5 de febrero de 2023 5:00 hs

Isabelle Chaquiriand es una emprendedora de raza. A raíz de una cardiopatía congénita descubierta en su hijo antes de nacer se inspiró para crear Fundación Corazoncitos, una organización sin fines de lucro que hoy funciona de forma autónoma con un directorio que ya no integra, "soy una voluntaria más", asegura y reflexiona acerca de la importancia de dejar que las organizaciones crezcan reflejándose en líderes con distintas visiones y experiencias.

Reconocida por ser la CEO de ATMA, empresa que en 2023 cumple 75 años en Uruguay, su experiencia de vida la ha llevado a nutrirse de diferentes realidades y negocios.

Ocupa el puesto 23 entre los 100 mejores líderes empresariales del Uruguay de acuerdo al Ranking Merco, y hace gala de su visión estratégica del empresariado al compartir su sabiduría con los demás, en el aula y fuera de ella. Así es que también desempeña con orgullo el rol de decana en la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Católica del Uruguay.

Ahora, un nuevo y vibrante desafío se suma a su lista: integrar el directorio del banco HSBC. A continuación, un fragmento de la entrevista entre Isabelle Chaquiriand y Café & Negocios.

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¿Cómo se integra esta nueva posición en HSBC con sus responsabilidades en ATMA y en la Universidad Católica?

No es una función ejecutiva, es directiva y, como tal, implica mucha claridad mental, pero no se trata de una participación cotidiana, sino que es una presencia que se puede gestionar en la agenda de estas otras dos actividades principales que tengo que son la Universidad y la empresa.

De todas maneras es mucho. He tenido el privilegio de que se me presentaran nuevas y muy lindas oportunidades durante mi carrera,  cuando me hicieron el ofrecimiento yo pensé: “¿cómo esta nueva oportunidad calza con el resto de las cosas que estoy haciendo, con las que estoy muy contenta y que me ayudan a crecer como profesional y como persona?”.

En este caso, la oportunidad de participar como directora no ejecutiva de una organización me entusiasma muchísimo para aprender sobre  HSBC, que es el banco global más grande del mundo con presencia en Uruguay y que tiene, además, un foco innovador y con características que me gustan mucho para aprender, crecer; considero que tengo cosas para aportar.

Esto además contribuye mucho a mi rol en la Universidad como profesora y a mi gestión en la empresa (ATMA). Hace sentido una cosa con la otra. No son sumatorias de tiempos de agenda, sino que lo que aprendo en un lado me ayuda en el otro. La verdad es que me entusiasma mucho esa posibilidad de crecer y de desarrollarme e implica una muy buena gestión de agenda.

¿Cómo fue este ofrecimiento de HSBC y qué fue lo que la llevó a interesarse por integrar el directorio?

El ofrecimiento llegó por su CEO, Geoffrey Fichte. A veces uno en la vida profesional tiende a planificar. Yo era mucho de proyectar y planificar, y en los últimos años la vida me ha sorprendido con cosas que no me esperaba y que han superado lo que imaginaba y me han hecho muy feliz. El decanato fue una de ellas, me tomó por sorpresa y fue de las lindas sorpresas que te da la vida y esto del directorio fue un poco lo mismo.

Lo que me sedujo del banco fueron dos grandes cosas. Por un lado esta mirada del banco de que a pesar de ser un gigante en el mundo, tiene una mirada muy innovadora, muy ágil. Ha tenido un proceso de transformación muy grande en los últimos años que entusiasma mucho y cambia el paradigma de servicio de un banco tradicional.

Por otro lado, me entusiasmó mucho el equipo que lo integra. A Fichte lo conocía de vista y lo conocí un poco más ahora, a algunos integrantes del directorio los conocía de antes, y a algunos de la primera línea de ejecutivos los conocía porque tuve el gusto de tenerlos en clase durante el MBA y a otros los fui conociendo sobre la marcha y la verdad que más allá de lo racional, está la parte subjetiva que hace que me den ganas de ir al directorio porque paso bien, aprendo, me da ganas de compartir tiempo con ellos. Estoy sumamente agradecida y honrada.

¿Qué le gustaría aportar desde su experiencia al directorio? ¿Tiene algún objetivo puntual dentro de HSBC?

El objetivo personal es aprender y crecer, en todos los proyectos profesionales en los que me involucro me interesa muchísimo ver algo distinto. Como objetivo profesional, yo no creo mucho en eso de los aportes individuales, en las individualidades, me parece que la mayoría de los aportes se da más por una construcción colectiva que es lo que suele suceder en las buenas reuniones; cuando se da una discusión y cada comentario va construyendo esa discusión que termina en una idea brillante.

En ese marco espero aportarle mucho al banco desde mi experiencia no tradicional del sector financiero, desde la Academia, de la industria, o desde la mirada financiera, pero más con una mirada de inversión ángel, por ejemplo.

