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Los Estómagos

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"Era algo de otro planeta": cómo Los Estómagos sacudieron la música uruguaya

Ante una serie de homenajes a la banda, un repaso a su legado y al impacto del grupo en la música uruguaya

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05 de septiembre de 2021 a las 05:05

La gente festejaba. Los vientos estaban cambiando. Cada vez con más fuerza, el  “se va a acabar” del cántico era más una verdad que una expresión de deseo. No iba a ser una transición fácil, pero había razones para mirar con esperanza lo que venía. La dictadura estaba dando sus últimos estertores, pero había un grupo de jóvenes que no compartían el espíritu celebratorio de otros segmentos de la población. Que sentían que lo que venía después no iba a necesariamente ser mejor. Que estaban cansados del silencio. Que necesitaban gritar.

El primer grito de esa generación –y uno de los más fuertes, al punto que su eco sigue escuchándose hoy– vino desde Pando. Un grito oscuro, visceral. Un vómito de rabia que le cayó encima a los campos soleados y floridos de la flamante democracia que planteaban los mayores. Un estallido breve y furioso de rock hecho como se pudiera, que fue contra lo que había venido antes y contra lo que planteaba el resto, que marcó a su generación y a las que vinieron después.

El mascarón de proa del rock postdictadura fue Los Estómagos. No estaban solos, claro. Convivían con Los Traidores, Los Tontos, Zero, Neoh 23 y el resto de la “generación Graffiti”, conocidos así por el nombre del compilado que funcionó como presentación formal de ese grupo de bandas, aunque la banda pandense ya tuviera un disco editado.

Este año, a pesar de que no se trata de un aniversario específico, Los Estómagos volvieron a ser tema de conversación. Durante agosto se realizaron en Pando exposiciones fotográficas y se colocaron placas conmemorativas en lugares significativos para la historia del grupo en la ciudad, y la semana pasada se lanzó un disco homenaje en el que artistas de Uruguay, Argentina y España, entre los que se cuentan Attaque 77, La Vela Puerca, La Tabaré y Niña Lobo, versionan temas de la banda.

Fundada en 1983 y disuelta en 1989, la banda formada por Gabriel Peluffo (cantante), Gustavo Parodi (guitarra), Fabián “Hueso” Hernández (bajo) y, en distintas etapas, los bateristas Gustavo Marriott, Leonardo Baroncini y Marcelo Lasso, dejó un legado que los convirtió en pieza ineludible de la historia del rock uruguayo y de la música del país, por sus canciones, su actitud y por una búsqueda artística que fue incluso una de las causas de su disolución.

La música está enferma

Andrés Torrón, Leandro Lagos y Gabriel Peveroni tienen en común haber sido público de Los Estómagos durante sus adolescencias, y luego haberse convertido en periodistas y escritores que analizaron a la banda, su impacto musical y cultural. Los tres coinciden en ponerlos como abanderados del rock postdictadura, y en que fueron la canalización necesaria de una rabia acumulada por parte de la juventud local luego de años de silencio y desconexión.

Para Lagos, músico, periodista y conductor radial y televisivo, el impacto de la dictadura en el ámbito cultural significó que la cultura juvenil fuera, durante esos años, “invisibilizada y reprimida”. Eso provocó un quiebre en los eslabones de la cadena roquera, y una orfandad para la generación que se había criado bajo el gobierno de facto. “Escuchar una guitarra distorsionada era algo que venía de otro planeta”, recuerda. “Gustavo Parodi fue de los primeros en usar el acople como recurso, y escuchar algo así fue liberador. Mientras que para los mayores la vuelta de la democracia era recuperar el país que habían tenido antes, para nosotros no había una vida previa a la que volver. Nos sentíamos dejados de lado, y el rock era el espacio reclamado. Teníamos la necesidad de hacer la nuestra, no solo volver a lo que añoraban los mayores. Queríamos vernos reflejados”, comenta Lagos.

Y Los Estómagos trajeron eso. Torrón puntualiza que no es cierto que “no había rock” en la década de 1980, y que figuras como Jaime Roos y Fernando Cabrera venían lanzando discos que lo incluían dentro de su paraguas musical. Pero esto era otra cosa. “Ver a Peluffo saltando en el escenario te hacía decir ‘esto es lo que faltaba, esto es rock’. Los detractores decían que copiaban a los músicos de otros lugares, pero para mí en realidad inventaban. Basados en influencias extranjeras, pero con mucha originalidad”.

