El comportamiento en la vida cotidiana > Comportamiento en la vida cotidiana

En la vida cotidiana o en la vida sencilla

Amar el día a día como Juana de Ibarburú y José María Pemán

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08 de noviembre de 2019 a las 05:02

Los tan amables lectores se sorprenderán quizás al leer el título de esta nota. Es mucho el tiempo que llevamos encontrándonos semanalmente. La vida cotidiana lo “amerita”. Este último término está siempre en los labios de mis colegas abogados. Suena bien y no compromete. Es un “merece” agradable a los oídos de antes y de ahora y hasta da ”estatus”, una cierta posición dentro de un grupo social.

Vida cotidiana y vida sencilla pueden reflejar modos y formas de vivir, de trabajar y de soñar porque muchas veces soñamos. Cuando comencé con estos encuentros semanales tenía por delante muchos temas para desarrollar. Pasó tiempo y al releerlos con calma en el archivo del portal, he sentido una gran alegría. Allí están, entre otros: “Andando por nuestra historia”, “La celebración de los cumpleaños” “El teléfono celular”,  “Las visitas”, “Bodas de antaño y hogaño”, “La cortesía”, “Las fiestas de la Patria” , “Las banderas”, “Las precedencias”, “Formas usuales de cortesía”, “Cómo se come”, “Gracias hacen los monos allá en Villa Dolores” y un largo etcétera.

La vida sencilla depara muchas alegrías. No se trata “di fare il punto della situazione” como dicen los italianos. Nosotros sabemos analizar las situaciones que se nos presentan pero son las señoras y las jóvenes quienes van por delante. Ellas conocen que no da todo lo mismo dentro de la vida cotidiana. Saben “arreglarse” para algo que se hará por la mañana, por la tarde o por la noche. 

La vida cotidiana, nuestra vida sencilla de los días de labor, de familia y de descanso nos encuentra a lo ancho y a lo largo de nuestra tierra. Debo admitir que no he llegado a captar plenamente aquello de “noblesse oblige”. Por eso me perdonarán si afirmo que he actuado con honestidad al introducirme recatadamente a revalorizar lo nuestro.

No me pertenece lo de la “vida sencilla”. Fue José María Pemán, el gran escritor y poeta español quien introdujo en mis alforjas de recuerdos su pasión por lo cotidiano. Pemán con su corazón inmenso admiró a Juana de Ibarbourou. Había nacido en 1897 y Juana en 1892.

Juana y José María se conocieron mutuamente en el espacio aunque no vivieron  en tiempos de internet. A veces el trato colabora para el acercamiento. También se da en la vida sencilla de poetisas y poetas. Pemán sabía mucho acerca de Juana y la admiraba. Los poetas  poseen mundos propios y en ellos se encuentran aquellos que han trascendido los límites humanos.

No existen las casualidades. Don José María fue poeta, escritor y autor teatral. Un viaje trasatlántico lo trajo a Montevideo en 1941 y enseguida manifestó su deseo de saludar a nuestra poetisa. Fue en 1941. Ella tenía cuarenta y cuatro años.

Juana de Ibarbourou llamó por teléfono al visitante y así se concretó el encuentro de dos poetas.  Pemán, en sus recuerdos comenta que fue “a la casa de la gran poetisa”. Allí quedó prendado de sus ojos castaños y de su belleza. Reparó también que vestía de negro. Las conversaciones de los dos espíritus se presentían. Juana le entregó a su al visitante una fotografía suya con una dedicatoria. Generosa dueña de casa, le dio un paño de encaje del Paraguay para las hijas. La despedida produjo tal emoción que don José María no olvidó la figura de Juana de Ibarbourou  saludándolo recostada suavemente en la puerta de su casa

 Juana había nacido en 1892 y falleció en  1979. José María Pemán la sobrevivió hasta 1981. Ambos amaron lo de cada día. “Amando, se poseen todas las primaveras” es el verso de Juana de Ibarbourou que se ha quedado en mí. En una misma línea de pensamiento don José María escribió: “El gozo al mundo se entra dentro de mi corazón”. En ese mundo se forja la vida cotidiana también llamada vida sencilla.

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