3 de octubre 2023 - 5:04hs

En la dirección de la empresa está el padre junto a sus hijos. No hay reuniones de directorio porque claro: todo queda en familia. No está claro quién toma las decisiones por el mismo motivo. También existe el desinterés de las nuevas generaciones en continuar o formar parte del proyecto familiar. Ante esos escenarios el objetivo es conseguir que la empresa logre ser profesional, dejar de lado el romanticismo y poner foco en el negocio.

El Centro de Empresas Familiares (CEF) de la Cámara de Comercio realiza encuestas empresariales regularmente y esos sondeos marcan que el 80% del ecosistema empresarial uruguayo está representado por empresas familiares.

La coordinadora del CEF, Verónica Balestero, indicó a El Observador la mayor parte de las empresas familiares se ubican en el sector agropecuario, también en la construcción y en menor medida en agencias de publicidad y startups tecnológicas.

Para ser una empresa familiar se debe cumplir con tres requisitos. El primero es que la mayoría accionaria le pertenezca. El segundo, que al menos un integrante de la familia trabaje ella. El tercero es que exista el deseo de legar la compañía a la siguiente generación.

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Pero para que lo último pase debe haber una generación que esté interesada en la empresa. “Algunos hijos no quieren trabajar en la compañía familiar y ahí hacemos el matiz que estar interesado no significa necesariamente trabajar en la empresa”, dijo Balestero. Ejemplificó que el hijo puede estar vinculado al directorio o formar una comisión de innovación.

Empresas familiares

Para la coordinadora del CEF a la empresa familiar -además de tener el desafío de cualquier otra, como la gestión del talento, el contexto de incertidumbre y la inseguridad- se le suma la gestión de emociones. “Con quien compartimos vida y hogar también compartimos ámbito laboral. Eso implica desafíos en el cuidado de los lazos de afecto”, explicó.

“La empresa familiar no es un hijo más, sino una familia que está vinculada con un negocio. Las familias crecen solas, las empresas no”, indicó. Eso marca la necesidad de aggiornarse y el principal desafío es redescubrirse en el ámbito laboral.

“(La persona) va a la empresa con la etiqueta de las características que tiene en la casa. Está el payaso, el distraído, el analítico. Pero cuando también se convive en el trabajo es necesario redescubrirse. Porque seguramente esas etiquetas no sean de ayuda ni para la empresa ni para la familia”, argumentó.

Herramientas para una empresa familiar

Lo fundamental es que el deseo de transferir la empresa sea genuino, pero muchas veces lo discursivo choca con la realidad. “En algún momento quiero que todo esto sea tuyo”, sería el discurso. Pero en la realidad el hijo tiene 50 años y sigue bajo las órdenes del padre, sin tener autonomía o especialidad en una tarea específica.

Para Balestero no es fácil trabajar con el hijo o con el padre. Lo interesante es que hay herramientas para que las compañías familiares encuentren el rumbo cierto. “Se han desarrollado herramientas específicas para este tipo de empresas. Y no son de otro planeta”, dijo. 

La más básica de ellas es el protocolo o acuerdo familiar. Termina siendo un documento en el que las familias se ponen de acuerdo sobre cómo van a definirse con respecto a la empresa. Contiene requisitos sobre experiencia, cuáles competencias tiene que tener algún integrante de la familia para ingresar a la compañía o cuál va a ser el nivel de remuneración que recibirá.

Otras herramientas refieren a efectuar análisis de ecuación de riesgo estructural, tener claro quién toma las decisiones y en qué espacios. Allí surgen algunas interrogantes. ¿Se están respetando los derechos de todos los accionistas? ¿Los integrantes de la familia que conforman la dirección se reúnen habitualmente?

En definitiva el planteo es alejar el romanticismo que pueda traer consigo el trabajo en familia y enfocarse en el mejor funcionamiento empresarial.  “Es un negocio. Y como negocio se requieren resultados”, explicó la coordinadora del CEF. Entonces hay que profesionalizarse, incorporar herramientas de gestión y organizar la familia pensando con un concepto de empresa.

El jueves 5 de octubre se realizará el primer Congreso de Negocios Familiares organizado por el CEF. Los participantes abordarán temas como la sucesión, la continuidad y el legado empresarial y las características y desafíos de las compañías uruguayas. También se disertará sobre puentes generacionales y cómo potenciar a las nuevas generaciones y herramientas para un futuro duradero.

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