El rock no había dejado de existir, y en las radios se podían escuchar bandas uruguayas predictadura, como Psiglo, pero esta generación fue parricida. Un poco por necesidad, porque no abundaban las referencias locales, otro poco por voluntad propia de cortar con el pasado y buscar una voz, con la influencia directa del punk y la new wave, además de generar una oposición con las generaciones mayores.

“El Londres de 1977 fue el Montevideo de 1986, casi una década después”, dice Lagos sobre la actitud punk de Los Estómagos. “Había ganas de cortar con el pasado, de crear una identidad propia y de oponerse a todo, a la alegría que había por la vuelta a la democracia, a la falta de espacio que tenían los jóvenes –un problema que todavía sigue en Uruguay–, y a esa noción que tienen los mayores de que los jóvenes tienen que pagar derecho de piso siempre”.

Una de las formas más patentes de ese choque buscado con las generaciones anteriores fue la apropiación del tango Cambalache, que fue parte del compilado Graffiti y uno de los primeros temas de la banda en sonar regularmente en la radio. Con acordes simplificados, velocidad punk y la expresividad de Peluffo como insignias, el tema fue un sacudón. Peveroni recuerda que “esa canción y el Himno de los conductores imprudentes de Los Tontos generaron discusiones. El Himno fue más bien por la pavada, pero Cambalache tocó el nervio tanguero, fue resistida, incluso por gente de la misma generación. Pero lo cierto es que nadie alcanza a Peluffo en su expresividad. No es que no podés cantar la canción, pero esta versión está muy cargada, Peluffo es un excelente cantante y eso fue clave para Los Estómagos”.

Para el escritor y periodista, tanto Peluffo como Los Traidores estaban “impregnados” de tango, algo que compartía toda la generación, tanto porque era lo que escuchaban las personas mayores, o porque era algo que por una cuestión etaria querías eliminar de tu vida. Renegar de él. El uso de los Estómagos del clásico de Santos Discépolo fue más bien irónico, entonces. Lagos, de hecho, lo compara con el uso de ropa vieja que usaban los punks británicos.

Para Peveroni, el origen pandense de la banda es un elemento clave en su emergencia y en su capacidad para sobrevivir en un momento en el que las bandas de rock surgían como hongos después de una tormenta, pero tenían un promedio de vida bajísimo. “Hubo cincuenta intentos antes de armar un grupo punk”, dice. “A ellos ser de Pando los ayudó, así como la cultura general de las familias de Parodi y Hernández. Ellos se juntaban todos los días a hacer canciones porque era lo único que podían hacer en Pando en ese momento. Y lo hacían porque eran de clase media. En una entrevista a Parodi le preguntaron cual fue la clave del éxito de Los Estómagos y dijo ‘teníamos una camioneta’. Podían cargar los instrumentos y salir a tocar por bares y clubes de Canelones. Un grupo de Montevideo se iba a morir más rápido, porque era más difícil”.

Si bien no venían de familias acomodadas, tenían un respaldo familiar que los ayudaba, incluso en comparación con sus colegas más inmediatos. Los Estómagos salieron al ruedo con instrumentos propios. Los Traidores, por ejemplo, no tenían. Ensayaron La lluvia cae sobre Montevideo antes de grabarla con una guitarra acústica y unas ollas en la playa. “Ya en los 90 era más común que un padre te comprara un instrumento, antes no. Salvo el Hueso, que estudió piano clásico con la profesora del barrio, como se hacía antes, que el resto tuviera instrumentos no era normal”, apunta.

Gritar

Los Estómagos duraron seis años, grabaron cuatro discos, tocaron en las dos primeras ediciones del Montevideo Rock y sonaban regularmente por fuera del circuito roquero más ortodoxo. Ese periplo breve pero fermental vio cambios en el sonido de la banda, al punto de que si bien Peveroni no duda en calificarlos como “la primera banda punk uruguaya”, para Torrón no es tan fácil decir si efectivamente eran punks o no.

“Cuando empezaron lo eran”, considera el periodista y músico. “Pero ya cuando sacan el primer disco su sonido no es punk, es post punk. Eran muy originales. Y dentro de la banda había una lucha creativa, en el buen sentido, entre Parodi y el Hueso. Parodi era el rockero más ortodoxo, más cercano al punk, y el Hueso era más dark”.

Para Peveroni, Tango que me hiciste mal tendría que haber sido el segundo disco de la banda. Así lo plantea en su libro sobre el álbum, parte de la colección Discos de la editorial Estuario. En su opinión, hay un disco punk de Los Estómagos que nunca vio la luz, y que es el paso previo faltante a lo que vino después.

