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En La Meca, la vista a la Kaaba es un atractivo extra para hoteles VIP

La peregrinación atrae a musulmanes adinerados que gastan US$ 25.000 por paquetes en hoteles con vistas privilegiadas

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14 de agosto de 2019 a las 05:01

Mármoles brillantes, maderas preciosas, lámparas enormes. Los hoteles de lujo en La Meca respetan todos los estándares internacionales de esa gama. Pero su principal atractivo es otro: “Disponemos de tres salas de oración con vista a la Kaaba”, comenta orgulloso el gerente de uno de los establecimientos.

La Kaaba, el santuario más sagrado del islam, es una estructura cúbica envuelta por una tela negra bordada en oro, ubicada en el corazón de la Gran Mezquita. Hacia ella oran cinco veces diarias los musulmanes de todo el mundo.

“Los clientes sueñan con ver la Kaaba las 24 horas del día”, destaca el hotelero, mientras desde una sala de oración en el piso 29, los hombres observan con devoción este santuario del hach, la gran peregrinación a La Meca. 

Unos 2,5 millones de fieles de todo el mundo participaron este año en la concentración religiosa, uno de los cinco pilares del islam.

Arquitectura pomposa

Pero no es el único con vista al “sitio más sagrado del islam”. Otros hoteles de lujo ocupan rascacielos construidos en los últimos años cerca de los sitios, a menudo también con vista “panorámica”.

Todos sin excepción están completos durante el hach, inclusive desde varios días antes y después, y también para la peregrinación de 2020. El precio medio de una habitación supera los US$ 1.000 diarios en temporada alta. 

Los hoteles más opulentos de La Meca se concentran dentro o cerca del vasto complejo de rascacielos Abraj Al Bait (Torres Kaaba), inaugurado en 2012.
Allí se encuentra uno de los rascacielos más altos del mundo, distinguido por su enorme reloj, 35 veces más grande que el Big Ben londinense.

Construido por el grupo Binladin (de la familia del fundador de Al Qaeda), se encuentra donde estaba la histórica fortaleza otomana de Ajyad, cuya demolición provocó una crisis diplomática entre Arabia Saudita y Turquía. 

“Se estima que el 95% de los edificios milenarios de la ciudad sagrada han sido demolidos para construir esta erupción de arquitectura pomposa”, se lamenta el intelectual Ziaudin Sardar en un pasaje de su libro Historia de La Meca. 

Otras obras se han realizado en sitios sagrados, como la ampliación de la Gran Mezquita para dar cabida a más fieles.

Turismo sagrado

Muchos operadores turísticos ofrecen paquetes “VIP” para una “peregrinación excepcional”, con “habitación con vista a la Kaaba”, por varios miles de dólares. “Algunas agencias de viajes los proponen hasta por US$ 25.000”, según un funcionario saudita. 

“La peregrinación se convierte en un fenómeno del turismo sagrado que incluye un conjunto de servicios ‘llave en mano’”, indicó el académico Luc Chantre, autor de obras sobre la historia contemporánea de La Meca. 

“La expansión de las infraestructuras de La Meca tiene lugar en paralelo a actividades de ocio más ‘profano’, como las compras, el turismo cultural o la visita a espacios naturales”, añadió. 

El reino, bastante cerrado al mundo hasta ahora, ha convertido al turismo en un pilar de su programa de reformas con horizonte 2030, cuyo objetivo es reducir la dependencia del petróleo. 

Ha lanzado un proyecto para convertir medio centenar de islas del mar Rojo en playas de lujo, así como la construcción de una villa de ocio en la propia Riad. 
Sin embargo, este país con códigos sociales muy estrictos, por muchos es considerado un destino turístico poco probable. 
En cambio, el turismo religioso tiene un gran porvenir: Riad planifica atraer a unos 30 millones de peregrinos por año de aquí a 2030, para el hach o la pequeña peregrinación (umrah), que puede realizarse en cualquier época del año.Este turismo recauda miles de millones de dólares anualmente. 

Pero, los peregrinos no están todos en el mismo barco: miles de ellos se hacinan en habitaciones repletas, en condiciones higiénicas muy precarias.
Entre restaurantes de comida rápida y puestos que proponen noche y día recuerdos fabricados en China, La Meca parece un gran bazar. 

“Los negocios van muy bien, alabado sea Dios”, dice con satisfacción Fayzal Addais, que regenta un puesto en una avenida comercial a unos metros de la Kaaba. “Los clientes son extranjeros y hablan todos los idiomas”, añade este comerciante que vende recuerdos religiosos. 

Fuente: AFP 

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