30 de noviembre 2014 - 17:24hs

Nadie recordaba que pedía para comer pero era algo que le gustaba mucho a Luis Lacalle Pou. De niño, su familia visitaba a Humberto Espinosa, conocido como “El Porfiado”, caudillo del Partido Nacional en Aguas Corrientes. Y su esposa siempre cocinaba su comida favorita.

Esa casa, pintada ahora de rosado, fue la única parada del candidato en esa localidad, no por ese pasado, que le pareció un recuerdo lejano cuando se lo contó el alcalde Álvaro Alfonso, sino porque allí vive Susana Cabrera, hija de otro caudillo de poncho blanco, Juan de Dios Cabrera, y sigue siendo el club más antiguo de la zona.

Ahí visitó a las “viejas de Alfonso” como se denominó un grupo de señoras militantes que cortaron flores de sus jardines para que se llevara para el camino. Con ellas se sacó fotos bajo la lluvia; algo que le pareció “romántico” a Lacalle Pou pero que, a la larga, entre tanta foto y tanto romanticismo también en Los Cerrillos y Santa Lucía, hizo que Lacalle Pou llegara tarde y completamente empapado a votar al Liceo Nuestra Señora de Guadalupe en la ciudad de Canelones.

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La más joven a la que besó durante la recorrida fue a su ahijada Bianca. Reconocer que no la había conocido antes, a pesar de que nació hace casi dos meses, le generó una vergüenza que le costó disimular ante las cámaras. Fue un breve momento en el que dejó a un lado al político. “El regalo ya se lo había mandado”, se justificó.

Casi ningún joven lo acompañó en la gira ni tampoco lo esperaba. El promedio de edad, seguramente, sobrepasó los 65 años.

Pero quienes lo recibieron en cada punto lo hicieron con ánimo jovial. Todos fueron calificados como “amigos” y, aunque era poca la concurrencia en cada lugar –la sede de Los Cerrillos tenía 13 sillas y un banco de madera para dos personas cómodamente sentadas–, se notaba que había cierta familiaridad en el ambiente.

Él buscó a Rosita debajo de los paraguas y Rosita lo abrazó como si fuese un hijo. Rosa Imoda, hoy alcaldesa de Los Cerrillos, fue su secretaria en el Parlamento.

Hubo un par de chistes y selfies con el personal del circuito electoral. Pero el resto de sus declaraciones no se salieron del cassette. “La ley de off-side” como metáfora para no cambiar una norma en pleno partido en contestación a la posible eliminación del balotaje, la construcción de puentes, el aporte de ideas, la convicción de no haber hablado mal de nadie ni aunque las papas quemaran, fueron conceptos sostenidos durante la última mañana de una larga, larga campaña. ¿Cómo finaliza? Tal vez no con la Presidencia pero seguro con “un beso a mamá y papá”.

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