Los Estómagos en 1983

“Dentro de esa generación de bandas eran los más sobrios, tenían un perfil más maduro. Los Tontos fueron una primavera de diversión ácida, Los Traidores eran el desbunde, ellos estaban bien armados, tenían un discurso que no era comprometido pero no era un bolazo, y le hablaron a una generación de forma frontal pero sin rigor. La transgresión no es solo gritar. No eran efectistas, había una búsqueda”, dijo.

Lagos, en tanto, considera que en Los Estómagos coincidían dos vertientes. “Tenían un mensaje pesado pero también una vertiente más lúdica, de diversión. Tocaban por ejemplo el tema de la serie de Batman. Era algo simple y visceral. Si yo hoy tengo una banda es por ellos, esa cosa de ‘si ellos pueden yo también’, dice el fundador de The Supersónicos. “A Zitarrosa lo puedo escuchar y me da placer, pero al mismo tiempo me genera una distancia, porque no puedo cantar como él, ni tocar la guitarra como sus músicos. Para un pibe que nunca estudió música, esto era más accesible”.

Toda una generación quiere escapar

Al trazar la genealogía de la música nacional, con la perspectiva de 2021, Los Estómagos son ineludibles. Hay que pasar por ahí para entender lo que vino después, y sin dudas son parte de la banda sonora de la vida de una generación que escuchaba rock en ese momento. ¿Pero qué pasaba en los 80? ¿Qué lugar tenían en el imaginario colectivo de ese momento?

“Tenían una difusión que sobrepasaba al público informado”, dijo Torrón. “El rock uruguayo no existía como concepto, pero los que escuchaban rock sabían quienes eran, y sonaban en los cumpleaños de quince. Nadie de esa movida era masivo como hoy puede ser No Te Va Gustar, ninguna de esas bandas podía llenar un Teatro de Verano por sí sola. Y el primer disco fue difundido pero no llegó ni a disco de oro. Fue más una sorpresa en el momento, de aparición de una generación nueva que en un momento luminoso vino con reclamos y una postura dark, que por su contraste era mirada con desconfianza, en una época muy politizada”.

Peveroni matiza esa noción, señalando que para los estándares de ese momento, los shows de Los Estómagos eran grandes. Reunían 300 personas en momentos donde la norma eran 40, por lo que considera que en proporción, provocaban un movimiento mayor que una banda actual de la misma escala. “Había un alto nivel de necesidad, y ellos ya desde el nombre llamaban la atención. No todos los escuchaban, pero sonaban. Había canciones como Cambalache o Fuera de control que se escuchaban en los bailes, donde el rock tenía su media hora”.

Más allá de las necesidades del momento, Los Estómagos pasaron a integrar el canon musical uruguayo. Plantearon un legado que tuvo su continuación más directa con Buitres –que básicamente, en ese primer momento, eran Los Estómagos sin Fabián Hernández–, banda que tuvo la carga de tener que sacarse la mochila de su encarnación previa, y que se fue independizando con el paso de los discos.

Lagos consideró que “eran una banda con una coherencia muy grande, que de hecho fue los que los llevó a separarse, por sus disputas internas y porque vieron que el rock se había convertido en negocio, pero no para las bandas. Se separan siendo la banda más importante, dejando una vara muy alta incluso para ellos mismos. Eso motiva Buitres, que no tiene esa presión. En su primer disco hay canciones impensadas para la idea que Los Estómagos habían creado sobre ellos mismos, que eran muy solemnes”.

El músico y periodista dice que fueron “algo que no abunda y que para los músicos es casi un ideal, ser una banda que manteniendo su identidad, fue cambiando el sonido”.

También se hilvanaron en el tejido de la música uruguaya que vino antes y la que surgió después. Peveroni resalta que “si bien eran epigonales con Gabinete Caligari o Joy División, son piedra fundacional de un sonido de rock uruguayo. Si hoy Buenos Muchachos es la gran banda de rock de Montevideo, no los entendés sin Los Estómagos atrás, son la prehistoria, ahí cuaja una forma de entender el rock y la música uruguaya, junto a Los Traidores, que se reflejan en la primera etapa de La Vela Puerca. Hay una familia sonora en común, como después La Trampa es otro caso para entender esa veta uruguaya”.

Y Torrón concluye: “Trajeron sonidos que no estaban en el menú de la música uruguaya, pero no fue una copia, lo hicieron de una forma propia. Los Estómagos siguen líneas que son constantes de la música nacional, como la austeridad, el minimalismo. Y con originalidad, con letras con angustia adolescente que antes no había. Esas búsquedas después siguieron por lados diferentes, pero abrieron un camino”.

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