentes de la Unión Industrial: "Si hay algo que la Argentina no necesita es política de ajuste, sino medidas graduales que profundicen el camino iniciado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina".

Para Cavallo, esto es una demostración de cómo los malos consejos pueden llevar por el mal camino a "un político con gran intuición y sentido común". El ex ministro cree que, dados los desequilibrios que tiene la economía, el gradualismo no solo no resolverá los problemas sino que tenderá a agravarlos. "Si se trata que la brecha entre el dólar paralelo y el oficial se cierre gradualmente, se necesitarán muy altas tasas de interés y la devaluación gradual esperada en el mercado oficial tenderá a aumentar, con el consiguiente impacto sobre las expectativas de inflación y las pujas distributivas", apunta Cavallo. El convencimiento del exministro es que ahora no necesariamente se debe temer una situación caótica con estampido inflacionario.

Y señala la "gran diferencia que existe entre un shock bien planeado, al inicio de un gobierno que puede replantear el conjunto de reglas de juego de la economía en la dirección que predomina en el mundo y un shock que termina produciéndose cuando el gobierno ya está desgastado por un largo período de estanflación".

El difícil camino del medio

Hay quienes intentan esquivar la disyuntiva "shock o gradualismo" e intentan plantear un camino intermedio. De esta forma, proponen cambios inmediatos, pero con medidas que neutralicen los posibles efectos negativos.

El ejemplo paradigmático es la propuesta de Mauricio Macri sobre la eliminación express del "cepo cambiario", pero con la promesa de que ello no implicará una devaluación.
La explicación es que, al tomarse medidas muy claras de acercamiento al mercado, se generará una corriente de ingreso de divisas que frenará cualquier impulso alcista del dólar. Es, por cierto, una tesis mirada con escepticismo por economistas de todas las tendencias.
"Liberar el cepo y dejar flotar el tipo de cambio es solo un paso, porque si el desequilibrio fiscal persiste, la emisión monetaria para financiar el gasto acelerará la inflación alimentando, finalmente, una constante suba del tipo de cambio nominal", advierte Roberto Cachanosky en un artículo titulado No hay que enamorarse del cambio de expectativas. Y apunta a otro tema que será centro del debate futuro: el hecho de que el próximo gobierno consiga crédito del mercado internacional no es algo que de por sí arregle los problemas de la economía. A lo sumo, permitirá comprar tiempo. Al tocar este tema, todos los expertos recuerdan el ejemplo que ya se ha convertido en un clásico de la historia económica argentina: el gobierno de Fernando de la Rúa en su inicio del año 2000.

El entonces presidente apostó al cambio de expectativas y anunció orgulloso el "blindaje financiero" con el cual supuestamente se podría avanzar en un plan gradual de reformas. Pero el mercado no dio tiempo a ese cambio paulatino y empezó a adelantarse a los hechos.

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