16 de noviembre de 2012 22:09 hs

Tres sombrillas en la vereda cercana a la esquina de Plácido Ellauri y Pereira de la Luz, corazón del barrio La Mondiola: en orden, una amarilla, otra azul, otra roja. Allí se encuentra la Arepera Chévere, el primer restaurante venezolano de Montevideo.

Si la comida peruana es la vedette de Sudamérica, puesta de moda en buena parte del mundo, y la cocina ecuatoriana parece ser el próximo Perú a descubrir, la cocina venezolana en el Río de la Plata es un auténtico misterio.

Empecemos por el idioma. El amplio español de América permite un vocabulario rico y siempre en expansión. Una arepera es un lugar donde se cocinan arepas, uno de los platos típicos de Venezuela.

Se trata de unas tortillas de harina de maíz, que se pueden preparar fritas en aceite o al horno, del tamaño de la palma de la mano, que se rellenan como si fuera un pan tortuga, con diversos gustos.

La arepa es el plato principal de la comida rápida venezolana. Varios gustos de las arepas son adaptaciones de platos formales, como el “pabellón”, el plato nacional venezolano, compuesto de carne en hebras, caraota (poroto negro), queso blanco y plátano frito.

Otros gustos clásicos de la arepa son la “reina pepiada” (con pollo en hebras y palta), o la pernil (con carne de cerdo).

Dentro de la arepera, en las paredes, el fanatismo por el béisbol brota de un bate, de las gorras de los equipos venezolanos, de las fotos de los lanzadores en poses congeladas arrojando pelotas a bateadores también petrificados, de un guante de cuero que atrapa una pelota blanca bordada. En otra pared hay una pequeña guitarra, entre un banjo y un ukelele, llamada cuatro, uno de los instrumentos nacionales de Venezuela.

El lugar es pequeño (caben unas cinco mesas para dos) y el olor de la cocina a la vista se impone en el espacio.

Una buena entrada antes de degustar las arepas son los tequeños, una especie de arrolladitos de harina de trigo fritos con queso blanco.
Las arepas se pueden degustar con jugos naturales de frutas tropicales: mango, maracuyá, mamao, entre otros.

Chow, chico
A las diez de la noche de un día entre semana, la arepera muestra una actividad intensa. De fondo, en una pantalla plana, juegan los Tigres de Aragua contra los Navegantes de Magallanes.

A esto se le sumó la presencia en el lugar del clarinetista venezolano Cheché Requena y su quinteto Menos Uno, quienes al otro día se presentaban en el Centro Cultural Bolívar de Ciudad Vieja, en el marco del programa Sonidos de Venezuela que organiza la embajada en Montevideo.

El grupo de músicos tocó de manera distendida e improvisando desde su mesa. Además de la calidad en la ejecución de Requena, se destacó especialmente el cuatrista (intérprete del cuatro) Miguel Siso, ganador de un reconocido concurso en su país.

La banda ejecutó merengues, joropos y otros ritmos típicos del país de Bolívar, para satisfacción de los oídos presentes.

En el debe
La simpatía en la atención no disimula algunos puntos en contra que tiene la Arepera Chévere. Por ejemplo, una que el local debe mejorar es la demora en la entrega de los pedidos de las mesas. Un pedido de dos jugos de mango y de “parchita” (maracuyá) demoró exactamente 25 minutos.

Esa noche se priorizaron los pedidos por delivery ante los clientes que estaban en el local, lo que es imperdonable.

Los tequeños de entrada llegaron bastante rápido, con su correspondiente salsita de especias y palta, pero las arepas también demoraron mucho más de la cuenta.
Otro punto importante es el precio. Para quedar lleno se imponen dos arepas, lo que, sumado a un par de jugos y algún postre, redondean unos $ 600 en plan para dos, una suma alta para la relación con la cantidad de comida.

La Arepera Chévere ofrece calidad, peo debe mejorar en estos aspectos.

EO Clips

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