No pienso en desarrollar tal área porque no creo que haya grandes heroísmos en estas cosas, es más importante la química entre los integrantes del equipo y vale más la construcción del conjunto, y que, en definitiva, el conjunto termine siendo más que la suma de las partes. Mi objetivo es que como equipo podamos hacer la diferencia.

¿Por el lado de la innovación es por donde puede estar su mayor potencialidad de crecimiento?

Sí. El banco tiene una estrategia muy clara de dónde se quiere posicionar y entre ellas está su rol en el tema de finanzas sostenibles, fue pública y notoria su participación protagónica en la emisión del bono verde del gobierno. Esas son las cosas que hacen que este banco se muestre con una mirada distinta, no es el servicio tradicional bancario y hay mucho espacio para hacer las cosas de manera diferente.

¿Qué aprendizajes le han quedado al empresariado uruguayo tras estos últimos años de pandemia y en un escenario mundial tan convulsionado?

He visto como muchas de las prácticas de los emprendedores han sido adoptados por los empresarios. Han tenido que adoptar esa capacidad de reaccionar rápido, el cambio ágil, redefinir el modelo de negocios o el producto; esta disrupción hizo que las habilidades de gestión de incertidumbre, de manejo del riesgo hayan tenido que desarrollarse.

Esto de reinventarse constantemente se venía dando de forma acelerada, incluso antes de la pandemia, pero llegó a su punto máximo en ese momento. 

Pasaron una cantidad de cosas durísimas, que ojalá no vuelvan a pasar, pero espero que sí queden los aprendizajes y ese músculo de saber adaptarse, transformarse y gestionar la incertidumbre.

Esto también generó un caldo de cultivo auspicioso para la generación de emprendimientos, incluso aquellos que nacieron por necesidad, ¿cómo ve el momento actual del ecosistema emprendedor?

Es un momento único ahora, a diferencia de cuando empecé a estudiar  y a involucrarme en el tema. Lo veo en retrospectiva y es impresionante lo que ha cambiado. El momento que atraviesa Uruguay hoy en día como ecosistema emprendedor no lo he visto antes. Desde el punto de vista de internacionalización, de disponibilidad de capital, de madurez de emprendedores que ya hicieron su éxito y ahora acompañan e invierten en otros.

Esto no es resultado de los últimos años, fue una inversión a muy largo plazo que comenzó en los 2000 cuando empezó Endeavor, Ingenio—la primera incubadora en el LATU— y el programa Emprender del BID. Esto junto a un trabajo consistente de la ANI y luego de ANDE hacen que estemos en el lugar que estamos. Esto se suma a que hay extranjeros que se vienen a radicar a Uruguay y  se da una combinación entre suerte y que Uruguay estaba preparado para aprovechar la oportunidad.

¿Cuál es el desafío que queda por delante?

El desafío pasa porque el sistema madure. Hay iniciativas del gobierno como el Innovation Hub del Ministerio de Industria, Energía y Minería. Así como en el ciclo de vida de los negocios cada etapa tiene sus necesidades y requerimientos, a nivel general falta ir zurciendo esas iniciativas para que no estén aisladas. Falta darle un marco de madurez a todo el ecosistema y que no sean cosas separadas.

¿Se imagina que este marco sea provisto por el gobierno, por privados o en conjunto?

Creo que tiene que ser en conjunto, público-privado. Alguien tiene que tomar la iniciativa, me parece muy bueno que sea el gobierno con esta iniciativa, pero seguro que precisa de todos los actores, de los privados, la Academia, las distintas organizaciones. Tu podés tener la iniciativa, pero si el resto del ecosistema no te acompaña, no hay ecosistema.

Cuando asumió como decana en la Universidad Católica habló de la importancia de encontrar un propósito. ¿Cuál considera como su propósito?

A esta altura de la vida, que ya tengo arrugas y canas, me he dado cuenta de que a mí me entusiasman muchísimo las iniciativas que implican cambiar estructuras para darle más oportunidades a más personas. Al final del día me voy a dormir y soy feliz cuando logro visualizar eso.

En Corazoncitos me hizo feliz trabajar para una fundación donde el objetivo era mejorar la calidad de vida de los niños con cardiopatías en Uruguay. Pero también lo veo en la Universidad, en la empresa. Creo que uno es parte de un engranaje que permite generar más oportunidades para más personas.

Lo mío es la gestión, lo que sé es gestionar estructuras y cambiarlas, estoy seteada en modelos de negocios. En la Universidad me entusiasma ver cómo los estudiantes entran y cómo se gradúan, se transforman, les cambia la vida y pasan a ser profesionales y personas con una mirada del mundo increíble, yo aprendo de ellos y ojalá ellos aprendan de mi.

Ni que hablar en la empresa. Este año ATMA cumple 75 años y ver cómo personas que entraron a los 18 se jubilan al día de hoy con 40 años en la empresa, ver cómo han crecido personal y profesionalmente a través de su trabajo en la empresa es algo que me llena. Eso me hace muy feliz. 

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