Dietas orgánicas para todos y esas raras dinámicas organizaciones nuevas que se convierten en fines, especialistas en lobby que suman subsidios y fondos de incentivos para proyectos sobrevalorados, espiritualización de los negocios, expansión del show del show, hiperidealización de la actividad emprendedora que la caricaturiza… son solo algunas de las expresiones del creciente emprendedurismo flower power.
Como emprender es en extremo jodido, quienes trabajamos con emprendedores tenemos el desafío de comprender, desde las vísceras, sus fuentes de ansiedad, dolores de cabeza, problemas, alegrías. Al intentarlo, la tónica de las actividades y acciones que se propongan tendrán más chances de alejarse del movimiento flower power.
A modo de ejemplo, en la incubadora da Vinci labs nos preocupa que las personas que integran el equipo ejecutivo y el cuerpo de consultores cultiven y contagien aquel desafío. Del emprendedor que se acerca, buscamos conocer su contexto económico y familiar, experiencias significativas previas y sus expectativas más allá del negocio que desarrolle. En el ámbito académico, desde la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica venimos construyendo junto a un joven equipo de docentes la “Consultoría Social Empresarial”. En este espacio, se ofrece a micro y pequeños emprendedores vulnerables el acompañamiento profesional por parte de estudiantes avanzados. Inaugurar el servicio de consultoría permanente en el barrio del Cerro constituyó un hito este año. Créanme que los futuros licenciados no son indiferentes frente al contacto interpersonal, al trabajo de campo frecuente y al enfrentar la tensión por adecuar todo lo aprendido con el caso y el rostro concreto.
Director de Fundación da Vinci