Opinión > EDITORIAL

En la buena dirección

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17 de enero de 2020 a las 05:02

Las proyecciones de un retroceso de las amenazas en el suministro de petróleo y la firma de la “fase uno” del acuerdo comercial entre los gobiernos de China y Estados Unidos (EEUU) son dos buenas noticias de este primer mes de 2020 para la buena salud de la economía mundial pero, lamentablemente, seguirán presentes como problema, por lo menos durante todo este año, envueltas como están en un ambiente de incertidumbre.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) libró un comunicado ayer en el que afirma que “por el momento el riesgo de una gran amenaza para el suministro del petróleo parece haber retrocedido”.

El análisis es coherente con una nueva tendencia del sector petrolero: en los últimos meses el mercado se vio sacudido por los ataques contra instalaciones petroleras sauditas, en setiembre o, más recientemente, con las graves tensiones entre EEUU e Irán, pero el precio del crudo se recuperó rápidamente a sus niveles anteriores.

El desacople de la evolución del precio del petróleo del riesgo de conflictos políticos, tema que explicó muy bien ayer el economista Alberto Bensión en una columna en El Observador, es una excelente noticia, pero es un comportamiento que no está inmune ante la irrupción de una guerra.

Una escalada bélica o acciones violentas que afecten barcos petrolíferos o contra yacimientos de crudo en el estrecho de Ormuz, en la salida del golfo Pérsico, que puede ser parte de la táctica de Irán de una estrategia asimétrica contra intereses de EEUU, es una posibilidad latente que provocaría una crisis del petróleo.

También es una buena noticia el acuerdo alcanzado entre la administración estadounidense de Donald Trump y su par chino Xi Jinping, aunque queda un largo camino por recorrer.

El miércoles 15, ambos gobiernos firmaron un documento que incluye compras de China a Estados Unidos en los próximos dos años por US$ 200.000 millones más que antes de que estallara la guerra comercial. Pekín adquirirá productos agrícolas y del mar, bienes manufacturados, entre ellos aeronaves, maquinaria y acero, y productos del sector de energía.

Asimismo, el acuerdo  establece la penalización del robo de secretos comerciales o de beneficiarse de robos cibernéticos y medidas en defensa de los derechos de autor. Y estipula que ninguna de las partes puede forzar a transferir tecnología “en relación a adquisiciones, asociaciones u otras formas de inversión”, una cláusula para evitar que Pekín obligue a las compañías extranjeras a ceder tecnología a cambio de abrirle su mercado.

Pero falta llegar a importantes entendimientos como el de los enormes subsidios de China a las industrias estatales que tiene un impacto en la capacidad de competencia de las empresas de EEUU, sobre lo cual se esperan pocas novedades en 2020.

Expertos destacaron en estas horas que el acuerdo “fase uno” es positivo, pero que debería leerse más como una “tregua comercial” por todos los aspectos sensibles que faltan resolver y que son parte del litigio entre las dos potencias.

Es por eso que la economía mundial continuará reflejando las tensiones comerciales entre China y EEUU. 

Como bien dijo Mathew Shay, presidente de la Federación Nacional de Minoristas (NRF, por su sigla en inglés) “la guerra comercial no terminará hasta que todos los aranceles hayan desaparecido”.

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