Cuando una película abre con un texto que reza: “Existen dos posibilidades: que estemos solos en el universo, o que estemos acompañados. Ambas son igualmente aterradoras”, de autoría de Arthur C. Clarke (uno de los mayores escritores de ciencia ficción, responsable de la novela 2001: Odisea del espacio) poco misterio queda por resolver a la hora de descubrir qué es lo que acecha a la familia Barrett, los protagonistas de la película. Los elegidos presenta a dicha familia –padre, madre, dos hijos– que están pasando por un mal momento económico (desocupado el padre, que es arquitecto, la madre, una ineficaz vendedora de bienes raíces), sin demasiadas perspectivas de solución. Para colmo de males, empiezan a experimentar extraños sucesos en su casa durante la noche: la heladera es devastada aparentemente por un animal, las botellas son colocadas en extraña forma sobre la mesada (y por si quedaba alguna duda proyectan en el techo los mismos signos que aparecen históricamente en los campos de cultivo, supuestamente evidenciando presencia extraterrestre), las alarmas se disparan al parecer sin motivo, etc. Nosotros los espectadores lo tenemos claro desde un primer momento, pero para la familia el misterio de lo que está pasando es el asunto a resolver, sobre todo a medida que empiece a volverse más física la amenaza y a las claras comience a demostrar su letalidad.
Encuentros cercanos del peor tipo
Los elegidos es una muestra de cine de extraterrestres de manual, que tiene algún que otro acierto